Tuesday, March 07, 2006

Mi noche con Ajita. Primera parte

Cuando era un dieciseisañero me iba con mi amiguito Javier a ver muchas películas eróticas al cine de barrio de mi ciudad. Era un cine dedicado exclusivamente a proyectar un sinfin de bodrios de este estilo que por aquella llevaban la clasificación S en su carta de presentación. Era cine tristón, aburridillo, sin pies ni cabeza y machista hasta la náusea. Era heterosexualidad exacerbada con toques de escandaloso "todo vale" que en el fondo "no valía nada".
El erotismo de calderilla se complementaba en aquella sala con algun Spencer & Hill, las italianadas copionas del cine comercial norteamericano y poco más. Si lo paras a pensar, era un tiempo inocente pero muy subdesarrrollado. En la mente de un crio con ganas de emociones fuertes todos los carteles que dibujaba el gran Jano tenían el poder seductor de las cosas prohibidas. Cosas a las que había que acceder como fuera. Los lobby cards exhibidos en los paneles eran jugosos y ridiculamente osados: a menudo los pezones, coños y pollas eran tapados con estrellitas o puntos negros ( que yo pensaba que eran concursos del rasca y gana, tanto fantaseaba el niño). El añadido del sólo para mayores de 18 años, y el contiene escenas que pueden herir... terminaban de rematar mis ansias por traspasar aquellas cortinas de terciopelo que separaban el ambigú del patio de butacas. Y lo hacía a menudo, puesto que la vista gorda del taquillero era realmente de oftalmólogo. Se le escapaban hasta los niños de teta.
Viendo "Calígula" me aburri de lo lindo. En "El precio del aborto" no entendí dónde ocurría el crimen, tan mal explicado estaba todo. En "Macumba sexual" el susodicho ritual me provocó el efecto del actual SEDOTIME. Estaba visto que no podía ir solo al cine aquel. Con Javier por lo menos las risas estaban aseguradas. Los domingos por la tarde estaba a tope de pueblerinos. Algunos acudían por libre, otros con las novias. En general la visión del sexo simulado les bastaba para salir cachondos de alli. Yo he de reconocer que nunca consegui una erección. Lástima que no fuera el Carretas, cine sin tetas.
Y toda esta introducción vale por la noche de ayer en la que repasé títulos que conformaron la mini gloria de una reina del soft core ( que con el cambio de década se volvió hard). Ajita Wilson, estupenda dama, elegante, brava, sensual hasta decir basta...Las heroinas del cine S eran putarracas magníficas, regordetas y pimpantes. La Raquel Evans era chilena, la Lynn Enderson como extranjera. Españolas eran Carmen Platero, Azucena Hernandez (pobrecilla) y Sara Mora, por decir unas pocas que se me vienen a la mente en este preciso instante de la siesta sin siesta.
De todas ellas, la más enigmática y sensual fue esta neoyorkina, afrodita negra ( como el título de una de sus más picantes cintas) y que nació George Wilson, o sea , que era transexual. Esto no lo confirman todas las biografías de la actriz. En otras se habla de que su verdadera identidad era femenina e incluso que procedía en realidad del Brasil de las macumbas. Sea como fuere en modo alguno habría que entenderla como una Laura Gemser del pobre. Como personalidad fue autónoma e intransferible.Bien es verdad que llegó en una época en la que la blacksploitation arrasaba en Estados Unidos. Lo de ella también fue black pero con sabor eminentemente mediterraneo. La serie B y el subproducto made in Europe le pertenece. Su debut como una suerte de Linda Lovelace de tez oscura no fue muy prometedora que digamos. Pero era divertida aquella Garganta profunda negra, con los gurús que estudian a la moza el origen de su tremenda ninfomanía. La película por la que empezaron a ser apreciadas sus bondades naturales fue La princesa desnuda. Dirigía el italiano Cesare Canevari, el mismo de "La última orgia de la Gestapo". Ajita se enfrentaba aqui a la sensualidad suprema de Tina Aumont. La Aumont era extraordinaria con esos aires que se gastaba