Friday, February 17, 2006

Maciste y el amor. 5ª parte: Amor de báter ( a los veinticinco)

Me introducía ayer en mis malos rollos desde una perspectiva digamos humorística, por no decir abiertamente bufa o sainetesca. Asi lo decidí al final puesto que me parecía que esta semana estaba siendo excesivamente grave o frío en estas apreciaciones de mi sentimentalidad. Yo por ejemplo no tuve ningun reparo en carcajearme mientras lo escribí. Pero vive Dios que en su dia lo pasé bastante mal.
Recordar a Pedro es recordar un Guadiana que enseguida de llegar al cauce me hizo expandirme a mi también en otros mares. Sus abandonos propiciaron también mis alejamientos mentales. Es cierto: la distancia es el olvido. Mi juventud pletórica hizo el resto. Me entregué a un sinfin, a un carrusel de placeres anónimos en los lugares donde estos se intuían. El instinto de un gay abandonado con perentorias necesidades le llevaban a ellos sin tener que recurrir a la guia Spartacus ( que por otro lado sería inútil. Mi ciudad no sale en esa guía sodomita). Asi me vi abocado a rutinarias estancias en retretes de ambiente que en los primeros años noventa eran todos los que había y más ( no teníamos estación de autobuses y por tanto las empresas se repartían a lo largo y ancho de la zona centro con sus respectivos báteres). Eran sin excepción lugares malolientes, cochambrosos, patéticos...Mi erotismo crudo, tridimensional se fue perfilando en una suerte de nausea equivalente a la erección de un paleto viajero, un estudiante en ruta, un obrero apurado...y los viejos. Menuda raza. No son estos los momentos de unas memorias de urinario, quiza más adelante. Tampoco detallaré mi asombrosa capacidad para el ligue, puesto que tampoco pensaba hacer ahora las memorias de Giacomo Casanova. Pero si debería centrarme en el báter como punto de conexión con por lo menos dos muchachos que me trajeron de calle a lo largo de los años noventa ( ya bien entrados).

Juan
Escribía yo de Juan esto hace algunos años:
" Juan debe estar en una nueva etapa de su vida. Y eso a pesar de su juventud, no creo que sobrepase los veinticinco. Pero es que hay en él algo en sombras por no decir tenebroso que me inquieta. Y me atrae, como los abismos góticos de la literatura. Existieron muchos bellos tenebrosos en la época romántica. De esto lo sabía todo el grande Gil de Biedma. Mas este Juan no es Don Juan en los infiernos, es más telúrico. Es sexo, deseo.
Seres que desean y seres que los devoran a su vez. Seres que buscan cariño y seres que se entregan por completo. Por mi parte es amour fou, cada dia que pasa se me hace perentorio un encuentro furtivo. Recuerdo El Ultimo Tango en Paris: desconocidos que se encuentran y se aman sin decir palabra alguna. La felicidad de esos personajes infelices radica exclusivamente en el juego de cacheos. Felicidad que se trunca cuando uno de los dos excede las normas y se permite el lujo de preguntar la identidad del contrario, y no sólo eso, se atreve a plantear compromisos firmes en la relación. Yo pregunto y pregunto, paro mi recorrido por su físico andrógino, terso y menudo, y vuelvo a preguntar...
Y puesto a mitificar ya hice un plano de su cuerpo que me sirve para retenerlo visualmente cuando estoy solo, en casa. Con mi archivo fotográfico preparo montajes y trato de reconstruir su ser en clave idealizada. La cara morena corresponde a uno de mis modelos favoritos de la revista Physique Pictorial de los años 50, la cara es Forrester Milliard, idéntico. Miro la foto y veo a Juan sin retocar. El cuerpo, es bien sencillo sacarle una semejanza. Velludo en su justa medida, semi anoréxico, recuerda vivamente a Montgomery Clifft, inolvidable actor. Juan es Forrester Clifft en mi fotomontaje. Y un poco también Maria Schneider, en actitud. Pero ¿quién es en realidad?. ¿ Se llamará así en verdad?.
Quizá sea un autista seropositivo. O todo lo contrario: un chaval sano en busca de afecto y que no se atreve a confesarlo. Un raro adorable. Dios mio, ¿ no es ese el título de una de las primeras películas del maravilloso Tony Perkins?.
Estoy tan enganchado que soy capaz de pasarle el teléfono para que lo use siempre que yo le haga falta. Nunca he hecho eso, con ninguna de las doscientas personas o más con las que estuve. Por el contrario, eran los demás los que me daban los números telefónicos, miles de cifras que nunca marqué. No quiero responsabilidades, ni compromisos, ni tampoco malos rollos. Creo que Belle and Sebastian tienen respuestas en alguna canción a mi actitud frente a mis amantes ( en "Seeing other people"). Soy ilógico o quizá superficial pero en este caso pienso que tengo que cambiar, no puedo estar solo eternamente. Se me hace urgente encontrar a mi alma gemela. No quiero terminar viendome reflejado en un cuadro de Bacon. Tennessee Williams definía este tipo de vida buscona como " un sumiso infierno".
Juan se me apareció tras su jornada de trabajo, desaseado, un dia y al siguiente se atildó de una forma tal que no pudo más que enternecerme. Octubre transcurrió asi, plácida y morbidamente con una aventura que no se como acabará. Si, lo del teléfono puede que sea una buena idea. Al fin y al cabo dependemos tanto de los teléfonos en nuestra vida que aunque terminen siendo odiosos por lo menos les queda esa facultad de ser buenos cordones umbilicales de almas desesperadas"

