Thursday, February 16, 2006

Maciste y el amor. 4ª parte: Amor con sexo- bis ( a los veinte)

Y un buen dia ( o mal dia, según se mire) lo que tenía que pasar pasó. Mis padres nos descubrieron en casa en una posición un tanto equívoca. No pienses mal: no nos descubrieron haciendo el sesenta y nueve o la lluvia dorada. Yo estaba jugueteando con su pantalón, de rodillas, intentaba desabrochárselo. En esto, sin sentir la puerta veo a mis padres atravesando el umbral. Tremendo corte. A partir de entonces, el niño de la bicicleta ( que asi era como lo llamaba mi madre) pasó a ser una amistad poco recomendable. Pasado un tiempo ( ya había muerto mi padre) lo hacíamos los fines de semana también en el comercio ( que ahora llevaba como podía mamá). Pues, un sábado noche que estábamos en el ajo, el establecimiento a oscuras, sentimos como golpeaba ella la puerta llamándome a voz en grito. Su sexto sentido le había hecho sospechar que estaba con él. ¿Cómo pasó esto?. Ya no lo recuerdo. En cambio recuerdo que estaba siendo un polvo muy desagradable. Hacía frio pues era invierno y su polla me traía requesón del malo. Andaba con arcadas y le obligué a que se fuera a lavar el asunto. No sirvió de nada, ahora sabía a meo con heno de pravia: para efectos, el mismo asco. Era polvo rutinario.
Nos sentimos ridículos al salir ante la mirada inquisitorial de mi progenitora. Si se dio cuenta de que habíamos estado haciendo cosas contranatura ( permíteme la expresión, me parece deliciosa por lo anacrónica y a la vez me ayuda a no caer en redundancias léxicas) es algo de lo que no me di cuenta, porque no se lo dije o no se lo quiso creer demasiado.
Hasta otra ocasión, que en cambio ya no tuve más remedio. Y es que Pedro me metió ladillas. Si, tal como lo lees. Se te habrán puesto los ojos en blanco, y te habrás llevado las manos a la cabeza, pues si. He de reconocerlo, yo tuve de esos parásitos por culpa del algo guarrete mozo. Y no me enteraba, hasta que el picor se hizo insoportable ( que parecía yo un macho de la construcción con tanto rascaypica) y ver al portador todo depiladito cual putti del Renacimiento. Una noche enciendo la luz de la habitación no pudiendo soportar aquellos picazones y en esto viene mi madre preguntándome que qué me pasa y al retirarne las sábanas ve como saltan los bichos de las sábanas a la manta RASILAN...Bueno, fue ambos pegar un grito...¡Si aquello parecía el circo de Angel Cristo antes de cerrar por liquidación!. Al final, abrazado a quien me dio el ser, a la que me había traido al mundo puro e inmaculado, le tuve que confesar que me las había metido el de la bicicleta, que era un cerdo y sólo andaba conmigo para frotar su pene entre mis piernas. En fin, un drama. Tu ahora piensas: Maciste era un poco Floripondia Piripi. Pues quiza. Pero preferiría que me entendieras de otra forma. Fui, soy, y seguiré siendo un hipocondríaco exacervado. Woody Allen a mi lado es un kamikaze de la muerte.
Y aquello no fue nada en comparación con la tragedia que monté a la muerte por Sida de Freddy Mercury ( artista de variedades que nunca me interesó en lo más mínimo pero que su fallecimiento tuvo la facultad de hacerme creer que también yo había sido infectado). Coincidió la muerte de Mercury con la hospitalización de Pedro . Su puta manía de no contarme nada me hizo llamarle a casa una mañana. Una voz espectral, salida de ultratumba ( era su madre) me dijo que no estaba, que estaba ingresado, fuertes dolores. Lo operaron esa noche. Quedé pálido. Tiré el teléfono al suelo. Me vi morir las siguientes horas. Mi cabeza perdió la facultad de razonar, lo único que hacía era inventarse una ficción perfectamente calculada. Encajaban todas las absurdas piezas que yo mismo iba ideando. Pedro tenía