Thursday, March 02, 2006

EL DIA DE KIKI Primera Parte

Hubo una vez un programa de radio en una emisora municipal, a veinte kilómetros de donde yo vivo que se llamaba Panda Pops. Lo conducía este que te escribe a diario. Su historia abarca tres años de mi vida. Los recuerdo intensos y emocionantes. Polémicos e ingratos a veces. Pero si algo me reportó aquel programa que arrancó en 2.ooo fue la oportunidad de conversar con personalidades excepcionales desde un punto de vista artístico y humano. Raras avis que se separan por su diferencia de la mayoría, enriqueciendo las ondas y por extensión ampliando mi admiración hacia ellas.
Kiki D'aki, por entonces, Maria José Serrano, de profesión otra fase de su vida, fue además una artista que me hizo soñar a través de su voz serena, languida, llena de matices y arropada por melodías de amor que me remitían ya no sólo a mesas camilla de vainicosas esencias sino a espacios abiertos en laxitud. Hablaban de balnearios, futuros inciertos, condescendencias ante infidelidades amorosas o del choque del individuo ante el marasmo de la urbe.
Yo era un adolescente y descubrí a Kikí asi, aureolada de intelectualidad en una movida madrileña no exenta de esta, y siempre asociada a la figura del Zurdo.
Por entonces, cuando la entrevisté estaba seguro de que María José, desde su otra vida, la del siglo XXI, estaba harta de que le hablaran de Fernando Marquez, o por lo menos que se redujera su obra musical a un mero trámite entre Pigmalión y su Galatea. Hubo mucho más.
Al principio con las divertidas Chinas, Runaways menos vulgares, y después de su colaboración con el ex La Mode (si, su Maxi Single de amor), una etapa que me imagino Pattypravista, es decir, cantante con personalidad, misteriosa e irregular, con canciones perdidas y para mí ilocalizables.
Pero ante todo, Kikí fue para quien escribe (un fan) una amiga entrañable, cercana, acogedora, algo parecido a un amor platónico. Y después de todo el tiempo transcurrido sigo pensando que fue la gran musa de la movida. Mucho más coherente que Alaska y, por descontado, más fina que Ana Torroja.
Para mi fue todo un placer poder saludarla. Tenerla en Panda Pops fue todo un lujazo, en aquella tarde primaveral de 2001. Con sol y pastitas de te.
Dildo de Congost me había prevenido de su cerrazón de antemano para comunicar sentimientos ( algunos muy diluidos por el tiempo), de su timidez que era crónica, que era un ser muy especial. Como el Zurdo pero en tia. Con estas indicaciones y un rápido repaso a encantadoras viejas entrevistas en fanzines amarillentos me enfrenté a la situación. Y si bien es cierto que hubo partes de la charla en las que Kikí me pareció algo cortita ( aunque sin llegar a defraudarme del todo puesto que su personalidad sino estaba alli se intuía lo suficiente) en otras estuvo emocionante. Fue al acercarse al dolor, al recordar la muerte de un ser próximo que le motivó alejarse del mundanal ruido y volver a su trabajo de bibliotecaria chic. Escuchamos a las Chinas y había olvidado las versiones que hacían, hablábamos de cine y no decía títulos, salieron las Vainicas y estuvo ambigua en la apreciación crítica de su trabajo póstumo. Pero en cambio, daban ganas de comérsela en sus reafirmaciones poperas, en su culto a François ( yo la comparé con la francesa y ella se sintió particularmente halagada), le pinché a LeMans ( dijo que no los conocía, pero que eso era exactamente lo que le gustaba de la música: que hubiera sentimiento y buen gusto). Entonces no me contuve y le rogué que por favor volviera a meterse en un estudio de grabación, que su marido pintor y músico le escribiese algo que pudiera convertirse en CD. Que sería maravilloso que Siesta se pusiera en contacto con ella, que hay arreglistas y productores exquisitos como Errazquin o Ramón Leal que la admiran y que estarían encantados de poder trabajar con ella. Nerviosa se distanció de mi desmesurado entusiasmo, le daban miedo los saltos al vacío. La dejé algo tristona y con serias dudas de que hubiera funcionado la entrevista. Le contesté que había estado maravillosa y le pedi que me mandara sus maquetas ochenteras ( verdaderas gemas desconocidas). No me las mandó. No importa. Año y pico después Kiki me regaló a mi, y a todos sus fans irredentos, algo mucho mejor. Sacaba un disco extraordinario tras casi veinte años de inactividad al respecto dejándonos a todos con la boca abierta.

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