Monday, April 17, 2006

vidas trans 8. Transmovies

por Maricón Martinez

Esto del tema del mariconeo en el cine patrio siempre dio bastante repelús y dentera. Por ejemplo con los realizadores mediocrísimos que cuando no pasaban de largo les salían unos tópicos como para estrangularlos. La mariquita llena de pluma y boato absurdo, de foulard en el cuello, inclinación de cadera y ¡oigs ! por doquier estaba a la orden del dia cuando se trataba de hacer risa en aquellas comedietas landistas tipo No desearás al...
Era lamentable la imágen que aparecía de nosotros,¡ y gracias que salíamos!. En cambio en los años setenta, con la apertura y los aires de falsa modernidad nuevos realizadores se mojaron hasta las cachas por romper en lo posible tanto esteriotipo inexacto, aun a riesgo de caer en ciertas dosis de escándalo y morbo. Tal vez el que abriera el camino de la calidad, Alfredo Alaria y Luis María Delgado aparte, fue Pedro Olea con su Flor de Otoño (78). Olea tuvo un tacto especial, muy personal para afrontar el mundillo de los transformistas de época, que era lo suyo, que era su fuerte (la reconstrucción histórica). Y Sacristán estuvo sino soberbio si prudente en ademanes y patético en la composición de un personaje no menos patético. Claro que habría que mencionar a Lopez Vazquez en Mi Querida Señorita (71), de Armiñán, que armó un revuelo increible en su momento. Pero López Vázquez defendió aquella dificil empresa con una dignidad a la que todos estábamos ya acostumbrados en él (sin duda ha sido el mejor actor de cine español del pasado siglo). Y habría que añadir al respecto que esta película era una reivindicación de la figura de la mujer más que de las mariquitas carrozonas de provincias.
Un capítulo aparte merecería Eloy de la Iglesia, recientemente fallecido con sus pelis de la transición: polémicas, absurdas, desmadradas y oportunistas pero sobre todo, realizadas con intención ( si esa intención era noble se lo dejo a la opinión del lector).
Antes de que la irrupción de los bodrios de Almodóvar llenasen el cine español más vendible en el extranjero de travestis surreales e inverosímiles (hasta sus mujeres eran en el alma individuos disfrazados) un cineasta más comedido en excentricidades como Vicente Aranda dio en el clavo con su Cambio de sexo (76). Su sobriedad tonal, su impecable ritmo narrativo, sólo truncado por innecesarios números musicales en su parte final, compusieron el mejor homenaje, hasta la fecha de hoy, al mundo transexual. Victoria Abril de chico estaba tan emotiva que despertó unánime admiración. De operada era Bibi Andersen, también en el papel de su vida y por aquellas fechas, de plena actualidad. Se terminó convirtiendo en todo un fenómeno sociológico.
Otra película setentera que abordó el dichosito tema trans fue El transexual (77) de Jose Jara. De todas formas el que metió más baza, como solía hacer tan egocéntrico señor, era el espeluznante Paul Naschy. Aunque se parta de una historia verídica: la triste muerte de la compañera Lorena Capelli por una vaginoplastia indebida, se recrea un mundo ficcional de submundo gay con sus locales, su fauna pintoresca y otros tópicos que no por forzados dejaban de suponer un acercamiento importante a una realidad infrecuente en nuestro cine. Con la mirada puesta en el previo éxito del film de Aranda se incluyó a un deshinibido ya Vicente Parra de protagonista y a Agata Lys que no paraba de romper braguetas, amén de trans que hubieran podido ser más apropiadas para encarnar a la pobre Lorena como Yeda Brown. Lástima que nadie se enterara en su momento de su existencia pues esta película pasó completamente desapercibida.
Gimenez Rico con Vestida de azul (83) se inmiscuyó también en el asunto en una especie de docudrama muy al estilo del programa de TVE Vivir cada dia, tan de moda con Suarez. Combina registros que van de lo humorístico a lo confesional pasando por lo expositivo en toda su crudeza con la inclusión de unas imágenes de cambio de sexo reales (eso creo, D'amato no andaba por aquel quirófano).
Volviendo a la ficción habría que destacar otro filme maldito ( ¿cuántos compondrían la lista integra del cine maldito español?) que llevó el título de La Tercera Luna (84) de Gregorio Almendros. Esta yo creo que ni llegó a estrenarse. Su argumento era una demencial mezcla entre melodrama de Marga Lopez y underground a lo Almodovar. Pero tenía intervenciones de peña importante en este terreno omo era Pierrot y un sorprendente Alberto Bourbon, que abandonaba momentaneamente la música para ponerse a interpretar.
La muerte de Mikel (84) tuvo mayor nombradía. La realidad vasca y el lio abertzale como transfondo de un amor trans, o travesti u homosexual. Imanol Arias despegó con el papel definitivamente. Y mi culto por la fenomenal Fama ( que bordaba un Tatuaje de club gay) se disparó para instalarse en mi lista de adoraciones durante unas cuantas temporadas.
Creo que las películas que he citado son las básicas. No he mentado el cine erótico S por el cual pasaron algunas estrellas como Pavlowsky o Paco España (ambos transformistas) por ejemplo porque las temáticas no eran susceptibles de abordar esa otra sensibilidad ( y Paco España haría un cameo de camerino en Flor de Otoño, ojo). Fue un panorama muy pobre al respecto, pero ¿qué le quieres?, este pais no quería ver al trans en su realidad más auténtica, sino en esa otra faceta frivolona de enfermo vicioso que tanta gracia hacía (y hará) a los gañanes de peña futbolística dominical, peinados a lo Planeta de lo simios, de patillas cortadas al hacha y bosque en pecho. Que haberlos aún haylos.

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