Thursday, March 23, 2006

Album de cromos "Sueños de juventud". Cromo nº 54: Freddie Bartholomew





La década de los años treinta es en la que mejor situamos en el recuerdo a este inolvidable niño prodigio. Fue, como en una de sus películas más famosas, el pequeño lord del grupito de crios que rondaban por la Metro Goldwyn Mayer de entonces. Su porte y maneras aristocráticas suponían para el estudio una novedad a retener pues iban sobrados de bravucones, golfillos y pícaros. Mismamente Mickey Rooney, ese hombre orquesta que cuando era un mocoso ya estaba cansado de limpiar botas y robar a viandantes en estrecha camaraderia con Jackie Cooper. Y es que Freddie venía de Inglaterra, era un niño con clase a pesar de que sus orígenes eran tan humildes como los de las pelis de Rooney. La relación que tuvo con sus padres casi fue inexistente, ya que lo crió su tia "Cissie". Esta dama a la larga se convirtió en una absorbente tutora y manager, capaz de manejar hasta extremos despóticos las clausulas de los contratos del muchachito.
Rodando exteriores para la adaptación del David Copperfield de Cukor fue descubierto el niño y en seguida vieron que era apto para que desempeñara el rol. Freddie apenas tenía experiencia en el medio, había hecho un par de películas sin importancia pero en seguida quedó atrapado por la factoria Metro al bordar en una interpretación llena de sensibilidad y ternura un papel para el que parecía haber nacido ( de hecho con el tiempo encarnaría a algún niño de hospicio o huerfanin indefenso más). Como David niño estuvo entrañable, la película sigue siendo maravillosa ( la mejor plasmación visual del universo dickensiano, David Lean aparte) con ese reparto ( típico all star cast de la época), con los bailecitos que se marca Freddie con su mami de la ficción...Tan ligeramente cursi como adorable, portando esa naricita respingona, con los rizos tan ensortijados, este niño siempre iba limpio. No como Rooney al que lo veiamos constantemente con sus bombachos descosidos por el modisto Adrian, con la cara siempre tiznada o sucio del betún que utilizaba en su oficio de limpiabotas (es de suponer que de usar ropa interior, que lo dudo, llevaría manchas de marrones, eso si: pintadas por Max Factor). Pronto los astutos productores de la Metro los enfrentarían a ambos en pantalla por un quitame alla ese patinete, en clara rivalidad de antitéticos. Pero antes tendría que ser el hijito de Ana Karenina, o sea de la Garbo, como siempre adúltera, en el nombre ahora de Tolstoi. Todos lloramos con la separación de madre e hijo. En cambio la que no lloró nada fue tia Cissie que veía como el sobrino se iba embolsando cantidades más altas de dinero por sus actuaciones.
En "Lloyds of London"(36) fue prestado a la Fox. Tampoco, como en David Copperfield, ocupaba la totalidad del metraje, al crecer el personaje se convertía en el divino Tyrone Power. Eso si, a cambio del traspaso de productora se aceptó que fuese cabecera del cartel.
Los padres de Freddie al enterarse de la inmensa fama del chiquillo tomaron cartas en el asunto de los beneficios económicos y pleitearon repetidas veces por la apropiación de su sueldo. En este sentido los juicios fueron una auténtica pesadilla para el menor, puesto que su tia era implacable llegando a obligarle a que alegara que no conocía de nada a sus progenitores. Los costes de los procesos salieron todos del dinero de Freddie que en un momento dado se vió en un brete económico. Después de haber ganado un dineral, hubo un tiempo en el que estuvo en la más perfecta ruina. Y todo debido a los tejemanejes de la familia.
Como sea que seguía siendo un campeón en taquilla pudo demostrar su poderío para ingresar dineros frente al barriobajero Rooney (por entonces el número 2 en el ranking de los niños mejor pagados de Hollywood. La niña nº1 seguia siendo la Temple, claro) en el filme ""El demonio es un pobre diablo" (36). En ella se juntó con ellos el pimpante rubito Jackie Cooper. Fue una peli deliciosa. Pero no lloramos.
Lo hicimos y mucho, en la adaptación de la novela de Kypling "Capitanes intrépidos" que dirigió Victor Fleming. Freddie estuvo tan sensacional de grumetillo déspota al principio y luego emocionante y tierno, como su compañero en alta mar, el marino Manuel (Spencer Tracy, aunque suene a obvio). Tracy lo llamaba siempre Pescadito, y tuvo uno de los destinos más tristes y patéticos de toda la historia del cine. Su agonia y muerte resulta todavia hoy en dia conmovedora. De niño recuerdo que me había marcado un montón aquel final sin concesiones. Inolvidable. Fue esta además la última gran película de este niño prodigio. A partir de entonces, entre pleitos y pubertad se introduciría en un cambio de rumbo que a la Metro parecía no importarle demasiado. No fue el caso suyo el único, no. Jackie Cooper tambien fue desplazado yendo a parar a otras productoras donde invariablemente se tropezó con nuestro Freddie ( habitual fue verlos a ambos en pelis sobre colegios para jóvenes cadetes). El único que paradojicamente se salvó de la quema de productores, de la edad de la transición y del afecto del espectador, fue el torbellino Rooney que se quedaría casi a título vitalicio en la productora leonina. Al final él fue el que salió ganador, juntándose con esa inmensidad de apellido Garland. En el panorama de los años cuarenta llegarían otros niños prodigio que incorporarían un cierto vitalismo puramente yanqui que Bartholomew en sus mejores tiempos nunca pudo aportar. Eran los años de la guerra mundial y el público quería ver desparpajo, no maneras atildadas. Salieron una serie de niñas que bailaban boogie boogie como para hacer un especial.
Freddie acabó la década de los años cuarenta introduciéndose en el nuevo fenómeno de la televisión, como presentador e incluso realizador.
Quedan para los restos sobre todo esos dos clásicos de la lágrima, a los que siempre es estupendo retornar en tardes lluviosas y desapacibles como éstas, David Copperfield y Capitanes Intrépidos.

2 Comments:

Blogger Joana Pol said...

Qué gran hallazgo este blog!!! A veces me he preguntado qué habría sido de Freddie Bartholomew, lo cierto es que actualmente para hacer llorar al respetable se usan métodos bastante extremos. Ese fotograma de cuando Manuel se hunde, con la carita repleta de lágrimas del niño, es inolvidable.

Otro que también me intriga es el bello adolescente de cuyo nombre no me acuerdo, que junto a Olivia Hussey protagonizó Romeo y Julieta, de Zephirelli, con música de Nino Rota. ¿Quién era ese chico, y qué habrá sido de él?

5:21 AM  
Blogger Esteban said...

¡Maravilloso comentario, Maciste! He disfrutado cada una de tus palabras (con lo del maquillaje de Max Factor me harte de reír). Creo que no hay nadie que no haya llorado con Capitanes Intrépidos, o estás muerto o terminas bañado en un mar de lágrimas. Yo, de vez en cuando, me doy unos chutes que me dejan como nuevo.

1:53 AM  

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