Saturday, March 18, 2006

Album de cromos "Chicarrones sanotes". Por Gilda Love y Maciste B.


Cromo nº 6: KIRK MORRIS (1.938- )

Este ídolo del cine de romanos es un caso curioso de evolución física conforme pasaron dos o como mucho tres años desde su irrupción. El hecho de haber empezado más joven que ninguno de sus compañeros culturistas favoreció que el público ávido de físicos de buen ver presenciara en tres o cuatro pelis el paso del lindo muchacho de lo apolíneo a lo hercúleo. Sólo tenía veintidos años cuando se integra por completo en los subproductos de aventuras seudomitológicas marca Cinecittá. De entre todos los gimnastas hipertrofiados que padecieron la fiebre peplum él fue el más hermoso (Steve Reeves aparte).
Es italiano, de Venecia concretamente. Nació Adriano Bellini y en su más tierna infancia soñaba en convertirse en gondolero. Los canales de su cudad le tiraban poderosamente. Logra el puesto pero no permanece mucho en él ya que como en tantos casos similares un productor le echa el ojo, una locaza sin duda, y se lo lleva a Roma. Su físico de efebo es ya imponente. Sus medidas responden al prototipo apolíneo al que apuntaba antes y como los italianos estaban buscando cachas para abastecer el ciclo de los Hércules, Sansones, Ursus y Macistes deciden que el muchacho debería con urgencia desnudarse y lucir cuerpazo en nombre de Zeus Olímpico. Adriano gustoso acepta e incluso le parece bien que con miras al mercado internacional se le cambie su nombre real por otro más sonoro. Asi aparece para el siglo Kirk Morris, de profesión heroe musculoso y defensor de causas justas en tebeos fílmicos destinados al entretenimiento masivo. Su primera película es un Maciste de guasa. Un tipico vehículo al servicio de la dudosa comicidad del duo Franchi-Ingrassia ( sin olvidarnos de Vianello) que se titula Maciste contro Ercole nella valle dei guai (60). En un tono farsesco se presentan la pareja de cómicos emprendiendo un accidental viaje en el tiempo a la antiguedad clásica, con todos sus equívocos previsibles y en dónde el anacronismo surrealista es explotado hasta límites dificilmente digeribles (por entonces también el genial Totó se inmiscuía en estas épocas para ridiculizar al buen Maciste en su Totó contro Maciste y en Estados Unidos otro tanto hacían los Three Stooges a cuenta de Hércules, en ambos casos con el ex wrestler Samson Burke aguantando el chaparrón). Es por tanto un papel muy secundario el que tiene aqui Kirk pero aun con todo deslumbra su descarada juventud y cuerpo en la lucha junto al mazas Frank Gordon y en el flirteo irresuelto con la petarda Liana Orfei, aqui con una peluca de un color verde chillón como para matarla.
Kirk ya ha tenido su puesta de largo y sigue desempeñando al personaje en lo que es ahora un filme ideado para que brille el solito. Il trionfo de Maciste (61, Tanio Boccia) es un tópico peplum con buenos momentos de acción y que tienen un gran arranque con un sacrificio demoníaco en el interior de un volcán. Una escenografía que anticipa de algún modo el infierno frediano. En cuanto a los trabajos de Morris son competentes y lucidos: prueba de fuerza con cinco machos y un tronco de cartón piedra, el arrastre encadenado con los brazos de un par de cuadrigas benhurianas para evitar que sean decapitados sus amigos y el salvamento final con nuevas escenas en el interior del volcán que acaba por erupcionar. Son momentos de un cromatismo más que digno.
En Maciste e il cacciatore di teste (61, Guiido Malatesta) la historia de nuevo tiende a repetirse, o cuanto menos a ser muy parecida a las anteriores. Se precipita con violencia el final de un viaje del heroe, desembarca en una tierra desconocida y al poco tiempo se ve introducido en una trama de reinas pérfidas con algo de putonas, villanos usurpadores de tronos ajenos y pueblos oprimidos deseosos de un libertador. En este caso se introduce en una civilización lejanamente maya con bifurcaciones atlántidas. Sin embargo su título es desmentido durante todo el filme pues en ningun momento se ve que los aborígenes de la isla decapiten con sus primitivas machetas a nadie. El rey derrocado a la fuerza por los malos es descubierto emparedado y todavía con vida por el buen Maciste en el interior de una claustrofóbica cueva. Es salvado y después de unos cuantos actos de gran físico la normalidad se restablece en ese paraíso perdido. Maciste parte con rumbo ignorado pero lo hace con su amor isleño. Nada que objetar. Y menos aún su cuerpazo todavia apolíneo. Su carita sigue remitiéndonos a una suerte de Elvis mediterráneo con unos cabellos rizados como de cómic clásico. En cuanto al tratamiento visual al que lo somete el director es de una homofilia descaradísima: esos primeros planos extenuantes y prolongados recogiendo hasta el último músculo dan que pensar y sonrojan al hetero más desprevenido.
