Friday, April 07, 2006

Leonard Whiting. Garzoncel para masturbaciones estetizantes

..indelibata, intera il garzoncel,
come inexperto amante, la sua vita ingannevole

vagheggia. E celeste beltá finggendo ammira.
(Leopardi, Le ricordanze)

Cae de cajón que pajearse a la salud de Leonard Whiting queda más fino que hacerlo a cuenta de Bertín Osborne. Y, sin embargo, pocos se acuerdan ya de este mozalbete inglés que irrumpió en el cine internacional con un exitazo de taquilla y crítica en nombre de un tal Shakespeare. El fue el Romeo de Zefirelli, el ideal, el más conocido, el que asombró a un público siempre acostumbrado a ver a los personajes de la inmortal tragedia con pinta de cuarentones (y en algunos casos, de menopausicas Julietas). Pero no nos olvidemos que bellos muchachos lo interpretaron antes que él: un Geronimo Meynier o Laurence Harvey, por ejemplo, cuyas revisiones del mito ( apócrifas o no) fueron muy oscurecidas con el estreno de la versión del italiano. En ese sentido el director Zefirelli se ajustó a la perfección a la edad real que tenían los amantes y, de paso, rendía un tributo inconmensurable a la belleza adolescente masculina. Si, bajo los rasgos de este bisoño, inexpresivo, falto de personalidad (que no de ambición) actorcillo.
Valga por delante mi pasión por el arquetipo que representó. En especial a través de los dos papeles emblemáticos en la década de los sesenta ( el citado Romeo y el juvenil Giacomo Casanova). En los setenta iría desapareciendo al compás mismo de la pérdida de su lozania. Estaba visto que como objeto de consumo , maleable hasta el descaro, tuvo fecha de caducidad.
Sus primeros pinitos los da en la televisión, que no en el cine. En la serie Dick Turpin debuta con quince años. El panorama del cine inglés era por entonces pura efervescencia. Los jóvenes airados aunque empezaban a claudicar en sus postulados obreriles en favor de la comercialidad de un cine aburguesado, seguían brillando con demoledor carisma (Finney, Bates, Reed, el fenomenal Terence Stamp, o mi favorito, Keir Dullea). Por lo tanto, Leonard es un crio cuyo impacto parte del encanto efébico, en contraposición a los anteriores, heroes más curtidos. Pese a esto se amoldaba como un guante al cánon de belleza de su momento: androginia extrema, ese flequillo algo rebelde, unas formas dulces y suaves... look Chelsea.
Zefirelli ya digo que supo extraer todo el encantamiento que podía ofrecer el muchacho. Lo eligió entre trescientos aspirantes ( al parecer echó tres meses para la elección definitiva. Una exageración, pero bueno, al encontrarlo vio en él al Romeo ideal, a ese ser de melancolía infinita, un perdedor de fragilidad considerable. Los estudiosos de la obra ya saben de sobra que la fuerte es ella). Con mallas prietas, vestido cual garzoncel renacentista era un figurín ( sin olvidarnos que como Mercuccio estaba ahi un potente Michael York, pero este siempre fue un mal actor). Perdonadme si esto suena exceivamente mariconil, aquel Romeo era tan hermoso como el del lienzo del "Jóven con forro de piel" tantas veces atribuido a Tiziano. Puede ser mariconil pero nunca desproporcionado, pues sabemos de siempre del esteticismo cargante y empalagoso que calza el signore Zefirelli. Y, sin duda, este abuso culturalista perjudicó a la larga al actor puesto que se convirtió en un objeto de arte sin más posibilidades que las de ser bello. Objeto si, el nuevo Beerbohm Tree ni hablar.
La cámara del italiano se posa con verdadera delectación en todos sus pliegues , en la escena del despertar de los star crossed lovers, el objetivo sólo sigue al muchacho, que se levanta, dándonos a todos la espalda para que homenajeemos sus bondades traseras.
Qué diferente este tratamiento visual al ejercido por Comencini en el otro filme que conforma el mini mito Whiting. Infanzia, vocazione e prime esperienze di Giacomo Casanova, veneziano.
La Venecia del Settecento es retratada con toda su carga de prosperidad relativa ( no era oro todo lo que relucía en la ciudad de los canales) mientras que el guión de la inmensa Suso Cecchi D'amico se había elaborado a partir de los cinco primeros capítulos de la autobiografía del libertino. Sin embargo, el pipiolo Leonard no tuvo que entregarse al goze continuo, casi maratoniano al que se presupone que se entregó el original: o al que asi nos mostró años después Fellini, sino que es pieza casi neorrealista y testimonial de una época no tan bonancible y de la que él es suprema representación juvenil.
A partir de aqui, cuando Leonard no era mimado, empezamos los cinéfilos a darnos cuenta que en belleza podia ser un campeón, pero en magnetismo visual dejaba mucho que desear. Como inquieto que fue aspiraba a ser Hamlet, a ser carne de teatro. En cine, no pudo demostrar más que algo bien cruel: que los años afectaron a su poder de seducción. Practicamente mi recuerdo de Whitting nace y se detiene en los sesenta y por estirar más el chicle, en aquel Victor Frankenstein con reparto de lujo y guión de Christopher Isherwood que hizo para televisión en el setentaypocos.
Con discrección se retiró y con el tiempo fue creando un mini culto entre el público gay muy a tener en cuenta. Era bisexual. Todo un hallazgo, para el que lo supiera disfrutar en vivo y en directo, claro.

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