Tuesday, March 28, 2006

Mi noche con las strippers del burlesque

Ay, las delicias de lo vetusto. Para contaros la historia del burlesque harían falta muchos post como éste, y seguro que siempre me quedaría la sensación de dejar algo en el tintero. La riqueza de carnes femeninas que dio este género es tan descomunal que siempre me olvidaría de una gatita, de aquella jamona, de la hyper stud de marras y que se me pasó...las infinitas estrellas hoy ya olvidadas que lucieron su palmito en ese género ínfimo al que anoche me acerqué con gran regocijo.
Todo es ingenuo, sus movimientos, su picardía de golfillas pero santas en el fondo. Mi viaje iba desde principios del siglo veinte (aunque las vendieran como las alegres chicas de los gay nineties) hasta bien entrados los años cincuenta, cuando Lili St. Cyr hacía en Las Vegas prodigios en un baño de espuma y arte con su entrada en el lecho rococó.
Y en las pioneras del siglo veinte, recién salidas del osado Follies Bergere capto carnes desproporcionadas en su inmensidad gelatinosa, rescato detalles de un Art Nouveau que pronto el fundador Mélies capturó para sus experimentos fílmicos coloreados...El burlesque, género que quizá inventó Chaucer en aquellos cuentos de Canterbury, había impuesto como obligación que sus damas se bañaran mucho, que fueran muy limpias, que tuvieran la concha como una patena.
Pero las gorduras en 1.900 eran signo de salud, de belleza...Rubens hubiera hecho su agosto entonces. Fatima apolillada, o ¿tal vez habría que llamarla Fat Emma?, al celulítico modo. La gran Ginger Britton que era rubia bailarina como la otra Ginger de las películas, o Carlota la rotunda. Y aquella René morena que era publicitada como the toast of Paris. Paris, siempre Paris, la erótica gala, el tópico de la courtisane de rozagante poitrine y llena de lentejuela y pluma. ¿Era René la que salía semidesnuda alegrando en un garito la líbido de trajeados maromos con sus sombreros de ala ancha?. ¿Aquel de la izquierda no lleva pistola, quiero decir que aunque se alegre de verla, que eso es otra cosa, no pertenece además a la mafia impía?. Tiempos. Jugando a ser las mantenidas de Scarface, luciendo bisuterias como complementos ideales para una noche golfa. En el bikini de pedreria fueron precursoras: Jean Hendrie, Anette (naughty, naughty...) con sus bragas transparentes más de cincuenta años antes de que se las pusiera Rosa Valenty en el bodrio de Jess Franco...De entre todas me deslumbra Carmelita, nombre de gitana salerosa, pero su look era como de nórdica, rubia platino que se supone que bailaba en la post depresión USA. Hacía malabarismos con dos grandes abanicos de plumas de marabú que tapaban milagrosamente su desnudez divina. Uno de los momentos más mágicos con los que he disfrutado últimamente.
Cuando el exotismo se confunde con el cheesecake el resultado es droga pura. No me pude resistir a las mil sensaciones que me provocaba la cubana Amalia Aguilar.De la casta de Blanquita Amaro, Lina Romay o la primera Gina Baró. Bailaba la rumba con una sensualidad como sólo el trópico puede otorgar a sus mujeres. En nombre de un viejo rito ancestral (african mood) le vemos muslos pero no tetas, guarda las formas y crea un número de gran clase bajo el hechizo de yemanyá. Exótica era también Noel Toy. Esta si que era stripper, su orientalismo reproduce lejanos arcanos cual dragona calienta braguetas. Es china fascinante como la May Wong, es delirio queer.
El imperio de las mujeres botijo. En las páginas del Paris Hollywood o en las innumerables girlie magazines se apelotonaban estos prototipos. Georgia Sothern es de las profesionales incombustibles. Una chica de Atlanta, una southern belle. La conocían como La tigresa y también The Human Dynamo. No se reparaba en epítetos en épocas pretéritas. Lo importante es que los empresarios las vendieran como la última sensación en el arte del desnudismo. O cuanto menos, en el de la insinuación. Sus despedidas tapándose con los cortinones del foro eran de un pizpiretismo tan sexy que dejan en mantillas todavía hoy a cualquier profesional de la pornografía rutinaria.
Cherry Knight fue en los años cincuenta una explosiva matrona que por su fama y talento para el "tápame, tápame" engrosaría el reparto de un filme de culto titulado "Teasearama". Con ella otras compañeras de altura mostraban sus habilidades en el nombre de Eva (nuestra primera madre, y la inventora sin duda de todo este tinglado) : Betty Page, Tempest Storm o Trudy Wayne. El problema (para mi, claro ) que tenía Cherry era su cara y no es que fuera fea como una demonia, es que era fea sin más. El resto irreprochable para su condición de stripper: carnes y más carnes y sus pechos, verdaderas ubres de tonelaje incalculable. En el número que presencié anoche, un número de alcoba, se iba despojando de sus prendas para acabar en un top less sólo truncado por una especie de crótalos ridículos pegados como ventosas a sus pezones de galleta María.
Es curioso esto de los juegos eróticos según los sexos. Con los machos en aquella época se buscaba una armonía total y un rostro precioso, asi era habitual que saliesen los modelos de los concursos de belleza y fisioculturismo. En el terreno de las chicas lo más importante es que se acumulase carne en nalgas y las tetas fuesen enormes, con eso bastaba. Tiene el erotismo de las chicas algo que resalta eso si por encima del de los chicos: la riqueza en ropa interior. Nada puede vencerlas en toda esa artilleria de medias, ligueros, pàntys y mallas, sostenes y bikinis, bodys y deshabillés. Para los chicos quedaban los subterfugios del mundo antiguo: los cascos romanos, las falditas griegas, los sombreros de cowboy, la tamba india, los uniformes militares (en especial los de marinerito) y los más contemporáneos blue jeans de juvenil delinquent.
Pero en ambos sexos lo más placentero para el voyeur es que su ojo se convierta en el ojo de la cerradura que le va a comunicar con el dormitorio del ser que desea. El paraiso del Peepin'Tom. Y asi, "Peeping Tom's Paradise" se titulaba el último corto vintage de anoche. Lo protagonizaba la fantástica Betty Blue, preciosa morenita de cabellos muy años cuarenta. Ingenua perversa algo parecida a la impar Ella Raines de Hollywood. Desde el ojo de la cerradura contempla la cámara el desvestir de la señorita, que es lento, reposado, ensimismado y lascivo. Cuando acaba en el sofa, sus muslos se rozan entre ellos, acaricia sus senos sin estridencias para después posar las manos casi imperceptiblemente sobre el sexo, su recorrido enseguida baja a las piernas en lo que es una metáfora naif de la masturbación femenina. Lo morboso se agudiza desde el momento en que ella nunca mira al objetivo porque se supone que nada sabe de mirones, el resultado es más excitante todavía. Pero la chica al final se da cuenta y arrobada se tapa como puede para terminar con su preciosa carita hecha de feos mohines. Fue la revelación del lote.
La explotación del cuerpo femenino es milenaria y como tal hace dificil que encontremos aspectos nuevos que puedan depararnos sorpresas a los erotómanos. Busquemos en lo vintage por que alli hay maestras que supieron utilizar su cuerpo de una forma nada grosera, como si de un juego se tratara, incluso elevándolo a la categoria de arte para el placer del buen aficionado.
Yo tan sólo aguardo que pase rápido una semana porque el próximo lunes tengo cita con la única Lili St. Cyr. Me ha prometido que viviré una inolvidable Bedroom's Fantasy y estoy que no quepo de gozo.

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