Saturday, March 11, 2006

Infancias verdes. Capítulo séptimo

Tendría nueve o diez años cuando TVE empezó a emitir los viernes por la tarde una serie familiar que hizo historia. Hoy recuerdo "Con Ocho Basta" con nostalgia y mínima mirada crítica. El título original era Eight is enough y narraba las peripecias de una familia numerosa de Sacramento capitaneada por un papa periodista con un tufillo republicano que tiraba para atrás. Se llamaba Tom Bradford y estaba a años luz de Lou Grant. Pero los yanquis siempre supieron vender sus mensajes tranquilizadores, sus moralinas conservadoras con un arte sin igual. El entretenimiento que nos proponían los guionistas siempre estaba asegurado, porque todos y cada uno de los personajes tenían un encanto especial, un "algo" que comunicaba muy bien con el basto público al que iba dirigida la serie. Y por descontado para un niño como Maciste, capaz de engancharse hasta a la carta de ajuste, supuso todo un acontecimiento. En clase de música incluso más de una vez dejé pasmados a mis compañeros interpretando con la flauta dulce el tema original de la serie. Me pedían bises y todo para cabreo del profesor que no entendía de dónde salía aquel soniquete tontorrón. Pero había aplausos del respetable porque ellos a lo mejor aún estaban con el Cánon, o si no sufrían de calambres, la Gatatumba.
Hubo un primer capítulo llamado piloto con algún que otro actor que inmediatamente fue relevado. Es el caso del hijo mayor, David, que de un relativamente ya conocido Mark Hamill (lo rodó el mismo año de Star Wars) pasó a ser interpretado por un desconocídisimo Grant Goodeve. Y el otro caso fue el del siguiente vástago varón en orden cronológico, Tommy, que de aparecer bajo los rasgos de un anónimo Chris English a partir del segundo capítulo lo tomaría como suyo el más conocido Willie Aames ( que desde entonces sería un ídolo de jovencitas de carrera fugaz pero para mí inolvidable).
En su primera temporada había una mamá. Pero la mamá muere en el último capítulo de la tanda y nos dejó a todos hechos una mierda. Así de sentimentales eramos, o era yo, que ya sabes que era mucho. Y es que esta familia tipicamente USA quedaba de alguna forma desestructurada, cojita en uno de sus pilares fundamentales. Y Tom Bradford apesadumbrado, hundido en la miseria de su mentalidad retrógrada (no llegaba a ser el Martinez Soria de Sacramento pero ya tendría tiempo para serlo). Además el hecho de tener tantos hijos, que era legítimo acicate ideológico, suponía el encontrarse obligatoriamente con un problema detrás de otro. Y vive Dios que aquellos niños no eran unos maleantes terribles, que eran sanos y como de comic para niñas. Y aún asi el peso que recae sobre el padre lo sobrepasa hasta un límite cristiano. Es por ello que a partir de la segunda temporda se incorpora al elenco una especie de institutriz, Abby que interpreta la guapa Betty Buckley. Paciente, femenina, enrrolladita hasta extremos inconcebibles, es el soporte de un padre deprimidísimo pero que poco a poco vuelve a ver la luz. Y esa luz es una suerte de halo de energía seductora muy parecida al enamoramiento. Ambos se unen sentimentalmente en lo que llamaríamos lazos de amistad íntima que provocaban la comprensión del espectador más tradicional, deseando que la pareja pudiera acabar en el tálamo, tan bien habían conectado. Sin embargo, la mente de los guionistas prorrogaría el enlace hasta los últimos episodios creando una tensión "sexual" que no se volvería a ver tan a las claras hasta que apareció "Luz de luna" con su horripilante pareja de protagonistas.
En esencia la serie era una vuelta de tuerca a la historia de la familia Von Trapp, sólo que en otro pais y con unos niños más talluditos. Porque sin duda la edad de todos ellos estaba en una media de los quince años. El más pequeño era un criajo pecoso, feucho, respondón, traviesote y adorable ante mis ojos que respondía al nombre de Nicholas. Era él el centro de las miradas, siempre que aparecía en una escena sabíamos que iba a despertar en nosotros una sonrisa o una adhesión ternurista segura. Era un poco el niño de Kramer contra Kramer y el del remake de "El Chico" de Chaplin. En simpatía no hubo otro igual hasta la llegada del Tito de "Verano azul". Cuando fue creciendo perdió en espontaneidad y se volvió feo del demonio.
