Thursday, March 30, 2006

La Mina alla Bussola ( nel'73 )


Un contrato sentimental. La relación de la diva suprema con la sala de fiestas tiene el vínculo de las cosas inmateriales. Parte de la leyenda que conforma el universo Mina se enraiza en el palcoscenico de la sala Bernardini desde los últimos años cincuenta, con la tigresa diecisieteañera pero que ya iba afilando garras. Con sus padres acudía de público para ver artistas melódicos, jam sessions con músicos de jazz y conjuntos cómico-vocales ( de los que su Italia tiene gran tradición). Soñando con triunfar justo allí. Y triunfar triunfó. Artista de ralea universal, parangonable en fuerza y pasión a una Piaf, a una Kalsoum, a una Jurado...sólo que nació en el pop y eso ciertos públicos aún no se lo perdonan. Fue hija de su tiempo y evolucionó en el correcto camino: o sea, llenando el repertorio de standards nortemericanos, de boleros y bossa novas. No olvidemos que ella introdujo en Italia al cadencioso Vinicius a principios de los sesenta ya, o el "Nadie me ama" (todo un bolerazo descomunal y de profunda amargura) insuperable en su voz y que lo grabó en el 64 (lo suelo poner en casa en los momentos más masocas de mi soledad y siempre me deja hecho una fosfatina).
La relación con el público exigente del Bussola ( de un nivel de exigencia distinto al otro público "exigente" de los festivales de San Remo) se remonta por lo tanto a las antípodas.
En 1.973 la artista está curtida en desengaños, decepciones y pérdidas. Y aun asi no da soberbia en el escenario, da inmensa. Es una mujer fatal, una ogresa terrorífica al estilo Fredda o Bava ( es la Canale de la canción, de la gran canción italiana). Urlatrice con colmillos de vampira que succiona emociones a ritmo de orquesta en vivo. Cuando la gente hoy en dia canta en playback engaña al respetable, transforman el arte de entretener, de comunicar, en estafa de feria. Incluso las grandes se han replegado a la dictadura del sonido pregrabado. Escuchar, sentir, vivir a la Mina del Bussola 73 es fascinante ejercicio de virtuosismo desnudo y sincero. La Mina suda, sangra, se entrega. Tiene, como la Jurado, estampa de bestia magnífica. En los standards de Porter se balancea, se mece en su voz maleable provocándonos sensaciones embelesantes. En el repertorio italianísimo, es melodrama sin ópera. Tiene un basto currículo de tragedias que sabe dosificar pero en su seguridad y firmeza, no ceja un minuto de entregar lo mejor de su garganta. Como la Garland va de excesiva porque es mujer total...pero mediterranea: o sea, loba capitolina cual Magnani en palazzo.
No me extraña que sea icono gay universal. Las tiene todas para emborracharnos con sus brujerias. Austera en el vestuario, un vestido negro que realza su esbeltez, su altura de giganta de la canzone, su pelambrera suprema (posiblemente ya pelucón, pero da igual. Como mujer calva supera a la de Ionesco) y ese recargado maquillaje, ese pintarse los ojos tan de la época realzan sus miradas implacables, como de loca ( y según la leyenda, Mina está loca, vive sola en su castillo, retirada del mundanal ruido. Sólo lo abandona cuando una vez al año sale a grabar su disco doble de rigor). Interpreta el Sobreviviré del que la vergonzosa y hoy olvidada Monica Naranjo hizo versión ( una versión repugnantemente gay destinada, claro, a que las mariquitas más lloronas de Chueca se corrieran por la pata p'abajo cuando en realidad la original era de una pansexualidad sublime). Al parecer la estrella estrellada fue a visitar a la tigresa a su casa y al escuchar lo que había hecho la fulana lo desaprobó gentilmente. Poco tiempo después declaró la Mina a un medio de comunicación que hoy en dia cualquiera se llama artista. Tiene como único aspecto a su favor la Naranjo para alcanzar esa condición el haberse también vuelto loca, pero nada más.
Mina y la Bussola. Apoteosis final: dialogo con los instrumentos. Vence la cantante. Lo jazzy lo transforma en soul. Bravia como una bestia parda de Menphis. Aplausos del respetable. Ya la conocían de sobra. Estaba en lo mejor de su carrera profesional. La piú grande.

1 Comments:

Blogger huelvo said...

Adoro a Mina, a Gil de Biedma, soy gay. Soy hipocondríaco. Y me reconozco hasta en tu sintaxis. Me niego a pensar que si me reconozco en tus gustos y en tu forma de escribir sea debido a nuestra "gaydad". Me niego.

3:05 PM  

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