Tuesday, April 11, 2006

Mi noche con las perras del bondage


Esto del bondage siempre lo he visto como un instrumento que tiene el erotómano para alcanzar un grado más alto en materia de sofisticación. Tiene mucho de capricho decadentista para sibaritas, realmente atractivo en lo visual y a la hora de ponerlo en práctica tentador por lo peligroso. En cualquier vertiente la riqueza de los complementos y situaciones lo hacen un género visual de estimulante complejidad. El mero hecho de tener que adoptar unos roles sexuales preconcebidos acentúan una inquietante dramaturgía de los sentidos que en el siglo pasado arrasó en infinidad de hogares de clase media, sobre todo a partir de la mitad de la centuria. Lo que por entonces era herencia osada de burgueses retorcidos pasaba a ser material de consumo, a través de las revistas pornográficas y películas en super ocho que corrían de mano en mano en este pais (en el extranjero ya era otra cosa). En experiencias con el sexo, el bondage es una alternativa pero en modo alguno una novedad.
En su vertiente heterosexual Estados Unidos parió a un hombre que resultó ser un incansable ofrecedor de materiales gráficos clandestinos sin por ello desligarse nunca de su representatividad suprema en el mundo del cabaret y el burlesque. Hablo de Irvin Claw.
Son los años cincuenta. Tengo una especial predilección por el prototipo de esta década. Esa mezcla de ingenuismo y malicia que se sugiere en ambientes morales nada permisivos siempre han conseguido ponerme a cien. El hombre straight tenía una amplia oferta en los rincones de los kioscos. El mítico Bizarre de John Willie, legendario fetichista que incluia los comics de Eneg (su Mistress era regocijante; por cierto, en Captive island aparecía un jungle man destapadísimo). El propio Willie se inventó a la adorable Sweet Gwendolyne que prolongaría en forma de parodia Eric Stanton ( el sometimiento de las señoritas y sadomasoquismos varios eran las constantes de estos perversos del coleccionismo secreto). Ah, y Exotique y el calzado, los tacones de aguja. Al placer por el stiletto.
Tambien estaban las revistas etiquetadas como girlie magazines que explotaban el físico de las chicas: Wink, Flirt, Titter, Eyeful. Ahi entraría a colación Irvin Klaw, su director, el descubridor de la gran Betty Page, auténtico rey de las pin ups. Ayudado por el fotógrafo Robert Harrison crearía un negocio fascinante, sumamente rentable y con él, un concepto del erotismo plagado de imaginación. Situaciones fantásticas, aderezos inverosímiles, ambientaciones artificiales, lenceria povocativa..todo para realzar, circundar, revestir a cantidad de tipas tórridas.
Los juegos entre ellas eran endiabladamente retorcidos a ojos del espectador de ayer. Con el paso de los años resultan de un naivëte que sonroja al salido de hoy. Alarmarían entonces a un puritano pero mucho intringulis le debieron encontrar los consumidores habituales porque dichas revistas se vendían muy bien.
Una chica bondage tenía que aceptar las normas: o sometida o ejecutora, o jinete o yegua, o gobernanta o víctima.
La lenceria era el atuendo al que se le podía añadir el cuero. Un cuero en forma de tubo que las aprisionaba hasta impedirles el poder mover sus extremidades. El cuero como máscara asfixiante cubriéndoles toda la cabeza. Esposas y cuerdas. Las dominantas tenían que ser unas expertas en el nudo corredizo, casi chicas de la Marina. Los instrumentos de tortura incluían mesas donde serían atadas, marcos y tarimas de madera donde lucirían en aspa... y las inevitables sillas. Eran carpinteras rabiosas. Las cachetadas redondeaban el tópico, pero siempre con esas bragas enormes que alguna vez eran fajas king size.
Lo que más impregnaba morbidez al conjunto y por lo que me decanto como incondicional de la materia es todo ese culto al tacón de aguja. Las muchachas en ningún momento se sacaban los zapatos. Caminaban con vértigo intentando no torcer el pie en sus movimiento locos. El mero hecho de probarse unos zapatos de altura inquietante propiciaría miles de hojas y otros tantos rollos de películas. Algo tendría digo yo el accesorio como para haber generado tanto revuelo. No cabe duda que la bota es un símbolo de sometimiento cojonudo. El stiletto es posible que se entienda como un arma blanca en el cuerpo de una mujer felina: doble peligro y como tal, atracción al cuadrado. Consultemos al viejo Berlanga, que aún respira. Cuando lo entrevisté en su momento le dije que es una pena que no hubiera en su vida podido atender una zapateria. Hubiera sido el erotómano más feliz de la tierra. Asintió.
Hay peliculillas muy curiosas que versan sobre estos placeres equívocos: Jonnie initiates Barbara into bondage ( con Jonnie Wilson de iniciadora y Barbara Pauline de víctima), Leather sheat bondage (con la víctima Elaine Della que acaba atrapada por el cuero por los estrictos deseos de la poderosa Jackie Leas), Riding the human pony girl (con Jackie Leas ahora soportando que se ponga a caballito de ella Chris Dimes, casi una travesura de dumb girls), Enslaved brunette (una morena Lois Meriden llevando las de perder frente a la rubia Joan Rydell en un corto harto curioso en el que dos perras están jugando al cinquillo y la esclava que observa se pone torpona hasta el punto que las ludópatas se ven obligadas a atarla. Aun asi sigue repartiendo coces a la mesa y deben abandonar la partida para centrarse en la tarea del sometimiento) o Booted amazon fights again ( en el que dos se pelean por una revista. Dolores DuVaughn versus Mya Lynn).
Toda la parafernalia es lo que principalmente engancha en este bondage antidiluviano. Los peinados de ellas, eses ondulados tan de gildas del arrabal, las celulitis de más de dos, y de tres...La tonteria de sus actos, demasiado ingenuos para que nos golpeen la lívido, pero que en su momento llegaron a provocar mares de semen a los señores con vocación de Monsieur Landru. Lesbianismo liofilizado y menos que tenue. De toda la camada de perras hubo una que se convirtió en la favorita, en la leyenda, en la gran maestra. Fue Betty Page. Con ella pasaré la semana que viene una noche, entre tigres, cadenas y arreos de cuero negro. Llevaré discos de mi colección y bailará para mi mientras yo permanezca en acto de sumisión y entrega ante su soberana maldad.

2 Comments:

Blogger robert reddell said...

Joan Rydell is mentioned on this page, but it is hard for me to understand this page. It is not in english. Joan Rydell is my late Aunt she modeled for irving klaw and may magazines. Joan also went by the name Eve Rydell. anyone having pictures or films of Joan please send them to me. thank you Robert Reddell

12:50 PM  
Blogger robert reddell said...

contact me at jagr1pooh@netzero.net

12:50 PM  

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