Thursday, April 06, 2006

Heterodoxos Básicos. Angel Zúñiga: la pluma de lo antañón

Corrían los años sesenta y unos cuantos jovencitos inquietos de la literatura novísima de este pais se rebelaban en sus escritos contra el pensamiento y la crítica anquilosada del viejo régimen. Pues ellos mismos, algunos sin presentirlo, tenían a Zúñiga como maestro precursor, como decano de aquella "otra" sensibilidad que ya era "nueva" en un lejanísimo 1.946. Esta es la fecha que coloco como punto de referencia para esos escritores con apellidos Moix, Molina Foix, Martinez Sarrión, Vázquez Montalbán, Gubern...( que se movían por revistas como Film Ideal, Destino o Triunfo y que buscando abarcar los más variados campos del arte removían conciencias con sus nuevos estilos de opinión) , esta es la fecha, decía, porque fue cuando publicaría Zúñiga sus dos tomos de la Historia del Cine, pieza clave de su obra toda por lo que tiene de significado histórico.
En los tempranos años sesenta estaba inminente el éxito de Umberto Eco con su aproximación descreida, reivindicadora y semiológica de los aspectos más populares de la cultura (tambien Jules Feiffer en otra onda). Los de aqui poseían en ese sentido un bagaje propio detrás, heredero del cine de barrio, del tebeo de la Bruguera, de la copla...disponían de una riqueza como para sentar sus propias bases. Eran heterodoxos. Algunos del grupo ya entendieron al señor Zúñiga como un visionario, como un adelantado y por descontado como un sabio al que había que recurrir siempre antes de dar un juicio de valor.
Zúñiga pertenece a la generación de los años veinte, fue su década, la que le marcó. Nace en 1.911, no en Barcelona, como muchos pudieran pensar, sino en Pamplona. Se cría rodeado de mujeres y eso le marca, eso favorece en buena medida a que se desarrolle en su interior una capacidad para interpretar el mundo muy particular. De crio va al cine a diario. Se ve todo el cine mudo. El teatro, otro tanto. Su familia es leída y él se engancha al placer de la lectura. El 98 se lo sabía al dedillo (llega a conocer a Azorin, a Baroja , a D'Ors, a Benavente...). Sus primeros artículos datan de un remoto 1.932, publicados en prensa deportiva ( eran ya artículos de cine). Lo mandan a Joinville, que eran los estudios parisinos donde se realizaban las dobles versiones de los éxitos norteamericanos. Y ve a Cooper, come con Lubitsch, se sienta al lado de Roberto Rey y una primeriza Antoñita Colomé lo asalta para ver si puede publicarle una foto suya en el periodico.
Cuando estalla la guerra el no toma partido por ningun bando. Pero la guerra civil le marca, de forma tremenda. Hasta el punto que más de cuarenta años después, en la mítica entrevista concedida para el programa A Fondo de TVE (81), buena parte de su tiempo lo gasta en hablar de los vencedores y los vencidos, de los horrores de la contienda. El, dinamitero verbal era un pacifista de ley.
La Vanguardia es el periódico al que siempre irá ligado su recuerdo. A artículo diario durante más de treinta años. Y Destino, estupenda publicación. Y su destino es Nueva York. Alli vive gran parte de su vida, seis años pasa en el Greenwich Village donde se siente muy a gusto ( gente libre, heterogénea, artisteo y bohemia, claro). Pero durante todo su periplo los viajes estarán presentes transformándose más que en un corresponsal al uso en un turista inusual, por su agudo instinto de observación. Ensayo, ficción, teatro...lo que no ha escrito este señor sencillamente me da que fue porque no merecía la pena escribirlo.
Volvamos al Zúñiga clarividente, repleto de ideas y fechas, constructor y desmitificador, al de la nunca reeditada Historia del Cine (por que según él los editores le pagaron muy mal y no quería seguir enriqueciéndolos a su costa). Se adelanta en sus apreciaciones del cine norteamericano antes que los cahieristas. Pero, a la contra de aquellos, no reniega del cine mudo, antes bien encuentra cualidades en los maestros silentes que permanecerán como perennes con la irrupción del sonoro. Sin aquellas aportaciones no se entendería el cine posterior.. Su deleite por lo popular no excluye la adoración por Ingmar Bergman. Y como gran subjetivista, enjuicia a los artistas desde un punto de vista tan personal que es imposible al leerlo mostrarnos indiferentes ante sus filias y sus fobias (Cukor: de segunda división, Lubitsch: pecaba de mal gusto; Marlene: una estilosa sin talento alguno; Greer Garson: nula como sustituta de la Garbo...). La literatura que fecundó alrededor de los habitantes del cinematógrafo es tan jugosa que aún hoy en dia tiene vigencia y para nada resulta demodé.
Su sentido gay de las cosas le hizo amar lo frívolo tal como si fuera un capricho de diletante. El cuplé era otra de sus grandes pasiones. Y Raquel Meller su gran amiga. Mujer sencilla, nada noctámbula, pero de fuerte carácter y sabedora de su importancia en la música de su tiempo ( que reverdecía a finales de los años cincuenta con Sarita Montiel, de la que hablaba pestes).
Coleccionista de objetos de arte, esteta a su manera, melómano de baquelita, golfo del cabaret barcelonés ( aunque sin llegar a los extremos de madrileños estilo Retana o Trigo).
Una conversación con él equivalía a asistir a un mundo de anécdotas sin fin que me hubiera encantado poder haber disfrutado tan siquiera una vez. Hace poco, con la entrevista de A FONDO antes citada, he podido saber algo más de lo que fue en este terreno (por cierto, no paraba de encender cigarrillo tras otro. Que sano espectáculo televisivo el que nos propuso, tan diferente al que padecemos hoy en dia). Pero lo principal no era esto, sino el poder escuchar a un cronista inteligente, un oráculo de la belle epoque, de verbo fluido y humor sofisticado. La pluma de lo antañón.

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