Sunday, April 09, 2006

Dirigido por...fa: El rostro de Bergman. Nada es verdadero, nada es falso

Nada es verdadero, nada es falso. Es uno de los adagios más queridos por Bergman en los años cincuenta. Como hombre apasionado del teatro juega con el tema de las apariencias en un ejercicio virtuoso que lo entronca directamente con Pirandello. Este filme, y tambien Los comulgantes versa sobre la identidad del individuo, la que adopta ante los demás y que funciona como máscara, aqui con la fisonomia de un actor llamado Vogler, ilusionista que se finge mudo, que se pone barba y bigote postizos ( despista Von Sydow) y hace pasar a su esposa por muchacho ( travestida Thulin).
Finales de los cincuenta en el cine de Bergman supone la culminación de una etapa existencialista, más allá del simple retrato psicológico de unos personajes. No por casualidad, la máscara ante un espejo es metáfora de la máscara del alma de la jóven protagonista de su previa "Juegos de verano". Desde luego, el recurso funciona a las mil maravillas cuando se parte del protagonismo de unos teatreros, gentes que poblarán su cine en esa década.
Con El Rostro la máscara se duplica en la contrafigura del doctor Anders (Gunnar Björnstand), némesis metafísica del anterior, paradigma de lo racional, de lo tangible frente al mundo ilusorio y casi fantasmal del farsante Vogler.
El sentido de la vida se halla en la película a través del movimiento. Asi lo expresa uno de los actores de la compañía que se encuentra moribundo ( y que lo protagoniza curiosamente la Muerte del Séptimo sello) : "Se entra en la oscuridad paso a paso, el movimiento en si es la única verdad". Vogler utiliza el movimiento en sus itinerarios teatrales de comarca en comarca. Su rival, Anders en cambio se acoge al inmovilismo en el sentido de que su pensamiento se encuentra estancado en un racionalismo diríase que patológico.
Encuentro concomitancias entre el personaje de Von Sydow y el propio Bergman, hombre de teatro, capaz de hacernos entrar en sus ilusorias maravillas, cual mago de la imágen. En el fondo su vida se basa, bajo cobro pecuniario, en crear máscaras para que nosotros nos reflejemos o no en ellas. Oficio de autor. Pero la toma de partido de Bergman por este personaje tan transformista frente al cerebral doctor nos hace pensar algo más; y es que el filme se inscribe en el más puro concepto kierkegaardiano de la existencia humana. "Se puede explicar la naturaleza toda, pero no el propio espíritu", en síntesis.
Visualmente El rostro es una obra de belleza extraordinaria. En general todas las películas de los años cincuenta del sueco lo son, gracias a la incalculable labor del operador Sven Nykvist (sin obviar la herencia de Sjöstrom para el tratamiento del paisaje, en especial de la Carreta Fantasma). Y es que se logra una atmósfera de pesadilla a lo largo de todo el metraje que la elevan a la categoria de filme de terror. Tanto el rodaje en exteriores como en interiores agudizan en su tratamiento plástico el componente fundamental de angustia de los personajes y lo consiguen transmitir al espectador de manera asombrosamente personal. Y los exteriores son tremendos: esos bosques sombrios nórdicos, con las viejas brujas que invocan a los fantasmas, con ese cuervo que yo creo que poco después repetiría papel como elemento agorero del bosque del Manantial de la doncella, esa carreta de los actores que quizá era la misma que la fantasmal de Sjoström...Los interiores en la casa del cónsul donde se cobija la compañía teatral, con sus escaleras en vertical, rendijas lúgubres en pura claustrofilia.
En cambio también hay momentos livianos, de picardía encantadora con los criados, al más puro estilo Marivaux (o en sueco, Stiller via Erotikon). Ligereza y frivolidad inteligente. El juego del coqueteo que impone sus reglas con un vitalismo insospechado por encima del pesimismo innato de un nórdico como Bergman.
El rostro cierra un ciclo lleno de peliculas fascinadoras y de meditaciones muy concretas. Pronto aparecerá el gran tema de la búsqueda y el silencio de Dios. Quizá por lo que más se le suele recordar. Pero de ello hablaremos algo el próximo domingo al acercarme a una de sus primeras obras maestras de este nuevo ciclo, como fue "Como en un espejo".

"no tengo más que un solo deseo: hacer su autopsia"
(doctor Anders Vergerus en EL ROSTRO, 1.958)

0 Comments:

Post a Comment

<< Home