Sunday, March 19, 2006

El dia de los Josés (2)

En mi vida hasta ahora y que yo sea consciente han habido tres Joses importantes. Cada uno con sus peculiaridades, con sus virtudes y defectos, con sus diferentes grados de mayor o menor relevancia. Amor y sexo confluyen en los tres de una manera apasionada que me llevaron un dia a decidir que me iba a pasar los restos diciendo Jose, te quiero. Lo que pasa es que es un nombre demasiado común en este pais. Es lógico que incluso en el futuro me siga topando con más chicos que se llamen asi ( nunca Pepe, cosa curiosa. Los tres renuncian al apelativo quizá por encontrarlo demasiado vulgar o tal vez por el hecho de que ese Jose forma parte de un nombre compuesto del cuál prefieren quedarse con el primero).

Jose I
Con el primer Jose entable una tormentosa relación en 2001 que se alargaría a trompicones hasta 2005. Fueron cuatro años en los que descubrí las grandezas y las miserias de las relaciones sexuales consentidas. Abarcando otros matices sin duda tan dolorosos como la falta de compromiso, el poco amor del otro, el hastío, la monotonía y el puto interés. Este muchacho al que me acercaré el mes que viene con más detención me dió ejemplos de auténtica filigrana interpretativa. Y yo, que vivía en una constante ficción de manera consciente pero aún conservando una última chispa de esperanza de que todo aquello fuese real, me dejaba llevar por el frenesí de los mejores momentos. Y él también me dedicó montones de horas de buenos momentos. La frecuencia con la que nos veíamos era diaria y eso, quieras o no, favorece que te enganches de una forma obsesiva a la persona. Lo mío fue obsesión, sin duda. Si algo de lo que sentí por él fue amor entonces sería como aquél de la inolvidable canción de Mickey & Sylvia. Extraño y demoledor. Porque me anuló como individuo desde mi contradictoria fantasia. Y lo más grave de todo, sacó lo peor de mi. Yo no era yo, y a él, siempre distanciándose de mi película montada, lo traté de arrastrar al infierno en el que me había metido con su ayuda inapreciable. Un horror.

