Wednesday, March 29, 2006

se lee, se comenta en FANTASIA MONGO

M. Vazquez ha llegado hasta aqui supongo que de pura chiripa. Me dejas un comentario reconfortante y me paso entonces por tu blog. Admiro tu defensa empecinada de la casa Pita de tu villa. Tu amor por el estilo modernista, arquitectónico o en general, también yo lo comparto. Las actitudes de las concejalias de turno, a menudo brutas como arados, provocan todo tipo de desastres, de expoliaciones, de aberraciones urbanísticas en nombre de un supuesto progreso que casi siempre se traduce en putos intereses económicos. Desconozco la realidad de tu entorno pues como más de uno ya supondría yo tengo de betanceiro lo que Mae West de santa (utilizo este seudónimo por que me sonaba bien, me sonaba contundente, eufonía y nada más). Ni tan siquiera he estado nunca ahí pero las fotos de la Casa ( y otras que atañen a maravillas parisinas) me han deslumbrado. Supongo que a estas alturas no se va a poder volver a recuperar lo perdido pero aún asi ¡ánimo! y a seguir con tu denuncia de la grosera insensibilidad de nuestros políticos más o menos inmediatos.

Esteban siempre dando en el clavo. La infelicidad constante en mi supongo que sólo forma parte de una manera de entender la vida que no tiene porqué ser criticable en si misma (hasta no sé si tendrá algo que ver con algun tipo de herencia cultural: escritores a los que idolatro, maravillosos suicidas en luto permanente, o asi). Pienso que el eterno feliz es un ser aberrante, sólo justificable si su estado es motivado por algún tipo de drogas farmacológicas, alguien de estilo dopado. Lo cual me asusta mucho. Por las tierras de donde soy ( o somos) guardamos un congénito estado de tristeza, de decaimiento, de melancolia que nos hace quieras o no estar vivos (tambien apalancarnos hasta volvernos asquerosos serviles, sumisos hasta lo patológico). A mi por lo menos esa tristeza me hace reaccionar ante las adversidades, sean males mayores o menores. No dudo de que mi blog puede dar un aspecto en muchos momentos de hedonismo tan colorista como estéril (a pesar de que siempre intento equilibrar la lentejuela con la metafísica: y la lentejuela, ojo, da mucho que pensar tambien), esto es debido a que como a todo quisque me gusta la belleza y el buen rollo. Aunque sólo sea para sentirme superior a las medianias absolutas, desde mi egotismo mucha veces demasiado subidito. No soporto al gay superficial, me repatea el gay que significa alegre. Yo no soy un doña sonrisas, tengo siempre una expresión crispada que exterioriza mi sentimiento de repelús por la mayor parte de la gente que veo en este mundo. No quiero ser un gay bueno como los de la tele, que lo tienen que ser porque sino no son aceptados por los demás. Tienen que hacer gracia, ser humanísimos y dedicarse a la decoración (un poco como la comunidad negra de antaño. Sustituye en este caso decoradores por cantantes de soul o juezas de telefilme de sobremesa). Simplemente digo, pues no estaría mal ser feliz (o primario en emociones) como los animalitos pero sé que entonces me volvería un poco gilipollas. No sé, soy un mucho complicado pero me gusta ser como soy. Adoro mis contradiciones y te doy la razón: no hay dolores pasados que se recuerden con importancia ( e incluso algunos se han borrado por completo de mi parcelita sadomaso) salvo si has sufrido de depresiones que te arrastren una serie de secuelas de la hostia. Detestaría que me vieras conmiserativamente o que favorezcan mis comentarios imágenes de una persona llorona. Sinceramente, no quiero poner vendas por que yo quiero seguir viendo claro, desde mi punto de vista, que puede ser equivocado, pero es el mio ( admito reinterpretaciones, corrijo erores, creo que aún estoy en edad de replantearme infinidad de historias).
Me aburre tanto un gay emplumado hablando de los cosméticos, las pollas grandes (odio el culto a las pollas grandes que tienen estos payasos, falocracia de los cojones, nunca la verías en la Grecia clásica. Paletos de la desproporción) y el gimnasio como un hetero peludo escupiendo de coches, balones, tetas y aparatos electrónicos. También me aburren las conversaciones de las tías por lo general: que si el pan, las lavadoras, los culebrones, Clooney en su totalidad, el culo de Mel Gibson o Las memorias de una geisha. Los jóvenes y sus músicas y los viejos y sus dolores. Un dia se lo comenté en el sitio donde curraba a mis compañeros y quedaron alucinados. Había dejado de ser una mariquita tópica a sus ojos para formar parte de los raros, y como tal, inadaptables a una vida laboral. En última instancia, para ellos mi sexualidad ya implicaría el hecho de sufrir un desequilibrio emocional del copón. A la mierda pues con todos.Viva la diferencia (que no la propician los gustos sexuales como nos quieren vender desde los medios de comunicación sino la personalidad de un ser individual y específico).
PD. Cuánto me alegró leer en tu comentario la palabra Alvedro. Estamos cerca, entonces. Gracias mil por haber empezado a contar tus experiencias vitales. A pesar de que yo no te lo haya pedido. Vuelve cuando te apetezca.

1 Comments:

Blogger Esteban said...

