Friday, April 14, 2006

La PASION según Betanzos ( 5 )

Mi anecdotario a cuenta del drogaditismo no me gustaria que me definiera como un ingenuo. Destaco estas historias, aparte de por el hecho de que sustentaron la relación, porque en todo momento yo me sentía desubicado. Sobre todo por una cuestión de edad. Uno, a los treinta y pico ya tiene que agenciar estas golosinas ilegales de otras maneras más cómodas (por no hablar que ya tendría que ser un gran narcotraficante). El estar sentado en parques con niños que podrían ser mis hermanitos pequeños me hacía sentir extraño en un mundo que no me pertenecía. Y no obviemos la gran contradicción que suponían estas acciones para mis amigos de siempre. Mis duros ataques hacia los individuos que planteaban su vida con el eje central de la droga eliminando otro tipo de placeres, digamos, intelectuales, siempre me repateó. Y ahora yo, por un tipo que ni el me merecía a mi ni yo le merecia a él me había convertido en el peor especímen del gremio, dentro de una dinámica de incongruencia total. Porque mi apalancamiento en los sitios de venta, en los mismos urinarios me llevaron a una inercia estéril, vacía, horripilantemente destructiva.
Y un dia, Jose se cansó de acompañarme a los camellitos. En su holgazaneria patológica quería que se la trajera servida y en bandeja. Entonces no me quedó más remedio que ir solo. Conocía a fulano y a mengano. Y el gitano de marras me hablaba de sus temporadas en la cárcel. Y la mitad de los chavales habían estado recluidos en centros psiquiátricos, vete tú a saber por qué. Me veían a cien metros y ya estaban silbándome, era un excelente cliente. Un dia de lluvia intensa un treinteañero que no conocía de nada se enfrascó en una conversación conmigo. Estaba yo desesperado por pillar. Me animó a que le acompañara a su casa, al parecer tenía material de primera. Con él fui. Al llegar al portal me dijo que esperara abajo porque su madre podía sospechar. Que le adelantara el dinero. A regañadientes y ante su amenazadora sonrisa le adelanté la mitad.No lo volví a ver. En mi penosa espera desesperé por doble motivo: el tipo no bajaba y a la vez me reconcomía pensando en qué estaría haciendo Jose en los báteres a esas horas ya peligrosas. Porque mi sufrimiento era muy disciplinado, acudia en múltiples facetas. Debía calcular horarios, dinero, sortear peligros previamente ( por ejemplo, sabía que merodeaba algun monstruo homo susceptible de captar al chaval, pues yo ya andaba como un perro tratando de echarlo del báter antes de que apareciese Jose).
Y Jose vivía en un barrio alejado de la zona centro. El bus lo traía y lo llevaba. Vivía con sus padres, supongo que seguirá siendo así. Es pensionista. Por su dolencia le han concedido la invalidez permanente. La paga del Estado es mínima y se la confiscaron sus padres. Me imagino que todo se les va en manutención, que el crio comía muy bien. Lo que nunca pude entender era el porqué ellos le escatimaban tanto el dinero: cada dos dias a lo mejor sólo le daban un euro. Sabiendo de su enganche al tabaco le iban racionando los cigarrillos creando una situación en él insostenible. Conocían su adicción a los porros y en modo alguno le querían dar pagas extras. ¿De qué servía esta represión si al lado del portal dónde vivía los jóvenes del bloque le invitaban a todo?. Servía además para que buscase como fuera dinero que saciara su sed de cerveza y su hambre de chocolate. Y al verlo exponiéndose a la miseria de unas limosnas yo le daba lo que podía. Tenía presente mi situación, dificil tambien, asi que al principio era considerado conmigo. Pero luego, viendo que yo rabiaba de dolor por sus movimientos carnales con otros lo hacía peor exprimiéndome hasta el punto que me veía apretadísimo para llegar a fin de mes.