el SIDA y por penetración yo también, claro. Porque la enfermedad es asi, se produce de esa manera. Y ahora a restar, me quedarían como mucho diez años de vida...Esa tarde me acatarré. Claro, las defensas...Qué toses, como de tuberculoso. Estaba cantado...no habíamos usado protección nunca, ¿ qué iba a esperar de una persona que me había traido un dia langostas de esas a casa?. Si un dia que me vino con un condón yo lo miré como quién traía un hanster y al final nos morímos de la risa hinchándolo y llenandolo de agua. Al cabo de una semana de no comer, no estudiar, de andar por la calle como un zombi ( adelgazé cinco kilos en siete días) me decidí a pedir que me hicieran unos análisis. También inicié unas investigaciones en libros del Reader's Digest sobre la enfermedad de moda. La conclusión que sacaba de estos sabios es que aparte del sida tenía veinte más ( entre otras la mortífera rubeola). Información adecuada la había entonces, vaya que sí ( a pesar de que aún no ponían Urgencias, sólo teníamos Farmacia de Guardia), pero yo no es que anduviera muy bien orientado.
Lo único juicioso que hice fue, aparte de los análisis, ir a verlo al hospital. Tremendo numerito...Su familia allí, Pedro tan majo como siempre que me sonríe. Y yo tembloroso preguntándole: ¿ Estás mal?. Y él: Qué va, apendicitis. Y fue y me enseñó la cicatriz. Yo no debí entender bien sus palabras, me debieron de sonar a sarcoma porque salí más tranquilo pero igual de descentrado. Me fui dónde las enfermeras y les pregunté tembloroso: Oigan, los que vienen aqui están para la arrastre, ¿no?. Y ellas: Qué va. Yo intenté acorralarlas con preguntas de fiscal: Entonces, ¿ porqué hay monjitas?. Quedaron heladas. Y yo: El de la 5o2 dice que tiene apendicitis, puede que sea verdad porque las enfermedades oportunistas en estos casos están a la orden del dia. Pero, sólo diganme : ¿se contagia por vía sexual?. ¿El apendicitis?- contestó una con pinta de vivaracha- ¡qué va, hombre!. Y alli las dejé, pensativas. Yo, más tranquilo. Fueron unas semanas horribles, adelgazando por la enfermedad de la tonteria, hasta que llegó el momento de recoger los resultados de mis pruebas. Estaba perfectamente: era RH +. ¿Cómo?. Pues si. No me habían hecho el test del VIH. Resulta que tambien desconocía mi grupo sanguíneo y la doctora de cabecera hizo lo que hizo. Pragmática y prepotente la señora.
Aquello lo superé. No sé cómo. Quizá porque hasta los hipocondríacos tienen un tope. Y yo lo tuve. Lo había pasado tan, tan, pero tan mal que decidí que aquello había que olvidarlo. Engordé diez kilos pues me había hecho la promesa de comer hasta que me recuperase ( creo que lo que me engordaron fueron sobre todo los ánimos). Así pasé de los cincuenta kilos de Kate Moss a los sesenta y cinco actuales de la Patacki.
Pronto volvimos a cabalgar juntos Pedro y yo. Ahora venía motorizado. Meses después se iría a la mili y yo le perdí el rastro ( vale, coincidió con la guerra de Bosnia pero jamás se me ocurrió pensar que Maciste se había convertido en la mujer del teniente francés). Y un dia reapareció en mi vida. Pálido, dopado, había caido en una enfermedad psicótica por motivos de estrés. Y le cuidé, me preocupé de él. Y él volvió a mi. Como antes pero menos despierto.
Fue mi primer contacto con las enfermedades mentales, con los chicos aquejados de depresión nerviosa ( yo, que era un esquizofrénico con ramalazos psicóticos, amén de ese desagradable principio de neurosis no diagnosticada que me hace cismar tanto).

1 Comments:

Blogger Daniel B. said...

Hola! Como esta? Me allmo, Daniel. Yo estoy from Estados Unidos. Mi espanol es muy malo! Have a nice day!

www.bikedrool.blogspot.com

12:46 PM  

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