Después de todo este tiempo de haber escrito esto sigo sin saber en que consistió mi relación con Juan. Para qué sirvió. Vale, de acuerdo, para pasarlo bien. Y quizá para colgarme ilusorias medallitas de experto en embaucar a muchachos desorientados ( recuerdo que al principio Juan se iba con el primero que le acechara, con el maricón que estuviera de guardia.Si yo llegaba medio minuto tarde había perdido la oportunidad. Claro, el tema de la caza es asi.Pero es algo que nunca he conseguido entender. ¿ Tanta urgencia hay de sexo que uno se tiene que ir con cualquier picio, cualquier monstruo por muy empalmado que este esté o por muy grande que la tenga?. Después con el tiempo conseguiría que se fuera sólo conmigo).
Seguimos posteriormente haciendolo en sitios sucios pero hace un montón que no lo veo. Y cuando lo veo es por que sabemos de una hora fija en la que podemos encontrarnos. Fue imposible lo del teléfono.Y cuando lo hacemos no es maravilloso, qué va. Repetimos una serie de clisés que nos agradan a ambos: mi imaginación a lo más que llegó fue a dejarle que se corriera sobre mis nalgas o en mi estomago. Pero el resto era la rutina, agradable pero ya muy deja vu.
Juan es ex yonki. Se reinsertó no sé hasta qué punto. Una chica, un trabajo...asi se sienta cabeza ( hablo de oídas, los rumores, mis pesquisas). Me hizo su físico ampliar fronteras epidérmicas: con él me gustaban también famélicos, muy delgados, como el primer Bowie o los chicos Chelsea de los sesenta. Cuando lo amaba le buscaba agujeros en los brazos...Un dia sangró por la polla mientras me la introducía y de nuevo me vi caminando por la cuerda floja. Fue cuando me hice unos análisis de verdad. Resulté negativo. Los siguientes encuentros ya eran con condón. Tampoco es que le dieramos mucha utilidad: era eyaculador precoz. Sólo con verme el ojete ya se iba. Tenía mi flor en un pedestal. Y es por eso porque yo también lo adoraba. Un mero asunto de reciprocidad. Juan fue mi personal tueur angelique.

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