Saturday, April 15, 2006

Album de cromos "Sueños de juventud". Cromo nº 46: Pablito Calvo. El niño que enterneció sin gorgoritos

Este año he vuelto a ver la trilogía que Ladislao Wajda le dedicó a Pablito Calvo y puedo afirmar que como este niño no hubo dos, por lo menos en nuestro pais. Fue muy bueno y fue casi el primero. Inauguró el género tan socorrido de película con niño (o niña, claro) sin por ello tener que amenazarnos a los espectadores con canciones infumables ni bailes aflamencados a imitación de los adultos. Pablito no era un sabihondo, un metomentodo como los que vinieron luego (incluso alguno anterior, porque a saber cómo era aquel Ginesito de los años treinta. Debía ser un horror pues mi madre cuando quería meterse conmigo por algún hecho ridículo por mi perpetrado me decía: ahi esta el Ginesito). Y a pesar de que su fama universal se debe a una película de curitas en monasterios, en modo alguno nos hallamos ante un tópico bodrio de la estampita. Gracias al talento de Wajda, en resumidas cuentas un extranjero con identidad propia, todo el batiburrillo de acciones piadosas y apariciones sobrenaturales fueron perfectamente integradas en favor de una historia muy bien contada. Y emocionante, sea cual sea tu grado de laicismo.
El director lo eligió entre cinco mil niños que fueron los que se presentaron al anuncio de la productora. Y dió en la diana.
Marcelino Pan y Vino. Asi lo bautizó el Cristo del ático, porque le llevaba estos alimentos el pobre huerfanito. Tanta llorera nos entró en el momento de su partida ( de nuevo un ejemplo de lo perro e implacable que nos pinta la Iglesia a su Dios) que elegimos desde entonces al actor niño como un amigo más. Además según la publicidad cinematográfica fue símbolo del nuevo cine español. Al presentarlo fuera de concurso en el festival de Venecia consiguió ovaciones que no había tenido ni el León de ese año. Al dia siguiente Pio XII le concedía una audiencia privada: al parecer le regaló el pontífice un rosario para que lo guardara hasta el dia de la primera comunión. Después de España, Italia fue la más entregada al encanto del crio. Se hicieron canciones dedicadas a Marcelino, muñecos con su apariencia, ediciones del libro de Silva ni te cuento. Además en Alemania fue premiado, en Cannes igual, y en Japón antes de Almodovar y Saura sólo conocían a Pablito Calvo.
No me extraña que visto el boom surgiera el fenómeno de los niños prodigio. Al poco metería el cabezón Joselito, que este tambien arrasó de forma implacable. Ya sabrás que en Francia vendía más discos que Elvis Presley.
Pero con Pablito, España consiguió a un excelente niño neorrealista, en la mejor tradición italiana. En el fondo eramos muy parecidos. Lo que pasa es que nuestro cine abusó mucho de lo retórico y rimbombante, de la moralina y pudibundez. Un niño anterior como Jaime Blanch interpretando a Jeromín o el Carlitos Larrañaga de Pequeñeces eran en el fondo preciosos pollitos pera, niños pijines a lo Bartholomew prisioneros en un decorado, excelente eso si, de cartón piedra. En cambio Pablito estaba hecho para corretear por las callejuelas, para dormir en chabolas de extrarradio, para los rotos y descosidos del recoge chapas, del pícaro, del lazarillo del Madrid castizo o, ya puestos, del Brooklyn de la emigración.
Y si con Fray Papilla se nutría muy bien, dieta eclesial (aquellos panes nunca los vi tan apetecibles en película alguna), su tio Jacinto lo traía a mal comer. Había que buscarse la vida pues el dinero no llegaba y había que conseguirlo como fuera. La pobreza era el tema central de Mi tio Jacinto. Y Mio tio Jacinto era, sobre todo, la inmensa humanidad de Antonio Vico, torero fracasado, marginal envuelto en miseria y alcoholismo. Pablito a su lado no desmerecía. Tampoco lo hubiera hecho como hijo del Ladrón de bicicletas, no. Expresaba fenomenalmente las emociones.
Wajda estaba decidido a seguir explotándole y lo juntó con el internacional Peter Ustinov ( ese señor cuya imágen pública fue muy humana, por lo de la Unicef, y que en cine siempre hacía de Nerón, aunque no hiciera falta). Marcharon a Brooklyn y en coproducción con Italia se volvieron todos parientes de Sinatra. Y como Ustinov era un bigger than life, por volverse se volvió perro tambien ( teniendo en cuenta que el perro actor se llamaba Calígula, fíjate lo que le marcó al gordo éste el Imperio Romano). El criajo se encaprichaba de él, lo alimentaba como podía, tocandole la armónica a los carniceros (para que a lo mejor le dieran sólo un triste hueso) y sobreviviendo a las palizas de los pandilleros del Bronx. Al final se iban Ustinov, ya como Ustinov, y él de la mano a comprar bombones a una suculenta dulceria.
Curiosamente esta película no tuvo la aceptación de las anteriores. Y tampoco las siguientes. Y eso a pesar de haberlo juntado en una ocasión con el increible Totó, que es una leyenda para los italianos. Luego marcharía de coproducciones: a Alemania, a Mexico, a Argentina...pero el poderío del Pablito Calvo inicial ya no fue el mismo. Lo de siempre, había pasado su tiempo. Su acné en eastmancolor ya no interesaba tanto como sus lagrimitas en blanco y negro.
Este madrileño se fue retirando de las pantallas y se hizo aviador, amén de estudiar la carrera de empresariales. Se casó y tuvo descendencia. Y un mal dia, horrible dia, me levanté con la noticia de su fallecimiento con cincuenta escasos años. Había sufrido un derrame cerebral. Desde luego a mi me impactó muchísimo, porque lo adoraba. Fue cuando me refugié en mi tocadiscos y aunque no estabamos en Semana Santa ( es mi costumbre) puse el Lp con la dramatización del Marcelino a cargo del cuadro de actores de Radio Madrid. Es un incunable que debe valer un potosí y que yo guardo como oro en paño. Ahi está la voz de Pablito, que no es Pablito sino la magnífica Matilde Vilariño diciéndole a Dios: Sólo quiero ver a mi madre y también a la tuya después. Y Cristo: ¿Y quieres verla ahora?. -Si, si, ahora. -Pero tendrás que dormir. - Pero no tengo sueño. -Ven, yo te lo daré. Y entonces es cuando Cristo lo mata, y de nuevo lloré desconsolado como la primera vez que la vi.
Son los milagros del cine dando criaturas excepcionales como Pablito Calvo, un auténtico hallazgo.

1 Comments:

Anonymous Anonymous said...

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3:30 AM  

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