En mi cabecita lo recuerdo gran protagonista en el capítulo ( que se dividió en dos partes) : No, Nicholas, Santa Claus no existe. Lógico que me quedara grabado, los yanquis bordan las historias navideñas. Son asi.
Las chicas eran mayoria. Estaba Mary, siempre responsable, con carrera universitaria. Elisabeth, que estaba buena de la hostia. Susan que era deportista y dinámica. Nancy que era una Nancy, o sea una muñequita aspirante a modelo, dulce y cursi como está mandado. Y por otro lado David, el mayor, el problemático hasta el punto que decide emanciparse y vivir a su manera. Tommy, mi Tommy, el caprichito de las nenas, adolescente inquieto, salidillo hasta el decoro...Y el ya mentado Nicholas. Todos ellos me caían muy bien. Los identificaba como miembros de mi propia familia, y mi familia vivía muy separada de mi, desde luego. Pero aquellos chicos eran como mis primos. De hecho, como los Bradford yo tengo más primas segundas que primos segundos ( hablo de segundos por mayor proximidad en edad. Mis primas carnales pueden ser mis madres).
En cuanto a sentimientos eróticos lo tenía clarísimo. David estaba como un tren. Qué ojos, qué cuerpazo de americanote standard. Algo simiesco de cara pero resultón en el fondo. Lo que pasa es que no salía siempre, como iba a su bola...El verdadero enganche lo tuve con Tommy. Era el prototipo de ídolo juvenil en los años setenta. Espesa y rizada pelambrera, rubiales a más no poder, carita de ángel con algo de golfante...y dinámico y ligón como para que no te fijes en él. Willie Ames heredaba en parte el rol que dejó a principios de aquella década David Cassidy en la serie "The Partridge Family". No tuvo su carisma, ni cantaba tanto pero rompió sus corazones. Cuando Cassidy arrasaba Aames ya era un discretito niño prodigio dentro del pelotón de amigos de Mickey Mouse. Sus apariciones televisivas de infante le sirvieron para coger cierta desenvoltura ante las cámaras. Con Eight is enough parecía que el chaval fuera a despegar. Al punto fue requerido por el cine. De todas formas no supieron que hacer con él, asi que tiraron por el efecto mímesis y de forma escandalosa crearon un plagio del ya plagio " El Lago Azul" del tandem Atkins and Shields que se tituló "Paradise". En este caso la virgen fue una deliciosa Phoebe Cates que también se convertiría en un sex symbol breve pero a tener en cuenta. Asi que en aquel final de década todas las aspirantes a cheerleader suspiramos por los rubiales efebos: Mark Hamill, Chris Atkins y en menor medida el televisivo Willie Aames abarrotaron las revistas de fans en medio mundo.
Aames era habitual en la española Superpop, por ejemplo. Yo esta la hojeaba en el colegio con una verguenza enorme. Alguien la traía y era como para tocarla lo menos posible pues corrías el riesgo de que te llamaran niña o su equivalente masculino: sarasa. Aun por encima la propia revista parecía que te ponía ya en evidencia pues aparecían en el fondo inferior de algunas páginas el dibujo de una mariquita ( el insecto) y que formaba parte de un concurso pero que yo en seguida identificaba como la inquisidora forma que tenían los propios responsables de la publicación de señalarte en plan aviso de que los lectores o eran niñas o eran niños raritos.
Pero volviendo a la tele, Tommy supuso un antes y un después. En mi época más fantasiosa de criajo yo me inventé un hermanito (soy hijo único) bajo los rasgos de aquel mozo. Llegué a creérmelo mientras se lo hacía creer a los demás compañeros. Como mis amigos íntimos cuando venían a jugar a casa nunca lo veían yo tenía que decirles que se había independizado y que vivía con su novia en otra ciudad ( en esto tomaba prestadas las características del personaje de David). Y por la noche, de vez en cuando, cometía incestos muy ricos a cuenta de mis irrealidades de guionista de soap operas.
Fue un hijo de buena familia el que me cautivó . Habría que esperar unos cuantos años más para que la historia se repitiera. Esta vez bajo la apariencia física de Kirk Cameron en "Los problemas crecen". Pero eso ya ocurriría en los ochenta.

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