Thursday, April 13, 2006

La PASION según Betanzos ( 4 )

Ese verano fuí el semidios más feliz del mundo. Todavia no había descubierto el infierno de los celos. O por lo menos yo no era consciente de un sentimiento demoledor que en cambio ya se iba almacenando muy dentro de mi, como un virus latente o un tumor maligno en forma de huevo. Pues al hecho de tener su amistad ahora se unía el decisivo factor de la posesión de su cuerpo, que era una posesión falsa, inexistente...El no me pertenecía, nunca fue asi. Porque las personas no pertenecen a nadie, salvo en los anómalos terrenos de la prostitución. Cuando el chulo vampiriza al trabajador del sexo. Pero nunca fue mi caso. En seguida se vio que yo había nacido para ser el sufriente y él dentro de su implacable frialdad calculadora el dominador de todo.
Durante los siguientes seis meses seguimos en la tónica parecida: sentadas y de vez en cuando enculadas. Risas, conversaciones amenas que sólo se interrumpian con la irrupción en el retrete de alguien que le interesaba.
Llegadas las fechas navideñas hicimos planes para salir en fin de año. Yo le hice un regalo. Una casette con canciones que me gustaban (basicamente novedades indies de aqui y algun francés chic de la electrónica). Dentro de la caja iba incluido un billete de cinco euros. A altas horas de la madrugada nos metimos en unos aparcamientos subterraneos, en los servicios hicimos sexo con una variante: él me penetró a mi. Por primera vez. Lo tenía muy calculado. No me importó. Duró lo justo. Su cara de satisfacción lo decía todo. A partir de ahí pasé un mes a pan y agua. Se lo recriminaba.Llevaba los dias calculados desde el último polvo. El callaba, se guardaba para sus adentros algo.
Entonces lo sacó afuera. No habría más sexo sino compraba canutos. Para que no sonara feo me habló de que se sentía más placer con ellos, que la grifa le ponía muy cachondo. Pero en el fondo era un trueque, un negocio, una manera de cobrar unos servicios de los que él podia estar disfrutando tanto o más y no por ello se me ocurriría a mi plantearle bobadas de ese estilo.
Tal vez la palabra bobada no fuera la exacta en una cuestión que es la droga, que por nuestras putas leyes se ha convertido en material de consumo de precio prohibitivo. Pero aun asi, hice números y acepté. Fue cuando empecé a conocer de cerca el mundo del trapicheo, de los pequeños vendedores. chavales en la mayoria de los casos menores de edad y que se mezclaban con los viejos en los parques, con sus patines, su look de raperos de barrio, sus sprays de graffiteros y su sigilosa manera de actuar: costo escondido de manera ingeniosísima en lugares cercanos a ellos y que los iban pasando con arte malabar. Todo aquel submundo él me lo enseñó.
¿Qué tal me sentó a mi el primer porro?. Bien, me mareé, me obnuvilé, me casi dormí. Jose me explicaba una y otra vez cosas del asunto, su destreza para liarlos me maravillaba ( a pesar de ser un torpe a ojos de los gitanazos del lugar), de lo mucho que le excitaba estar colocado...Tras la fumeta me decía: venga, vamos a echar un polvo, joder. Y a deshoras buscábamos como locos sitios tan rocambolescos como improbables. Hubo veces que lo haciamos tan, pero tan a la posible vista de cualquier viandante nocturno que ahora me asombro de mi falta de pudor, gracias a mi deseo por él y a la adormidera fumada.
Esa falta de pudor dio ejemplos de kamikazismo puro y llano como la tarde que entramos en el retrete de un gran centro comercial para atufar todo el ambiente con el consiguiente mosqueo del guardia de seguridad que con paciencia de vieja chismosa aguardaba dentro con el walky apagado, menudo hijo de puta. No lo escuchamos y tras matar el canuto nos pusimos alli en bolas. No se me ocurrió nada más discreto que practicarle una sesión de spanking de palmadas tan sonoras como lo fueron nuestros cortes al empezar el individuo a golpear nuestra puerta obligándonos a salir. Tardamos cinco minutos por lo menos. Notar no noté que el segurata nos recibiera empalmado, porque aparte las guarradas que le decía a Jose eran harto soeces. Nos pidió la documentación, creo que no tenía derecho legal a hacer eso. Escondido el costo, con él a buen recaudo salimos de alli con la firme promesa de no volver a pecar más. Cachadas hubo unas cuantas, y regristos de la policia otros tantos. Con la policia coincidió mi entrada definitiva en una espiral de apalancamientos de puro cuelgue (doble en mi caso: de pasión y de grifa) que no me agrada excesivamente ponermelas a recordar. Tampoco es bonito el tema de mis bajadas de tensión, la irrupción de un sudor frio, el ponerme blanco como un muerto, sintindome mal, pero mal de verdad. Fumar mierda que no sabías de donde venía, qué era exactamente...Buff, en cuanto a Jose, el muchacho más excesivo que he conocido en mi vida, a menudo palidecia para luego potar. Pero potaba en cualquier momento, sin razón aparente. Supongo que su cóctel de tabaco, petas y medicación resultaba un explosivo de primer orden.
Puedo afirmar que hacer el amor colocado con rico chocolate era muy intenso. Las sensaciones se duplicaban, notas que el tiempo discurre más despacio y el orgasmo se vuelve multiorgasmo, aparte que desinhibe. Pero lo más importante que hizo la droga en mi con respecto a esta relación fue la de vivir en una nube continua que creaba una maraña de sentimientos todos irreales para con la otra persona y de los cuales solo era consciente de la engañifa en horas de cordura. Creé una solidísima fantasia de amor que no existió y que luego trajo los lodos que vendrían. Fue una dulce trampa en la que cai a gusto y que hubiera durado a dia de hoy sino hubiese sido un jodido posesivo que quería la exclusiva del chaval al precio que fuese.
continuará

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