Jose II
Del segundo Jose nunca te hablé nada, porque casi nada sé de él. Pero es un caso curioso el de este chico. Mi relación he de aclarar que es meramente sexual, polvos esporádicos desde hace cuatro o cinco años en primero lugares públicos y luego en mi casa. Para rizar más el rizo de las casualidades este Jose también es escayolista, como mi actual mozo.
Empezaré por el principio. Esta ciudad donde vivo es pequeña, a poco que seas observador conoces a casi todo el mundo que se desenvuelve por la zona centro. Yo conocía a este muchacho cuando él era un adolescente ( me ha confesado hace poco que tiene veinticinco años). Yo ya superaba los veinte. Lo veía a menudo los domingos con su pandilla en los salones recreativos jugando al futbolín. Eran de barrio, pero de barrio bajo, bajo. Del barrio con peor fama de la capital. Esto no tiene por que implicar que portaran navajas o droga en el ano , en absoluto. Sólo que en lineas generales no son chicos de familias pudientes. El siempre con chavalas. Me fijaba en su físico porque siempre me pareció apetecible de más: fuerte, bien formado, el típico futbolista de barriada. Y su cara de golfo, eso si. Lo mirabas a los ojos y sacabas la conclusión de que esa misma tarde se iba a tirar a la pava aquella de la minifalda imposible que había venido con él y que lo miraba como comiéndoselo. Ya, no dudo que asi fuera.
Te hablo de historias de hace diez años o más. También por casualidad lo vi entrar dos o tres veces a baños públicos (no de mucho ambiente ). Era discreto, casi invisible, se introducía en un retrete y salía sin más. Nada que me hiciera sospechar de sus inclinaciones bi. Pasaron dos años y el muchacho reapareció más a menudo por los recreativos. La novedad es que ya no venía con gente de su edad. En cambio se empezó a arrejuntar con un casi cuarentón, abiertamente pederasta de niños muy jóvenes que solía pulular por la zona de juegos. Me espantaba aquel tipo que deslizaba con disimulo su mano sobre culitos de ocho o nueve años, a lo sumo. Me pareció un repelente. Con el tiempo descubrí por la televisión que era cantautor. Muy bien. Tenía un aire físico a Amancio Prada...¡pero no era Amancio, ojo!. Una tarde (y dos también) los veo en la cancha de basquet del pabellón jugando sólos: el cantautor, Jose y un crio muy pequeño. Las palmaditas en el culo que le propinaba el gavilán pollero al machito me partían el alma. Alli había tomate. El otro como que lo rechazaba ( su culo sigue siendo infranqueable). Pasado el tiempo todos desaparecieron.
Pero un afortunado, venturoso dia, uno de los más emocionantes de mi caliente juventud el Jose del barrio bajo reapareció en mi vida y gracias a mi loca calentura consegui lo que jamás se me hubiera pasado por la cabeza conseguir. Que fue que me follara. Todo ocurrió muy rápido. Entra en un retrete de un sitio, esta vez de cierto ambiente, y yo desde el contiguo empiezo a soltar por esta boquita marranadas. Me daba igual como reaccionara. Y reaccionar,vaya que si reaccionó. Se subió al muro que nos separaba y observó mis actos: un número de strip tease que a mi me pareció tórrido. Me sonrió, aprobaba lo que estaba viendo. Era tórrido. Volvi a invitarle a que entrara, la puerta la tenía abierta, como mi boca y mi culo. Todo estaba a su entera disposición. Rechazó la invitación sin convicción apenas, tibiamente, pero al medio minuto de volver a meterle prisa ya estaba conmigo. Y el encontronazo fue brusco, lleno de impulsos apasionados. Y él cumplió perfectamente. Es lo que se suele llamar un toro. En todo el dia no pude dejar de pensar en él, en las sorpresas que nos depara esta vida. En lo mucho que me había gustado. Reunía todas las características que me gustan de los tios. Estaba claro que era bisexual.
Nos volvimos a encontrar dos meses después, en el mismo lugar, a la misma hora. En sucesivos encuentros le sonsacaba su biografía. Estaba casado. Era escayolista. Venía en el autobus de las 3 de la tarde del barrio. No era del ambiente. Perfecto. Alli me tuvo en el mismo lugar y a la misma hora desde entonces hasta la actualidad. Y la espera muchas veces se me hace insoportable porque dos meses es muchísimo. Pero el que espera ya se sabe que desespera, y en cuestiones de desesperación soy un auténtico mártir de la causa. En unas fiestas patronales lo vi con su señora y empujando el cochecito de un crio. Más datos: ha formado una familia típica española, con la otra y todo. Terminamos haciéndolo en casa. Todo un acontecimiento porque su discrección y frialdad a nivel de sentimientos es antológica.
En cambio su destreza con los dedos es pasmosa, no creo que se negara a practicarme un rollo fist si se lo llegara a pedir. Todo se andará. Me gustan valientes. Este verano pasado en el que yo estaba sumido en una depresión para no tomarse a coña estuvo llamando a la puerta de casa en tres ocasiones. Ni me enteré porque yo no abría a nadie. Pero cuando me lo dijo me pareció maravilloso que hubiera dado un paso asi, que indicaba por su parte normalidad en lo nuestro. Quiero decir que él y yo ya eramos un poco amigos. Y ahora paso al Jose nº 3 que este me quedó en un estilo típico de las horribles confidencias que hacen los lectores en las revistas gays para la sección cuéntame tu experiencia.

Jose III
Del tercer Jose he de decirte que a dia de hoy estoy de él bastante desilusionado. Podría estar en vez de eso bastante desesperado pero ni fuerzas tengo ya para sentir abismos. Tal vez sea un estado de ánimo concreto que pueda variar con el tiempo. Y aqui ha surgido la palabra clave. El tiempo deberá resolver nuestra separación circunstancial. Roto el brazo su madre deberá cuidarla hasta que le dure el tratamiento. Son dos meses. El problema de Jose es similar al mio: hijo único con poca ayuda familiar. Ahora la vieja lo tiene sujeto, y bien sujeto. Como la mía en mi caso. Igual. Sólo que yo no aguanto verme separado de él. Y él me da que si. Asi que cuando reflexiono, en vez de razonar positivamente pienso en los defectos del chaval y entonces concluyo que nuestra relación no era todo lo perfecta que yo creía en un principio. Esta misma mañana le llamo para felicitarle el santo, y de paso, que me confirme que este va a ser otro domingo de separación. Efectivamente, hoy tampoco vendrá. Pues bien, su parquedad de palabras, su curiosa estoicidad parecida al zen me crispa los nervios. Entonces contraataco con leves pero firmes reproches que él pasa de captar. Me doy cuenta que se debe todo al tratamiento por neurosis que está llevando desde hace un año. Y es ese mismo tratamiento el que puede que cause el resto de mis malestares: su apatía sexual, mismamente. El que él le de preminencia a la amistad sobre el sexo es loable, hasta razonable. Pero en mi no es suficiente. Yo lo tengo claro, necesito un amigo que me de algo de caña, no pido mucha. En ese sentido en vez de andar con tiento y analizar el estado de salud del muchacho lo único que hago es recriminarle mediante contestaciones esquivas su frialdad erótica, cuando no termino preguntándome si en realidad estoy con un homosexual o qué ( en este útimo caso mis conclusiones son atroces: vacilando al definirlo con términos que van entre el inmaduro y el asexuado ). O sea que entraría en el terreno de las descalificaciones. Y como que no, que no quiero yo quedar de ingrato con un chaval que me ha resuelto tantos problemas domésticos y apoyado a nivel moral. Aparte que le tengo mucho afecto. Entonces si que sería yo el inmaduro, el niño que le dejan sin el juguete del sexo. Pero de buenas a primeras cómo explicarías que en ocho horas juntos no acepte ni un simple ósculo ( en vulgo, beso) en los labios y sólo se muestre complaciente llegada la medianoche.
Reconozco que hay detalles que me da verguenza exponérselos. Ahora es evidente que esta separación forzosa impedirá no sólo que esto se vaya a producir a corto plazo sino que es posible que ambos nos olvidemos el uno del otro tout court. Esto no lo creo del todo pues en más de una ocasión me confesó que es bonito contar con un amigo en la capital. Como guia de turismo urbano debo ser. Mierda, si por lo menos fuera más expresivo cuando le telefoneo, si me hubiera dado esta mañana una esperanza de un posible reencuentro en breve o cuando acabe la yesitis... Aunque no sé para qué. Ah, si. Para cultivar la amistad, ya.
Esto nos pasa por vivir lejos el uno del otro....He de tener paciencia. Si es que siempre acabo con la misma frase. que ya es frase hecha. Paciencia, si. Pero los hados vienen a la contra.

