Wednesday, April 05, 2006

MACISTE sufre de VERTIGOS

A un mes de mis neuras con lo de la escayola de mi madre puedo afirmar que todo está tranquilo. He cogido la nueva rutina con valor y voy tirando hacia adelante sin gran problema. El 19 del presente si todo sigue asi la liberarán de ese condenado peso que la inmoviliza. Me pregunto si para entonces sus dificultades para realizar mínimas tareas habrán desaparecido y todo volverá a ser un poco lo de antes. Sus dificultades para caminar me preocupan, sé que es una enfermedad sin cura posible y el paso del tiempo sólo es un simple retroceso hacia el final más absoluto. Quiero creer que su torpeza en los movimientos de las piernas se deben en buena medida al peso que lleva encima. Es que la veo y está hecha una fosfatina. Sea como fuere, entramos en el sprint final, quince escasos dias y la liberación.
La madre de Jose, esa mujer de expresión arisca, personalidad imagino que muy marcada por las características de un personaje asi: de pueblo, con todo lo que conlleva ese tópico ( desconfiada, criticona, rabuda...) ha sufrido una caida más grave que la va a imposibilitar como mínimo durante dos meses. Estando hace dias en el hopital para una revisión de la señora yo me presenté para ver al muchacho. En un aparte estuve con él unos pocos minutos. Al presentir que quedaba sola me despido y le digo que vaya a atenderla. Ya llegaba ella a su encuentro. Nos miramos, yo con ligero nerviosismo, ella taladrándome con la mirada. Tenía algo de animalesco buscando con el olfato a la cría. A los pocos dias de volver a ver a Jose me comentó que todo fueron preguntas: ¿Y quién era ese?, ¿Y que llevas en la mano? (le regalé dulces), ¿y cómo te dio tiempo a comprarlos?... Respuestas que son disculpas. Hemos entrado en la dinámica de la ocultación ( por mi bien, pero...) y hay que mentirle. Al parecer él le dijo en su momento que tiene una amiga en la ciudad, y desde ahi no me resta por hacer nada ( no me veo travestida de Cecily o Gwendolyne introduciendome en la hacienda de esa señora para tomar te con pastas al lado del cortello). No la encuentro simpática, sinceramente. Jose ya me advirtió que no es como mi madre. Pues bueno, sin problema.
En cuanto a nosotros, todo va mejor de lo que yo supondría dadas las circunstancias. Viene el viernes pasado. Tres horitas echa en casa. Le llama el actual jefe y yo pienso cosas raras: que es el anterior, que sigue con él. Conversación de idiotas para explicarnos. Nada más. El domingo al atardecer, que no contaba con él ni por asomo, vamos, aparece con un saco de patatas de su huerta. Me encantó que hubiera aparecido. Estaba mimoso pues me había visto preocupado el viernes. Vemos La dama y el vagabundo y justo cuando los divinos canes se ponen a hacer gastronomia sexual con unos spaguettis sobre la preciosa melodia del Bella notte le llama una piba y yo pienso cosas raras: que es una zagala con la que está flirteando y no sé que le quiere, de porqué no viene junto a ella, o algo asi. Me hundo. Explicación: han habido una serie de llamadas perdidas en sus móviles respectivos y haber que es ese cachondeo, que ya está bien y bla bla bla. ¿Me lo creo?. Qué remedio, pero entonces a santo de qué vienen esas explicaciones a una extraña de que si esa semana él estuvo trabajando en la capital y que si no la llamó antes es porque no pudo...Respuesta: él es asi, abre su intimidad ante el borderio de los demás. Mamarrachadas de los móviles.
Son malos rollos desde luego imbéciles que preludian una situación de cabreo por mi parte y que lo único que hacen es desmotivarme para pedirle de hacer el amor. Y él para eso no va a luchar, desde luego. Bastante hace con demostrarme que puedo estar tranquilo, que no anda con nadie.
El lunes a la tarde le llamo para pedirle disculpas y resulta que me dice que me arregle que viene en camino. Nos vamos de compras al supermercado. En casa me saca una bolsa enorme con ropa que ya no le sirve (ha engordado tanto este último año...) y me abruma con todo el arsenal. Ha supuesto una buena renovación del fondo de armario, que buena falta me hacía. Hace un montón que no compro nada. Este último año me he dedicado a llevar chandals a diario, que son cómodos pero nada más, todo el dinero se lo llevan los fetiches audiovisuales. Pero es que aparte me manejo con cuatro perras, que no tengo yo posibles. Pues el caso es que el lunes no le llama nadie. ¿Algún mal rollo?. Si, claro. Quiero hacerlo y él me anda toreando hasta que pierdo la paciencia y me largo a planchar y a hacer lo que hay que hacer, que ya eran horas (que tengo a la otra sin cenar, aunque yo maldita la gana que tengo de engullir alimentos precongelados). Intenta putearme todo lo posible, me resigno con salidas brillantes (algunas realmente para escribirlas) y al final, tras yo cambiar de táctica se entrega en sacrificio. No consigo correrme en una primera intentona, lógico, las tensiones previas pagan factura. Me dice no se qué, me toca en no sé donde, me mira un poco así y ya me embalo. Pero en modo alguno fue un rozamiento satisfactorio. Después de tanto tiempo la fiesta tuvo un tono agridulce.
No me quiero replantear esta situación. Lo que quiero es salvar por encima de todo esta amistad, como sea. En última instancia, por mi propio beneficio. Sé que vivo una situación delicada en general, que cuando muera mi madre me voy a quedar en la puta calle (estamos de alquiler) y él siempre me podría echar una mano. No quiero ahondar en esto, porque puede sonar feo. Incluso los saltos al vacío temporales dan un vértigo que acojonan, pero creo sinceramente que Jose es la típica persona con la que siempre se puede contar en casos de verdadera necesidad. De eso hablamos un poco el viernes. Me dijo algo que me enterneció: Cuenta conmigo, tu te vienes a vivir conmigo si el dia de mañana te echan del piso. Confio en la sinceridad de sus sentimientos. El tema me preocupa desde hace tiempo pero yo en mi inercia compulsiva no hago nada por solucionarlo. Asi que me agarro a la filosofía vital de Blanche Dubois, la que implica confianza en la generosidad de los desconocidos, con la seguridad de que Jose es un gran amigo que no me fallará llegado el caso.

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