de lolita viciosilla y repintada. La belleza heredada de mama ( Maria Montez) y de papa ( Jean Pierre Aumont) eran ya garantía de lo mejor. En esta película manifiesta aún por encima una malsana atracción hacia Ajita, lo que hace al espectador esperar como agua de mayo el encuentro sexual entre ambas, que no se produce ni por asomo, por lo menos no como debiera. La trama política carece de interés. Nosotros nos quedamos con los atuendos de Ajita (coloristas turbantes de plumas, túnicas doradas muy próximas a la moda ad lib, amén de sus inevitables vestidos rojo pasión; uno de sus colores favoritos y que lucía como nadie) y con la secuencia de la orgia con porros que no está mal. Aunque no se sabe bien si aquello es un rito sagrado africano o un despendole comunil de hippys desubicados en la era de la disco music; lo que queda claro es que a la Princesa Desnuda todo aquello le sienta muy mal pues le vienen desagradables imágenes sadísticas del pasado donde castra a un negro con tremenda espada. Hacia el final de la cinta Canevari se pone felliniano para sonrojo general con una cama redonda con enano incluido y en dónde se intercalan planos erótico festivos de un circense surreal de muy dificil digestión.
Black Afrodite (78) era una coproducción italo-griega dirigida por un tal Pavlos Filippou. No se sabe muy bien a que género puede pertenecer este bodrio. Es lo chungo que tenían estas pelis con clasificación S. El público se hacía unas falsas expectativas y después uno se encontraba farragosas historietas seudo políticas, con guiones infumables dónde a menudo aparecía el fenómeno del terrorismo internacional o las tropelías de regímenes dictatoriales en estados bananeros. Lo S eran las dosis elementales de erotismo, que en esta había a tutiplén. Lo importante es que hubieran unas violaciones de la hostia, unas tipas de impresión con deseos sáficos de no te menees y poco más.
De Black Afrodite recuerdo sus muchos casquetes , que Annik Borel era una francesita muy hermosa y que al final mi Ajita lucía un bañador de piel de tigre y unas botazas que realzaban su esbeltez proverbial. Con un fusil en las manos era una amazona para poster, con gran clase, aunque la peli fuera una mierda pinchada en un palo.
Su salto al cine español viene con La Pitoconejo (79, Z. Urbiola) que a lo mejor te suena algo si tienes cierta edad y eras asiduo de publicaciones como el Party, el Lib o el Papillon. El fenómeno trans estaba en su momento más álgido: Bibi, Amanda, aquella que imitaba a Barbara Rey que ahora no me acuerdo del nombre y Eva Coati. Todas eran asiduas a este tipo de publicaciones de la transición. Y la película de Zacarias Urbiola fue tan importante para la normalización del fenómeno trans como "Gay club" lo fue para el homo, o sea, un desastre. Pero por lo menos, a nivel técnico hubo alguna participación italiana ( que siempre tienen más sabiduría para el tema erotico-festivo) y la Wilson posaba volcánica encima de buenas motos. Menos da una piedra. Con el paso de los años sólo hay una imágen que permanece en el recuerdo de Maciste: la de la trigueña Eva Coati cubriendo a Ajita, o sea, metiendole el pito. Daría que hablar.
En cuanto a Libidine (79, de Raniero Govanbattista) lo único que me aparece en la mente es el hecho de que la protagonista, que no era Ajita, follaba con una serpiente enorme. Estupendo acto de bestialismo que incluía un primer plano de su coño introduciendo en él la cabeza del bicho. La Wilson en aquella ocasión tuvo que conformarse con fingir maravillosamente bien un orgasmo apoyada a una mesa de la cocina ( si, si. Antes que lo probaran en ese sitio el Nicholson y la otra).

continuará el martes que viene

1 Comments:

Anonymous Anonymous said...

En los cines de capitales de provincia y pueblos era más fácil acceder los menores de edad a las películas para mayores de 21 o 18 años que en Madrid.

12:19 PM  

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