1 Comments:

Blogger Esteban said...

Hola Maciste.
Lo jodido de hacerse a uno mismo las preguntas es saber que serás tú y sólo tú el que diga las respuestas. Animados por esto seguimos preguntándonos y respondiéndonos, pues una cosa nos lleva a la otra en ese caída libre a la que siempre nos conduce este ejercicio en soledad. En compañía, la historia cambia. En el mejor de los casos, siempre hay un ratillo para hablar de nosotros; en el peor, hablamos pero ninguna de las preguntas se dirige hacia dentro, hacia esa unión. Estamos bien como estamos, jodiendo pero jodidos.
Vivimos buscando, Maciste. Todos buscamos algo. Unas búsquedas son fáciles, otras más jodidas de encontrar; pero supongo que continuamos por la puta curiosidad de saber qué puede ocurrir con todo lo que se nos cruza. De niños, leímos cuentos con finales felices, de esos que tras leer la última línea a uno le quedan despejadas todas las dudas que podían surgir sobre la felicidad de esos príncipes, a los que abandonamos comiendo perdices en el banquete de bodas.
De alguna manera, queremos nuestro banquete. Lo buscamos; puede incluso que desde ese primer día en que uno, aparentemente, abandona la infancia. Lo que es cierto es que no tardamos en besar ranas con la ilusión de que se conviertan en príncipes o princesas. En nuestro caso, no hay muchas ranas en el charco (algunas ni asoman la cabeza aunque no paran de nadar). No tenemos ese consuelo que se da en “heterolandia” que siempre acuden al mar para hablar de la cantidad de peces que aún quedan por pescar. Nosotros somos cuatro y el gato; parecemos más porque nos movemos mucho por eso de no repetir polvo ni paja. Pero convéncete: con los cojones donde los hay que tener... cuatro y el gato. ¡Así que con esos tenemos que hacer el cuento, si eso es lo que buscamos! Nuestro cuento. Para eso, nuestra rana tiene que ser... pues como uno la ha imaginado desde siempre.
La vida, que para eso es puta, nos premia tanto con lo que no queríamos encontrar, como también con lo que buscamos. Tanto en un caso como en otro siempre hay momentos que son... (¿cómo definirlos?) MARAVILLOSOS; al lado, como ese guardaespaldas que no abandona la sombra, otros que son asquerosos, infernales, apáticos, grises. Pese a todo, en ocasiones continuamos (no nos gusta perder, somos conservadores) hasta que como decía la canción, no hay más cera que la que arde; en otras, saltamos tan rápido que ni tiempo nos da para un adiós en condiciones.
Digo todo esto, Maciste, porque al final este artículo tuyo me ha sugerido una verdad que se nos escapa. Lo que buscamos nunca lo encontraremos en su totalidad. Jamás estaremos con ese hombre que nos llene, y al que podamos llenar, de un modo pleno, sin fisuras. Ese hombre que imaginamos al montarnos nuestro cuento, al final, en nuestra vida, no es más que la suma de muchos rostros. ¿No harían los tres “joses” un Jose perfecto?
Bien, creo que ya desbarré lo suficiente. Un abrazo. Y a falta de paciencia, ¡ánimo, mucho ánimo!

4:46 AM  

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