Wednesday, March 08, 2006

Cinco semanas en yeso

Paso casi toda la mañana con mi madre en el hospital para una revisión del traumatólogo. Me levanto a las ocho y echo un vistazo rápido a las descargas en el emule. Es posible que mañana ya tenga Brokeback mountain. No dormí nada bien. Anoche tuve unas palabras más que subidtas de tono con mamá, creo que fui excesivamente cruel con ella. Pero no soporto sus mil y una manías que me hacen perder una paciencia que nunca fue grande. Su actitud egocéntrica, la convicción de que todos giramos a su alrededor, el dar por seguro de que hay que rendirle cuántas más atenciones mejor me hacen reflexionar de si es que no se trata de una actitud egoista por su parte ( fue perdiendo amigas por el defecto de creerse el centro de la reunión, de ser primero ella y luego las demás) acrecentada más si cabe ahora con la edad y su estado de salud. El caso es que hay que hacerle veinte mil cosas y no tiene la más mínima deferencia para preguntarme qué tal me va mi muela picada ( esta semana he ido al dentista y en ningún momento me preguntó un simple ¿qué tal tu?). Claro que no tiene importancia. Pero si lo paro a pensar es como si estuviera cuidando a una extraña ( y por Dios que no ha perdido el juicio, que rige perfectamente). Un simple detalle por su parte haría que yo tambien estuviera a gusto en mi labor de enfermero de dia.
Asi que esta mañana tras visitar el ordenador y colgar en el blog una galeria que me apetecia me pongo a la lucha. Lo peor es montarla en un taxi, atascos, el cuentakilómetros, la clavada del viaje. Buscar en el hospital una silla de ruedas y andar de aqui para allá: se necesita una radiografia, pues abajo. Luego otra vez al traumatólogo a que enjuicie las placas. El calor es insoportable, las aglomeraciones me hacen imaginarme que estoy en plena guerra mundial: lisiados por todas partes, pocos huecos para descansar...Es estresante. Al final el traumatólogo da su veredicto (con alegria) : Esto está perfecto. Asi que cinco semanas con la escayola y se la sacamos ( previa radiografía, claro). Era de preveer, pero ¿a qué viene tamaña felicidad?. No sé, esto es de locos. Vuelta al puto taxi. Ahora mi madre entra mejor, pero aún asi...Llegamos a casa. Al bater. A la cocina. A desvestirla. A la compra. A hacer el rancho. Uf, es demasiado.
En la hora de la siesta me tumbo en el sofá del salón y me relajo un poquitín contemplando en el dvd la belleza skin de Klaus von Buecker. Sale en una de las primeras películas de Bruce La Bruce ( No skin off my ass). Me encanta el mozo, era lo que necesitaba. Un chico bonito parecido a Beckham pero en singular y haciendo la carrera. Si me lo viera por la calle seguro que me desconcertaría al no saber si me querría rajar o es que estaba ahí para darme un beso.. El fetichismo de los rapados, de lamer una buena calva que pinche un poco, del imperdible, de las chapas, un skin de guardarropia pero...Llegó en buen momento. Asi que se vaya a la mierda el traumatólogo feliz, incluso el Bruce la Bruce de los cojones, imitando a Warhol mientras mezcla la estética neo nazi con Rogers & Hammerstein.
Por la noche quedó en llamarme Javier. Pincha en el bareto del rock de al lado de donde yo vivo el gran Diego A. Manrique. Me tienta la invitación pero no estoy muy seguro de que acepte al final. Primero, que no creo que me apetezca porque ando cansado y luego que supongo que estaré atareado con algo relacionado con mi madre. Es una pena, pero hoy me siento también yo escayolado. Y asi seguiremos. Por lo menos cinco semanas más en yeso.

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