Sunday, April 16, 2006

La PASION según Betanzos ( y 7 )

Cuando superábamos estas crisis nos enredábamos en la misma rutina. Pero en el último período de la relación él ya no acudía a casa. Era yo el que lo arrastraba por que odiaba estar en los lugares de ambiente.
Me torturaba con sus fijaciones por los hombres muy mayores y muy gordos. No daba crédito ( a pesar de que mi tolerancia con las filias ajenas es considerable) que le llamase tanto la atención la decrepitud o simplemente, una anodina apariencia física. Cuando le hablaba del encanto efébico el se mofaba, ponía rictus de desprecio, a lo más que llegaba era a considerar un sex symbol a Paquirrín. Con esto lo digo todo. Pero sufría con sus detalles. En una cafeteria normal y corriente podía pasmarse con cualquier camarero seboso y feo. Me producía un sentimiento complejo de celos y azoramiento. Celos por el hecho, y azoramiento por su descaro ante una persona que ni entendería ni mucho menos se sentiría tan hermosa como para que se fijaran en él, y encima un tipo. Entonces me cabreaba alertándole que lo que daba era una imágen de retrasado mental.Si, y eso era lo que pasaba. Lo sé. Pero en modo alguno ante mis pérdidas de nervios me mostré nunca mesurado. Era una fiera, un dinamitero verbal.

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Recuerdos del calor. Cuando tenía que ausentarse en las temporadas de cultivo en las que debía trabajar en la finca con su padre yo le mandaba como tarea que prescindiese de la masturbación. Quería que me trajera una buena cantidad de esperma. Y se lo pedía sabiendo que de naturaleza era un amante de corridas abundantes. Mi capricho le tentaba, le parecía bien que un compañero reclamase algo de su pene, le hacía sentirse un poco macho. En el fondo le encantaba darme por culo. Era brioso, era rudo e implacable en sus embestidas, tenía cierta elegancia en los golpes que me colmaban de placer. Su precisión y grado de concentración lo situaban dentro de la casta del toro bravo. Pero despues de quinientos polvos el semental versátil daba muestras de cansancio y cada vez me costaba más animarlo a que acudiera a mi alfombra. Entonces me contentaba con pajearme recordando los mejores encontronazos. Como aquel en las piscinas públicas, antes de despedirse de mi ( iba a ausentarse quince dias pues le venía el amigo carroza de Cataluña). En las duchas me hizo una exhibición como sólo había visto antes en mis sueños Colt de solo hunks para a continuación, en los vestuarios sin puerta y aun a riesgo de ser descubiertos por cualquier bañista, entregarnos a una enculada que me tuvo a mi como parte pasiva. ¿Por qué no podían volver otra vez aquellos dias?. ¿Por qué el tiempo lo jode todo?. Si hasta yo no sentía de la misma forma como entonces. Los dos menguábamos en deseo por que es el tiempo el que dictamina los destinos.
Pero era incapaz de dejarlo. Mis amigos de toda la vida ya habían perdido hacía tiempo la paciencia. Sabían que sus consejos de que lo abandonara caerían en saco roto. No valía la pena ni yo venirles con la cantinela de turno ni ellos que me contaran las verdades del barquero pues tenía la venda lo suficientemente gruesa como para que no valieran de nada posibles operaciones de retina. Era el ciego que se complacía viviendo en su oscuridad.