Hola Maciste:
Coincido contigo en que aquel que es perpetuamente feliz tiene un punto de aberrante o gilipollas. En donde vivo ahora, hay un muchacho subnormal, que de vez en cuando envidio, pero extremadamente popular pues se pasa la mayor parte del día en la calle yendo de tienda en tienda y hablando con todo el mundo. Como todos los estúpidos tiene golpes geniales. Sus dos frases, a modo de saludo, son: “fai frío” o “fai calor”, dependiendo del tiempo; de cuando en cuando saltea este menú invariable con: “Estás ghuapa (o “ghuapo”)... Adelghazáches”. Este muchacho ha reducido la felicidad a la mínima expresión. Supongo que muchas de las personas que son felices, lo son en esa mínima expresión sólo que adorando a otros “becerros de oro”: dinero, posesiones, popularidad... Lo que es claro es que sentir no siempre lleva al estado ideal. Recompensa porque cuando eres feliz... lo eres hasta la médula; pero cuando no, lloran hasta los tuétanos. ¡Pero coño, que no me quiten lo que soy porque hasta aquí me ha llevado!
Yo tampoco soporto al gay “alegre”. Me repatea los cojones. De hecho, me cuesta encontrarme en esos contenedores que ponen a nuestra disposición para que entremos amablemente sin armar mucho alboroto. No me considero gay, porque como tú muy bien insinúas no pretendo alegrar a nadie aunque siempre quiera divertirme. Tampoco me convence para nada el término homosexual. Me suena demasiado científico, a nombre de enfermedad, además que comparte raíz con palabras que me gustan menos como homofobia. A estas alturas del cuento, soy maricón. Seguro que es debido a mi rojerío, a mi íntimo convencimiento de que desde la diversidad que somos daremos un nuevo brío a esta palabra y nos alejará de ese políticamente correcto donde nos quieren meter, donde todos tendremos el mismo sabor, el mismo gusto que esas sopas de sobre que contentan a los que les gustan los sabores salados como a los que les gustan los sabores más suaves. Es un tema que me preocupa, Maciste. Siento como cierto ras, cierta igualación en la que nos quieren meter a todos. Parece que nos quieren hacer impecables, hombres de trajes grises y mentes neutras, apreciados objetos de decoración, por su buen gusto y saber estar, en cualquier reunión que se precie. En total: ¡vomitivo!
¡Pero has dado en la clave, Maciste! Estamos en el mismo punto que tú citas cuando te refieres a la comunidad negra. A fuerza de ser pocos, ¡todas y todos tenemos que ser cojonudos! ¡Y que mayor tesoro que la manoseada sensibilidad gay!
Supongo que esto es debido a que entendemos la democracia en términos parlamentarios, de mayorías y minorías (y todo lo que esto conlleva). Nos cuesta entender (y eso que, ¡la puta!, mira que entendemos) que la democracia es el absoluto respeto a la minoría. Pero esto no nos llega. Tenemos que presentarnos con las mejores galas. A lo largo de mi vida he conocido de todo; pero la consabida “sensibilidad gay” sólo la encontré en culos tragones y pollas avariciosas. Lo demás, pues opino como tú: soy como soy, pero no por la razón de con quién me acuesto. El germen de lo que soy apareció mucho antes de que fuera consciente de mis preferencias sexuales que, por otra parte, pasaron por todos los estadios. Si recuerdo, ¡ya era raro de cojones con cuatro añitos! Fama, que la familia que siempre observa, advirtió desde siempre y no osa ahora discutirla (Aquí tengo que añadir que ese “raro” era debido a que quería ser libre). Y si esto me pasó a mí, supongo que todas las personas con sus más y sus menos llegaron a lo que son por todas las decisiones que tomaron y dejaron de tomar.
A diferencia de ti sí me gusta la pluma (aunque a decir verdad mis gustos son tan amplios como un catálogo), pero no soporto la superficialidad más de cinco minutos y sin ninguna sustancia que me ayude a soportarla. Exceptuando mi pareja actual, las dos anteriores que tuve tenían tanta pluma como un pavo real. Fue esta característica la que me llevó a ellos. No sé, me fascina encontrar en el cuerpo de un hombre una sensibilidad que se hace ultra femenina a fuerza de ser exagerada. Supongo que también será debido a que soy la hostia de cariñoso y una cualidad como esta encuentra mejor acomodo en gente así de libre, así de diferente. Seguro que este será uno de los aspectos que tendré que comentar en el lejano o cercano día que precise de un psiquiatra.
Por la alegría que muestras porque mencioné Alvedro, imagino que nuestras vidas fueron vecinas. Como se suele decir en estos casos: ¡el mundo es un pañuelo! A saber la de momentos en que se cruzaron nuestras vidas. Ahora mismo, en este espacio virtual, te agradezco el momento que me haces compartir con tus artículos.
Comento muy poco sobre mis experiencias no por ningún pudor que tenga incrustado, sino porque a la hora de leer lo que pones me siento tan sumergido en lo que dices que me alejo de lo que yo he vivido para disfrutar lo tuyo. Como siempre ocurre cuando uno disfruta, te sientes más o menos reflejado; no tanto en hechos (la vida es bastante singular, aunque las etapas sean más o menos las mismas), como en pensamientos. Pero, Maciste, te hago la firme promesa de desnudar mi vida a la mínima oportunidad que vea en tus artículos.
Un abrazo cordial.
Fdo. Esteban.

4:48 AM  

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