Sunday, March 12, 2006

mis desayunos dominicales

Maciste B.: Qué gran honor para mi es que hayas tenido unos minutos en tu séptimo viaje para detenerte en mi humilde hogar, buen Simbad
Simbad: No debo demorarme mucho, la princesa me espera con mis compañeros marinos en el barco
Maciste B.: Acepta este bodegón frutal como signo de bienvenida de este humilde admirador
Simbad: Piña de las Indias. Melocotón en almibar. Platanos persas. Excelso bodegón, hermano Maciste. Sino tienes a mal lo contrario, todo el lote me llevaré pues mis hombres están hambrientos y exhaustos de tanto viaje
Maciste B.: No lo dudo, aguerrido varón. Y si bien quieres aceptar un baño jabonoso, con sales marinas provinientes de la Esmirna ciclópea, de igual modo lo iré preparando, que el cuarto lo tengo ahí mismo
Simbad: Cuán grande es la idea y qué tentadora se me presenta pues desaseado vengo, que más que heroe de los sueños parezco un vulgar raterillo de los zocos argelinos
Maciste B.: Cuanta más mugre más hermoso te encuentro, noble varón. Has de saber que tus deliciosas aventuras en tecnicolor serían más creibles si se palpara con mayor nitidez lo sucio y antihigiénico de las largas travesías. Tu lucha con el cíclope sigue siendo ejemplar y emocionante
Simbad: Un mal bicho. Pero debemos apoderarnos de su tesoro. Con todo, hay un enemigo más peligroso que esa criatura sobrenatural
Maciste B.: El malvado hechicero Sakura
Simbad: Debo andar con pies de plomo. Sus poderes son enormes. Mantiene encantada a la princesa de la cual estoy prendado. Su estatura ha menguado a escala liliputiense. Lo cual no fue óbice para que a través de mi ingenio la utilizara para que ella misma nos sacara de más de un innoble entuerto. Pardiez, voy a hincarle el diente a este colorado tomate que parece que me tienta desde su posición ladeada
Maciste B.: Hinca, hinca lo que quieras. Por cierto, y no entiendas mi pregunta como interesada. Pero, por casualidad en esa alforja ¿no estará la mítica lámpara de las maravillas?
Simbad: Oh, Maciste. Preguntas y preguntas, y yo no sé hasta qué punto debo responder. Pero considero tu alma honorable y ya que estás tan servicial conmigo te diré que si. Está dentro, a buen recaudo.
Maciste B.: Y el genio, ¿lo has visto?. Y si es asi, dime, buen Simbad: ¿cómo es, orondo macho al estilo de los victoriosos luchadores o tal vez un lindo y sonrosado efebo de formas adorables?
Simbad: Lo vio la princesa y ella me contó que más se asemeja en tus descripciones al niño pícaro que deambula por los mercados con su aguda vista presta a birlar al caminante extranjero la bolsa de los caudales que al luchador primero. Más ahora debo ir al baño, si aun sigue en pie tu invitación. Pues doy olor y no es de bien nacidos el ser desaseado, más cuando represento al personaje fantástico de muchos sueños infantiles. Ejemplo de virtud le llaman los pensadores y vive Dios que ni a ellos deberé contradecir.
Maciste B.: Claro, claro. Verás la cantidad de esencias que te relajarán. Perfumes, colonias y polvos milagrosos. Aromatizado quedarás. Si me permites, acompáñame. Yo mismo te introduciré en los divinos placeres del aseo personal. Y más tarde, si es menester, te masajearé esos músculos tensos por tanta aventura. No te preocupes de la alforja, está a buen recaudo. Hasta si quieres te la abrillanto con mi semen, si no te ruboriza mi descarada propuesta.
Simbad: Algo si, Maciste, pues eres tu muy suelto de instintos y bajo en pasiones.Pero, que sea rápido. Que el deber me espera.