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Entonces el mismo ambiente propició que el desastre pusiera fin a esta aventura. Había un ex amante de él que empezaba a tener ganas de reiniciar la historia. Tiene dinero, aunque por la pinta no lo parezca, setenta años, más puta que las gallinas viejas esas que dicen que son las que hacen mejor caldo y en aquellos momentos no disponía de chulo. Con la inestimable colaboración de un cincuentón, amante ocasional (la endogamia en este guetto es para echarse a temblar. En esto yo siempre fui un selectivo, que no reina, ojo), urdieron un plan para liberar al chico de mi condena y de paso darme celos. Pero aquellos celos ya estaban muy vistos. El propio Jose me los daba delante de mis narices cuando le convenía. Toqueteando o dejándose toquetear por este, el otro y el de más allá.
Todo el proceso nació un viernes en el que yo me ausenté de mi cita con el muchacho. Durante el fin de semana entero no dignó en aparecer. El lunes llegaba autosufciente, cambiado, ni mirarme quería. Me enteré que había ido de excursión del Inserso con el viejo y el cincuentón. Traía costo, con lo cual yo no existía. A su lado escuchaba los comentarios de los tres. Era evidente que había jugueteado con ambos. Jose no paraba de enorgullecerse por el impecable comportamiento del viejo durante la excursión. Habría gastado mucho dinero. Desde ese dia las cosas empezaron a cambiar. Ante un mínimo despiste mio el volcaba su atención al de la cartera. Fue cuando me di cuenta que estaba siendo derrotado lentamente por un enemigo de verdad. Y una tarde en la que esperaba a que saliera del báter no pude más y entré. Jose se había metido no con el viejo sino con el cincuentón. El agobiante calor me hizo perder los nervios y ante la presencia del viejo alcahuete dí una patada a la puerta del cagadero. Senti sus murmullos, la desaprobación del otro e insistí. Más patadas. El cincuentón salió preguntándome si estaba yo loco. Al cabo salía Jose con una brecha pequeña en la cabeza y sus preciadas gafas de sol rotas. Su reacción no fue en principio violenta (estaba con sus protectores, debía ser en todo momento víctima. Aparte que no sé cómo se las arreglaba pero él siempre para todas era un santo). El cómo pude provocarle la herida es algo que todavía no entiendo. ¿Cómo estaría el colocado para semejante follón?. Puse pingando al cincuentón que se largó. El viejo aprovechó la posibilidad que yo mismo le dejé en bandeja y tras lavarle la herida lo invitó a tomar algo.Y yo detrás. Yo de mosca cojonera exigiendo atención y perdón y no se que batiburrillo de incongruencias más. Estaban las cosas ya lo suficientemente encrespadas como para armar el circo en una cafeteria como lo armé. El viejo quería que el camarero llamara a la policia y todo. No me importaba lo más mínimo, eran asuntos de dos y el no tenía por qué meterse por el medio ( era un experto en esto). Luego lo que vino fue terrible. El chaval marchó al rio, yo de sombra. Yo atacándole y suplicándole. No estaba en mi sano juicio. Intentó tirarme al agua, casi lo consigue. Su superioridad física era incuestionable. Mi única defensa era el golpe verbal, despiadado y cruel al límite. Le llegué a espetar: Tírame pero tu vas a volver al manicomio de donde saliste. Era una bicha no de película con clase sino de culebrón del malo. Lo reconozco. Todo fue una agonía. Salpicando mi veneno a todas las mariquitas finas que por alli andaban, jugando a las posturitas, a los paseitos con sus chandals blancos de marca y asi. Me cagué en la madre que los parió a todos. Una risa, pero neurótica.
Durante dos dias seguidos me planté en la puerta de su casa con la intención de que me perdonase. Pasé horas en su portal. La última conversación importante que tuve con él no dejaba esperanza a la reconciliación: -Yo contigo no lo haré nunca más. -¿Y qué va a ser de ti?. -No te preocupes, ya me buscaré la vida. -¿Pero ¿y qué vas a hacer cuando el viejo se canse de tus caprichos?. -Ya habrá otros. Pero tu nunca más.
Y yo me desgarré, lloré a mares pero él ni se inmutaba. Al dia siguiente ya estaba con el viejo.

***
Hasta el dia de hoy. Sé que estuvieron viviendo juntos durante dos meses, aproximadamente. Me daba cuenta, además los comentarios del ambiente me mantenían al tanto de una relación de la cual no quería enterarme de nada. Pero era lógico porque todos sabían de lo nuestro. Sin embargo, al analizar en frio y con la perspectiva del tiempo pasado, me doy cuenta de que aquello fue un error. Mi imágen no coincidía con el retrato robot de un cliente al uso. Lo nuestro había partido de una anomalía. Todavía cuando los veo me sigue afectando un poco. Me pongo nervioso. La última vez fue hace ocho días. Mi actual y yo ibamos a cruzarnos con ellos por el Paseo. Le indiqué quienes eran los que venían por alli y que prefería que atajáramos antes de cruzarnos con ellos cara a cara. Aun me dió tiempo de captar sus miradas, las medias sonrisas..Sé perfectamente que a mi ex le llama la atención mi nueva conquista. Seguro que estaban pensando, entre otras vulgaridades, que de dónde coño sacaría el hijoputa éste a ese bombón relleno. Asi que nos escabullimos, yo con la cabeza bien alta. Por la noche mi nuevo Jose me arrullaba entre sus brazos felicitándome por lo bien que llevaba el asunto del trauma pasado. Desde luego que no estoy como hace seis o siete meses. Quedan cenizas en el alma. Pero sin duda si estas fueran tangibles, a dia de hoy me haría un porro con ellas, a la salud de aquella relación tan innecesariamente prolongada.

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