Saturday, April 15, 2006

La PASION según Betanzos ( 6 )

Su enfermedad me desconcertaba. Había momentos en los que estaba lúcido, razonable...Tenía pensamientos brillantes y salidas ingeniosas que le hacían parecer a mis ojos adorable. Por descontado que era listo, pero además a ráfagas resultaba inteligente. Era ese ambiguo comportamiento el que me impelía a cavilar de que no estaba frente a un infraser descerebrado, o neuronalmente comatoso. Su sentido del humor podía ser avasalladoramente refinado en lo queer. Y aunque sólo tenía los estudios elementales me emocionaba cuando sacaba algún comentario referente a algunas disciplinas superiores. En el terreno de su anecdotario amatorio me asombraba a diario con sus historias de ligues pasados, algunos con cierto pedigrí. Era un chico de mundo, ya lo dije el otro dia. Todo eso lo elevaba ante mi miopia a la categoria de muchacho interesante.
Sus breves períodos de fidelidad los recuerdo muy gratificantes. Llegaba un aniversario, un santo o cumpleaños y hacíamos vida de novios a lo tradicional. Una cena en un restaurante modesto ( yo no me podía permitir la loquería de una mariscada como las que le ofrecía aquella carroza catalana de los veranos), una película en los multicines ( casi siempre cine europeo de autor, para ver si iba entrando en vereda), la compra de bisuterías (aquel babero de Liz Taylor en subasta...imposible querido) y poco más. En casa ya lo surtía de cervezas, tabaco y porros como para que surgiera sola una atmósfera íntima.
Pero como cabra en seguida tiró a su monte. Si yo sintonizaba Radio 3 el ya ponía morrazos y exigía radiofórmulas. Y yo condescendía. Me tragé a diario las mismas cincuenta canciones durante meses, verdaderos horrores que él tenía por buenos. Incluso se permitía distinguir la morralla de la que no lo era, según su inaudito punto de vista. Dado por hecho que Astrud y Los Planetas no existían para él, me atronaba con la escucha diaria de un disco de Estopa que terminé aborreciendo. Le metí con calzador el Status de Chico y chica y sólo le hacía gracia el Puntualísimo ( que no era canción). Nos unían los Pet Shop Boys, pero el sólo quería oir It's a sin (o sea que tampoco le gustaban mucho) y a mi de ese disco la que de verdad me molaba era Rent ( sintomático).
El tener que digerir durante muchísimas tardes los Melendis y Antonios Orozco me causó cierto daño auditivo que yo luego en soledad trataba de reparar con pinchamientos de boleros y rumbas gitanas de la edad dorada. Pero qué penoso que aún dentro de su pésimo gusto musical aún tuviera su propia escala de valoraciones. ¿Por qué diablos Melendi era bueno y Andy y Lucas malos?. ¿Porqué vibraba con las chirigotadas de la Cabra Mecánica y en cambio el Bisbal le daba repelús?. ¿Qué fundamentos encontraba para dictaminar que los Quijano, Maná y Rosana eran los más grandes?. Claro, los Premios Amigo y las radiofórmulas guiaban su nulo criterio. Pero yo no quería ser tajante en mis consideraciones del chaval a este respecto porque como dije al principio en cualquier momento podía saltar con algún razonamiento harto brillante. Era una caja de sorpresas.
Después del ritual de la fumeta nos entregábamos al apareamiento. Pero los previos minutos yo ya palpitaba. En verano, cuando llevaba él chanclas me entraba la fijación por los dedos de sus pies. Le rogué más de una vez que me permitiera chupárselos. Y sólo una vez conseguí mamarle el dedo gordo. Un puto no debería ser tan puritano. Vamos, digo yo. El caso es que pasados los meses el muchacho ya se veía cansado de mi. Quería mucho costo a cambio de nada.Y yo siempre quería más y más carne. Había entrado en una dinámica que me obligaba a terminar siempre con el trato de porros= polvo, aunque a mi tampoco me apeteciera. Muchas tardes se marchaba sin hacerlo con mi consiguiente cabreo. Entonces iba detrás de él para asegurarme que se iba en el autobús a su casa. A veces lo hacía pero otras se metía en las estaciones de tren o de buses para ver si podía hacerlo con otros. Y yo me plantaba allí, amenazante. Un dia que esquivó mi acoso alegando inapetencia sexual lo vi coqueteando con un viejo. Al descubrirlo en eses lances yo perdía los nervios y a voces en los báteres le recriminaba sus actos echando al carcamal a cajas destempladas. Incluso aún acabándolo de hacer conmigo se largaba pitando para echar otro con algún posible. Sinceramente, o era un superdotado o el chaval padecía ninfomania aguda. Porque además estaba seguro que ningún casquete rápido con nadie en eses sitios podría mejorar los nuestros.
La tarde en la que me negó sexo y yo le dije que entonces no se llevaba ninguna china a casa fue horrible. Se puso hiperviolento. Le amenazé con tirarla por la ventana sino cumplía antes con el pacto. En seguida se puso brusco, me agarró del cuello y forcejeamos. Aquello ya no era normal. Tampoco nuestro estado mental iba muy allá. Entonces se vió que lo nuestro ya no daba más de si. Pero yo no me veía capaz de dejarlo. Estaba enganchado a Jose mientras él hacía todo lo posible por, a través de sus acciones, que me enfadara y rompieramos. Perdí las ganas de comer (a pesar de que el hachis da hambruna), no conciliaba el sueño y mi única intención era seguirlo, impedir que se fuera con nadie. Me agazapaba en las esquinas más estratégicas para vigilar sus llegadas. Llamaba a su casa para saber si estaba o no. Pateaba kilómetros preguntando aqui y allá si lo habían visto. Era la espia que surgió del báter. Era un monstruo. Mis horarios se alteraron. Llegaba a casa a las tantas de la noche porque me había puesto de lapa a su lado en el río en pleno mes de enero, con un frio de espanto. El quedaba dormido a la intemperie, le daba todo igual. Esperaba a que un coche lo recogiese y yo sufría como una Doña Francisquita cualquiera. Sólo que ni siquiera a mi la célebre romanza "Por el humo se sabe dónde está el fuego. Por el humo del cariño nacen los celos" me hacía juego. Porque lo que me daba no eran celos sino evidencias. Y de las evidencias venían aquellas duquitas.
Asi estaba. Perdido en aquel desierto. Incapaz de convencerlo de que se levantara y marchara a dormir a casa. Todo fue un puto caos que me anulaba como persona, y aún por encima mi estado de embriaguez me hacía perder la facultad de reacción.
continuará

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