Tuesday, April 04, 2006

mi noche con Lili St. Cyr

Guardaba a muy buen recaudo mi invitación para el último espectáculo de burlesque donde es reina soberana la gran Lili.
Lili St. Cyr que es nombre ya de por si de cabaretera del lejano oeste. Quizá porque lo asocio a la Lilly Gantry, o a Lilian Roth, que creo que esta era cantante torch que le daba a la bebida. Si, porque luego su vida la llevaría a la pantalla la Hayward, muy dada a interpretar a tormentosas de botella en mano (más que nada para ver si le daban el oscar, tenía ese truco).
La St. Cyr cuenta con maestras en los dominios de las strippers. Gipsy Rose Lee fue pionera, ahora dicen que la quieren llevar al cine ( su vida, no a ella que ya no está para muchos trotes, vistas sus últimas apariciones). No creo que osen contratar a Natalie Wood porque no la veo en absoluto haciéndolo, tan ingenua queda siempre en las películas.
Tampoco creo que mi Lili acepte una posible propuesta, tiene el suficiente renombre y pasado como para sólo aceptar una biografia de ella y de nadie más.
Lili es lingérie. Qué hermosa palabra, ¿no crees?. Lingérie, suena chic, suena a erotismo vaporoso y francés. A champán y camerino, a intimidad y putiferio. ¿Qué sería de mi stripper divina sin la lingérie?. Modelo profesional. Un sostén, una faja, unas medias y unos ligueros. Se necesitan poseurs con las carnes adecuadas para que el producto resulte lo suficientemente apetecible a la vista, y luego se venda. Las mujeres que lo compren, los hombres que se lo compren a sus mujeres, o que lo hagan para ponérselo ellos mismos, que yo ahí no me meto. La ambiguedad es un juego apasionante que en la alcoba no impone reglas. Acuérdate de Dekker que se pasó en el pasatiempo de la lenceria (se ahorcó con una media, oí).
Y de lo ambiguo a lo homo. Es curioso, pero Lili ejerce sobre muchos maricas un poder de fascinación como para dedicarle un ensayo al tema. Quizá porque nos atraiga ese concepto al que ella se acoge de la super mujer, extremadamente femenina, o tal vez, por su culto exagerado a lo frívolo, a lo artificioso (glamour es la palabra). Al final se vuelven ellas más maricas que los propios maricas. Son super maricas que con el paso de los años, cuando los heteros ya las han sustituido por nuevas no les queda más remedio que soportar el dulzón acoso de un adorador con pluma. Porque ayer, hoy y siempre nos hubiera gustado ser ellas, por poderosas y decididas. Para asi tenerlos a todos a nuestros pies, sólo con arrastrar un abrigo de pieles por el escenario sin miedo a estropearlo, pues disponemos de muchos, por un tintineo de pulsera o un brillar de zafiros .
Lili Burlesque me prometió emociones en tecnicolor chillón. Una cama dorada como las que salían en las películas mudas de De Mille con Gloriosa Swanson. Camas en forma de cisne para ejemplificar lo que no es bueno moralmente en el amor. Le pregunto si se dará un bañito de espuma. Me contesta que no en esas Follies. Sólo lecho, un boudoir y lingerie. Fina, claro. Le ruego que no simule, que cuando le llamen por ese teléfono rococó juegue perra con el cordón, lo pase bien pasado por entre su sexo hasta que le encuentre gusto sublime. Y que se corra, por mi sobre todo. Que se corra con esa llamada perdida mientras la mira la doncella en top less. Me responde que Lili es sicalipsis. Pues entonces, rica, no juegues en el mismo terreno que la Page, que la Storm, que la Barr y otras crias, que se bollerizan dándose palmadas y cachetitos en el pompis, y se fustigan de malas de Eneg, que eso es muy fuerte. Se calla y me recuerda sus logros en Montreal o en Rancho Las Vegas. Tiene mucha vida, es una cuarentona en la era de las Pages. Debe arriesgarse a ofrecernos algo más si quiere conservar su fama. Pero Irvin Klaw sigue estando muy contento de poder contar con ella en sus publicaciones para hombres. Una portada con la St. Cyr sigue siendo comercial.
Anoche la veo. Aguanto a las coristas, que son finas de la hostia. No como las de la Violeta la burra, que en los estribillos se rascan el fandango en onda cochambre. Aguanto a un medio mago medio crooner, que no me pone por excesivamente relamido. Yo espero a the one and only. Y aparece, y es droga pura. No he fumado nada, advierto, porque su sóla presencia ya contiene el influjo del mejor porro marroqui. Y se peina, se despeina, se quita algo de maquillaje. Y su doncella le saca la negligeé de encaje y se queda en deshabillé de raso. Es un picardias. Antes de meterse en la cama demuestra su flexibilidad con unos elementales ejercicios de gimnasia aprendidos en la barra de espejos de Martha Graham, fijo. Agotada queda, tras tres flexiones correctitas. En la cama, colchas de seda que debían ser las mismas que aquellas a las que le cantaba Carmen de Lirio en la copla matrimonial. El teléfono suena. El crooner está en el otro lado de la linea, le canta una melodia tan ensoñadora que aquello es una serenata con la luna de nácar. Por momentos Lili está de carátula de disco Capitol. El picardias desaparece por arte de magia, y ella, desnudita cual Eva glam, hace su propia magia para que no veamos más que lo preciso precioso. La St. Cyr en estado puro. La St Cyr impartiendo magisterio de su desnudez. Noche triunfal. Sin correrse me corri. Gracias a los estímulos del burlesque.

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