Tuesday, April 11, 2006

La PASION según Betanzos ( 2 )

Que no estaba bien se le notaba a la legua. Entraba a deshoras en los báteres de siempre portando un walkman a todo volúmen. Me miraba y se sonreía, cuando no lanzaba una carcajada que sólo la había escuchado antes en "Alguien voló sobre el nido del cuco". Paraba poco, cogía y se largaba a la zona de bares. Luego me enteré que estaba de camarero en una tasca. Duró poco. Su siguiente desaparición lo alejó medio año, más o menos. Y vino más cambiado todavia. Había ganado peso, se había puesto fondón. Su "ángel" se había esfumado. Todo aquello lo envejecía, a pesar de aún no tener veintiocho años. Tambien en su rostro se evidenciaba la erosión de una enfermedad que es crónica, y como tal, le acompañará por el resto de sus dias. Su nombre se me ha olvidado, y eso que la estudié dentro de mis posibilidades. El rasgo más evidente que sobresale en el (o la, pues es más bien una enfermedad que prolifera en la mujer) padece son unas particulares manchas en el rostro (conocidas comunmente como mariposas) que agudizan su aparición y posterior irritación en los meses de sol. Creo que todo viene del higado, es posible que se trate de una tumoración benigna pero latosa, aunque desde luego no contagia. En resumidas cuentas, Jose reaparecía hecho una mierda y psicológicamente deteriorado.
Estaba zumbado. Se sentaba en un retrete con la puerta abierta y los pantalones subidos, a guisa de asiento y alli permanecía horas. Más de una vez lo intentaba provocar desde un urinario. Le pedia permiso para entrar con él y me lo denegaba. Otras procuraba mostrarle una erección, pero me era imposible conseguir algo minimamente decente (o indecente según los puntos de vista de cada cual) dados mis nervios y su cerrazón. Lo único que lograba de él era una sonrisa de desprecio. Estoy seguro que pensaba: Pero esta pasiva qué me busca si yo tambien lo soy. ¿Hacer tortilla?. Ni hablar.
Pasado el tiempo apareció por los báteres el estupendo Miguel, un jovencito venido de Alemania con un carrerón increible ( stripper, chapero con pedigrí y de turbulenta infancia) y una pluma no menos increible. Ahora vivia en el pueblo con sus padres y se apalancó muchísimo en el retrete. Su vocación era la peluqueria y se apuntó a una academia ( de la que consiguió una diplomatura y trabajo) . Eso lo quitó en gran medida de la esclavitud del báter. Cuántas horas perdidas, de pura inercia, es como una enfermedad que tal vez te haga sentirte como si estuvieras en tu segunda residencia. Pues el caso que el desparpajo y la loqueria arrolladora de Miguel fue uniéndonos a los tres en vínculos parecidos al compadreo. Como uña y esmalte, y yo entonces pude conocer a Jose en su salsa. Tenia fases de parquedad en palabras y de pronto otras en las que hasta te contaba si andaba estreñido o suelto. Yo jugaba con ellos a los chaperos, y cuando Miguel se iba al pueblo y nos quedábamos los dos juntos me imaginaba que eramos River Phoenix y Keanu Reeves en aquella tan famosa en la que lloramos todos. Empezé a rozarle algo la piel, a tocarle el hombro. Terminé enamorado, y eso a pesar de que él siempre imponia una distancia; que mientras me escuchaba, con el rabillo del ojo no perdia comba de quien entraba y quien salia. Y esos desaires leves nunca me llegaron a afectar tanto como me afectarían luego, cuando ya lo tuve. Cuando la trampa del sexo te envuelve en un sinfin de apreciaciones erroneas: sentido de la propiedad hacia la otra persona, etc.
Pero eran los instantes de confidencia entre hermanas las que fueron abonando mi encoñamiento por Jose. Me contó que estuvo internado en un psiquiátrico durante tres meses. Le habían diagnosticado esquizofrenia paranoide. Desde entonces estaba sometido a un tratamiento bastante severo, incluida una inyección al mes que lo amuermaba una barbaridad. No todo eran desdichas. Me habló de su años noventa, de sus años más felices en Ibiza y de ahí a Londres. En Ibiza cogió la enfermedad dermatológica esa. Tambien supe de sus parejas. Una muy hermosa que le duró cuatro años. Para mi asombro sólo le llevaba cinco años. En fotos que luego me enseñaría era muy majo. Hacían una pareja muy bonita. Salió el novio aquel en tantas conversaciones...igual que lo de Ibiza, se ponía tan pesado con su etapa de camarero en San Antonio...Tambien anduvo de hippy por España. En fin, durmiendo en los bancos de los parques, buscándose la vida como buenamente venía. Y la droga. Claro. Que sólo era la grifa pero que había conseguido entrar en su persona con la voluntad ferrea de quedarse.
La droga puede que a mi no me enganchara pero a él desde luego lo perturbaba hasta el punto de darle preeminencia por encima de cualquier otra cosa en la vida. Puedo asegurar que la grifa no engancha pero que es muy susceptible de romper amistades. Te vuelves egoista, implacable. Y en cambio, vas a una zona de venta y cualquiera que te conozca te invita a un peta. Pero no inicies una amistad a partir de ella porque no creo que acabe la cosa bien.
Jose y yo compartimos muchas horas de jardines y báteres sin probar nada de marihuana en aquel primer período. Hablábamos de hombres, casi todo el rato. Mi proverbial simpatia e ingeniosa dialéctica lo iban embaucando con facilidad puesto que en otra cosa no podía atraerle (yo en físico no era su tipo y en mi polla no creo que tampoco pensara demasiado pues yo era pasivity). El me veía asi. Estaba seguro que yo practicaba la prostitución, era una compañera (pero compañera buena que le podía ceder sus clientes fijos sin riesgo de que le fuera a ser una competencia molesta).
Nunca practiqué la prostitución de manera...digamos, profesional. Reconozco que en mis primeros años, cuando la calentura era constante me entregaba a algún maduro para un desahogo de urgencia, pero sólo con la intención de que me hiciera, nunca hacerle algo al otro. Y tambien reconozco que si al final me soltaban un billete yo lo cogía. No era tonto. Y por reconocer hasta reconozco que mantuve una amorfa relación magreosa con un otoñal que el pobre me debió dar en total dinero como para pagar la entrada de un piso. Qué mal me porté yo siempre con ese señor, hoy creo que fallecido ya. Nunca le toqué ahí, las veces que le di mi leche se cuentan con los dedos de la mano ( y eso que debimos de tener casi medio millar de encontronazos). Tuvo la paciencia de un santo, en ese sentido. Yo cogia y cogia y cogía...Estaba enamorado de mi carita y Maciste lo exprimió bien ( pero de cartera). Jose tambien lo hizo, claro. Eso nos unía. La carrera. Pero yo nunca fui consciente de que aquello fuera mi profesión ( tal vez porque no soy de tener profesiones. En última instancia jugaba a puta, como la Deneuve en Belle de jour)
continuará

0 Comments:

Post a Comment

<< Home