Wednesday, April 05, 2006

MACISTEROTIQUE

En estos siete dias no me han pasado detalles dignos de mención como no sea el calentón del domingo por la mañana en las fiestas de San Lázaro. Antes hubo un polvete con Pedro, uno por semana, que no hace daño y tambien asi mi ojete no se atasca tampoco, y poco más...
He tenido unas cuantas oportunidades, esa es la verdad. Acudo a la zona de ambiente y dos viejos que te invitan a un sobeteo en un sitio público ( a lo que me negué cortésmente), coincido en la calle por casualidad con Emilio, un antiguo amante que se alegra de verme, que me pregunta por los amores, que si estoy como siempre, muy guapo, yo le enseño la barriguita y le digo que estoy quedándome en los huesos, me ve la franja de los gayumbos y ya suspira, que si va salido y que me anime a echar uno rápido (con él ultimamente los echábamos en el ascensor de mi casa, ¡a las siete de la tarde! con unos vaivenes que daba el aparato que parecía el ascensor del Coloso en llamas). Le digo que no (no me apetece, es un puto falso, me engañaba constantemente con Jose I, que se vaya con él si puede, o que se la casque al llegar al pueblo). Ayer la puta del barbas también: quédate, anda. ¿Pero donde te metes?. ¿Qué tienes, pareja estable?. A ver si la traes un dia y hacemos algo entre todos. Una puta, lo que te dije. Que se folle al Jose I, si puede. Estoy HARTO, siempre lo estuve de las míticas ( asi llamábamos Jose I y yo a los de más de cuarenta habituales del ambiente. Cuando pasaban de setenta eran las momias. Nosotros eramos las misses: de veinte a cuarenta. Los boys eran los menores de edad, claro) y ahora más.En cambio el domingo por la mañana que hace un dia primaveral, espléndido, después de mis desayunos me voy a la fiesta de San Lázaro: queman una falla y la gente se apelotona y quedan con la boca abierta por nada. En fin, puestos de rosquillas, el de las mariquitas panaderas colocadas a un pie de los báteres, lo típico. Una paletada de cojones. Y yo voy de depredador. Y capto una presa rozagante, un muchacho con pinta de gañán que es una provocación con músculos. Sensualote, con unas curvas diría que praxitelianas. No, me estoy pasando. Pero se apoya en un semáforo con una chuleria que me pone disparado. Las piernas separadas, el culazo en pompa total. Lo que hace una simple inclinación de caderas. A Jose I también le salían también unas inclinaciones de la hostia. El problema era cómo llegar hasta él. Tanta aglomeración, y aún por encima justo pegado a él hay un maricón que no está muy bien de la chota pero que es discreto en roces. A mi lado está otro que es pederasta, ¡peligro!. Por fortuna el que no regula bien mira hacia atrás, me ve y me saluda. Yo sonrío y me planto a su lado. Asi quedé yo, a tres cms. del machito de la construcción ( fijo, éste es albañil, y le gustan las tipas, la disco, el reguetón -¿se escribe asi?- y los rallyes nocturnos). Mi mano empieza a palpar como en los viejos tiempos. Oh, qué dicha, qué placer indescriptible. Qué tensión y que putos nervios también, que me dan un tembleque que parezco Michael J. Fox. Sólo actúo con las yemas de los dedos, su trasera lleva tiempo pues es grande y vistosa. Es un chico atlético, nada gordo, está en su punto. En la edad en la que mejor le quedan los vaqueros a los seres humanos. Va muy destapado, la chaqueta en la mano. Afortunadamente no la agarra tapando el culo asi que yo puedo maniobrar entre sus nalgas, que es lo que más me apetece, justo donde su pantalón hace un pliegue divino, un algo abombado que yo con cautela me encargo de hundir para sentir carne que ahi es ojete. Se deja, de vez en cuando mira hacia la orquestina, que es una forma de mirarme a mi de reojo pero sin impedirme que siga con mi operación. Está hablando con su familia, hay dos mujeres, una más jóven, que no creo que sea su novia porque casi se hablan de usted, y otra más mayor, que a lo mejor es su madre, o la madre de la jóven. El caso es que podrían darse cuenta de la situación, pero él, en cambio, que fijo que estaba de vuelta y media, impide que vean nada tapándoles la visión de mi mano con la chaqueta. Ahi yo ya me embalo, pillo un empalme de la hostia. No me preocupa ya nada, me arriesgo y acelero. Mi mano acaba posada literalmente cubriendo su culo de una forma tan descarada que aquello habría que grabarlo. Uno de los momentos más gozosos para mi fue cuando, llegando en mi investigación táctil hasta la punta de sus huevos, él tartamudeaba mórbido no se qué de la intención de cambiar de coche. En eses momentos le llevaría a una concesionaria y le compraba dos Alfa Romeo ( ¿se dice asi?).
Acabada la banda de música (con El gato montés), ellos ni se inmutan. Yo le pregunto al maricón de la chaveta trastocada si la quema de Juana de Arco o de San Lazaro se ve bien desde el semáforo. Me dice que perfectamente. Como si no se viera un güevo, yo de ahi no me movia ni por dinero. Tras cuarenta minutos de palpar aquella maravilla el juicioso rapaz se apoyó en la señal dejándome empalmado y sin posibilidad de cachear más. No me quejo, vamos. Que aunque el tiempo se me pasó volando fue una barbaridad de tiempo. Al final siempre saco las mismas conclusiones, de que las caricias intercrurales ( ¿se dice asi?) a nadie desagradan, y viniendo de quien vengan. Y de paso rejuvenecí quince años, por lo menos. Pues volvía a los tiempos en los que me pegaba hartadas cacheando a los machos más ceñidos en las cabalgatas, desfiles y recreativos de mi ciudad.Como colofón a este hot post cuelgo esta preciosa foto que ayer descubrí navegando por la red de uno de mis Mr. America favoritos. Mi Dick Dubois, con el que me hice un pajote muy agradable anoche. Ya la tengo como fondo de escritorio esta semana, algo pixelada eso si. Disfrútalo ( si es que te gustan estos prototipos).

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