Lógico que al estar viviendo el cine de reconstrucción histórica italiano una segunda edad de oro, aviesos realizadores retomaran éxitos intocables de la filmografía forzuda. Fue el caso del siempre interesante Ricardo Fredda, hasta entonces especialista del cine de horror, con Maciste all'inferno (62), título que hiciera la gloria de Bartolomeo Pagano en la década de los años veinte.
Además Fredda ya había dejado una muestra excelente del género con la previa Los gigantes de Tesalia (60), que incluía elementos fantásticos que enriquecian las pobretonas tramas. Son estos los ejemplos más interesantes dentro del peplum, cuando se entrecruzan diferentes géneros y el anacronismo se vuelve delirante extravaganza. Hay un montón de valores artísticos en el remake: influencias pictóricas, guión enloquecido, fotografia de cine de terror y un Kirk Morris en una de sus últimas apariciones apolíneas. Topándose con el Cancerbero, Sísifo, Prometeo, monstruos diversos y demás criaturas sobrenaturales demostró que un buen yogurín podía llevar a buen puerto tamaña hazaña. Y, por descontado, era infinitamente más apuesto que su venerable antecesor, il signore Pagano.
Aún más desarrollado ( su caja torácica siguió ensanchándose hasta el punto que le imposibilitó llevar camisa alguna en sus siguientes títulos) seguiría haciendo semidioses con el único afán de entretener al público menos exigente. Y a fe que lo conseguiría Hercules contra Sansón (63, Pietro Francisci). Dando el doble de forzudos por el mismo dinero triunfaría en los cines de pipas. El reclamo del enfrentamientro entre ambas fuerzas no fue en realidad para tanto, y la peli era más bien discretita, a pesar de venir firmada por el señor que hizo resurgir el género de la mano de Steve Reeves (Hercules, 57). Un breve duelo a puñetazo limpio ( siguiendo las estrictas leyes del western bastardo, que no era otra cosa más que eso el peplum) acaba en cambio con la amistad inquebrantable entre Maciste y el hasta entonces su adversario Sanson ( aqui encarnado por Richard Lloyd, igual de inexpresivo y musculoca que Rod Flash, su otro nombre artístico). Dalila es la proverbial Liana Orfei, que en esta disfruta de un momento estelar cuando aferrada a los muslos de Lloyd le suplica que la quiera ( toda una perra, y falsa como la falsa moneda). El final de la historieta acaba con la partida de Hércules (que aún no dije que Kirk para encarnarlo se había dejado crecer barba, como el Hercules de Reeves, por ejemplo. Asi se diferenciaban por entonces los mitos) , pues parte no sin antes avisar a Sansón que se cuide mucho de Dalila. La expresión pensativa de Sansón es sencillamente innenarrable. Pero hay momentos más ridículos en la película como para achacarle todas las culpas del desatino al pobre Richard Lloyd. Por ejemplo la aparición del terrible monstruo marino que resulta ser una merluza...No, es broma. Se trata de un león marino pero es que nos creiamos otra cosa. Da igual, no vamos a exigir a nuestros heroes favoritos que vean antes el National Geographic, porque además de aquella ni tele había.
Kirk Morris siguió haciendo peplums hasta que el género declinó a mitad de la década. Sin sandalias y ya macho man total aún le dio tiempo de protagonizar un filme de culto llamado 2+5 Missione Hydra (65). Fantasia y ciencia ficción con música de Nico Fidenco y monstruos a tutiplén. Acompañó a la Pavone por el west, bautizándose Ringo en Rita nel west (67) pero la atracción principal era, claro, la vivaracha pecosilla.
Su último film cierra además los años sesenta, Lunga notte dei desertori que iba de guerrilleros en el Congo. Nada reseñable, sin duda.
Morris fue un estupendo Maciste, guapo de morir y ejemplo de humildad y discrección. Paul Roen lo adora y Gilda y yo igualmente. Sus momentos musculares siguen despertándonos a todos bajos instintos.











2 Comments:

Anonymous Anonymous said...

En Maciste contra Hércules, Maciste (Kirk Morris), en una escena....¿Presta más atención a un carnero que a la insinuante rubia que encarna la actriz Liana Orfei?

6:27 AM  
Anonymous Anonymous said...

Pippo Baudo, en programa Rai Uno de 2000 reunió a un barbudo y con pelo largo Kirk Morris con Liana Orfei

6:30 AM  

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