Cuando empezó a venir a casa todo se hizo más cómodo para mi. Conoció a mi madre que lo veía un chico raro, feo, que desmerecía a mi lado. No era pasión de madre, por que más de uno me dijo lo mismo. Reconozco que su belleza había desaparecido, pero me atraía su vulnerabilidad circunstancial, su cuerpo de gordura sensual, su canalleria agazapada, lo hermoso que fue cuando me asaeteó el cruel Cupido.. Me importaba un carajo que alguien de vez en cuando mirase atrás cuando los dos caminábamos por la calle. En el ambiente había sido lo bastante imprudente para legalizar nuestra situación de enrollados (porque mi chico era mi trofeo), quedándoles a todos claro que estaba loquito por él. Y asi lo era, cada vez más. Pero todo mi amor era una entelequia. Sólo quedaba nítido que lo obsesivo era lo que regía mis actos. Tener su culo tan ponderado, que abierto y a cuatro patas, sobre la alfombra de las corridas era un espectáculo visual extraordinario, solo parangonable a los videos de la Falcon con los que me crié. Su culo merecería un post. Creo que no me lo voy a permitir. Aquel culo era tan brutal que a mi me mareaba. Lo follaba con o sin el tanga que le tenía guardado en su cajón. Deseaba experimentar en él. Pero desafortunadamente el muchacho no era de experimentos. Logré meterle una vez el puño y múltiples veces nuestro entrañable dildo Tobías. Pasmosamente aquella glotonería tenía un algo de legendario que le entroncaba en la sección de fenomenos paranormales. Podría haber estado horas mirando (si sus polvos no hubieran sido, como fueron, cronometrados) su gruta enorme, palpitante, era la puerta de un horno en estado de ebullición.Cuando ese volcán expelía lava era delicioso a mis ojos perversos. Su salsita embriagaba mis sentidos y entonces, sin darme cuenta, me volví coprofílico. Terminábamos perdidos pero era tan turbulento aquello que no me cansaba de repetirlo dia si, dia también. Si algo de mi semen salía de su ojete vomitándolo, tan abierto estaba, me cabreaba pues sus deseos previos eran que yo le llenase el depósito. Pero aquel depósito era una gasolinera Repsol entre las piernas de un chulo, era imposible.
Me obsesioné con la idea de que cagara en la alfombra, sólo pude lamerle el culo sucio en alguna ocasión, y él se daba cuenta de esto y no le hacía ni puñetera gracia. Lo más que llegó fue a mear. Pero no sobre mi rostro, sino dentro de una bacenilla que cuando me la pedía me hacía increiblemente dichoso: verlo mear, pedirle que me dejara sacudirsela al final, beberme el recipiente cuando ya se había marchado...Todo era un juego sadiano que, en mi apreciación, me hacía ingresar en el noble club del Divino Marqués.
Mi insistencia con la mierda empañó un montón el respeto hacia mi del encantador infante que todavia era Jose. Creo que empezó a sentirme asco, de verdad. No me importaba. Más asco me daba a mi imaginarmelo chupando pollas de monstruos con tumores en la cabeza, de borrachos pestilentes más salvajes que lo era yo en la habitación...Y no sólo imaginaba, también vi. A él de trios, siendo enculado por un miserable mientras su boca tragaba un nabo de ochenta años a la puerta de un báter. Ni pudor tenía de meterse en el reservado. Cuando lo vi me jodió la hostia. El me siguió a casa, asi que yo le espeté que si quería dinero yo se lo daba pero me tendría que hacer una mamada (¡qué nunca me había hecho aún!). Esa mamada me la llegó a hacer aquella misma tarde, muy mal. Horriblemente mal. Y él quería el dinero, me lo exigia, con muy malas formas; cuando a cualquiera del ambiente sino le pagaban se quedaba como un pánfilo. Una mierda. Ahi vi que clase de amigo era. Ya, la vaquita por lo que vale, ¿no?. Claro, aquello fue el comienzo de un nuevo ciclo de retorcido vínculo. Lo traté de puta y consegui un placer intenso en el hecho de pagar con descaro a la golfa que era mi novio. Todo perdió su gracia primera pero mi sadomasoquismo ganó en finura.
continuará

1 Comments:

Blogger David Saä Viccenzo said...

En serio, pura delicia, fetiche de Artaud que hable tras tu voz

9:42 AM  

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