Wednesday, February 15, 2006

Maciste y el amor. 3ª parte: Amor con sexo (a los veinte)

Gracias Esteban por tu confidencia. Me encanta que estés ahí. No me siento tan solo.

Aparte del niño arquitecto hubo en mi segunda mitad de los años ochenta otros chicos que me obnubilaban. El que pasaba por la calle siempre a la misma hora y que iría camino del trabajo o del instituto, el del salón de juegos...los amores ficticios de la gran pantalla, claro. Uff, de esos la lista sería infinita. Y, qué curioso, en esos terrenos también aparecían chicas, un montón de chicas que podían ser cantantes o actrices o simplemente fascinadoras de niños que no saben lo que quieren o que a lo mejor lo que quieren es todo. Lo platónico desapareció en mi según perdí la virginidad, según apareció el sexo puro y duro. Esto no ocurrió pronto, no fui precoz en estas lides. Aguanté intacto hasta los diecisiete, y eso que el muchacho me andaba rondando desde hacía nueve meses. El en mi vida sentimental fue mi primer novio raro, mi compañero de colegio, mi "amigo" ( un dia me preguntó ¿somos colegas? y yo le respondi ruborizado, como si me hubiera pedido en matrimonio: si, somos colegas).

Pedro
El se llama Pedro. Y Pedro estaba destinado, visto el panorama, a convertirse en la persona que siempre estará conmigo, por lo menos hasta que el cuerpo aguante. Y es que seguimos viendonos, me llama cada quince dias para hablar, para grabar tecno alemán y para follar. Nuestra relación ha sufrido los habituales vaivenes en casos típicos asi, que ya duran casi veinte años. Hubo una primera época de flirteo, de venir a casa y proponérmelo indirectamente, de provocarme con gestos, de peleitas con mucho roce...era como si intentara prepararme el ojete para sensaciones pop que yo aún no conocía. Pero no tardé en conocerlas. A este respecto confieso que las ví de mil colores. Lo que en un principio sólo era mi cagadero después me sirvió para unas cuantas cosas más. Y sentí dolor infernal cuando entraban las enormes y yo temblaba, aburrimiento cuando lo hacían las normales y yo estaba pensando en otras cosas, y éxtasis mayúsculo cuando me penetraban los tíos que más quería, tuvieran sus nabos el tamaño que tuvieran. Sus roces y golpes dentro de mí me llevarían más de una vez al séptimo cielo.
Pedro estaba como un queso. Era el típico chico de barrio, de físico bien proporcionado, el que sin ser una beldad podía ser tan resultón como el mejor modelo de las revistas. Era el prototipo que me gustó desde siempre, ah,y heterosexual. Por lo tanto, partiendo de ahí, ya sabrás a que me vi sometido: a un calvario de distorsionadas ideas con respecto a sus apetencias, a un autocastigo inútil al exigirle una definición concreta, a que sintiera lo que no podía sentir por propia naturaleza: que era amor o si prefieres, el compartir conmigo mis cosas, mis aficiones, mis emociones más personales. Tan siquiera a querer besarme, que nunca lo hizo. En cierto modo, no lo conozco demasiado... ahora que lo pienso...es que no lo conozco en absoluto. Yo siempre a lo largo de todos estos años le he abierto mi intimidad, que si mis ligues, mis posteriores parejas...él en cambio practicaba el hermetismo. Sólo las casualidades hacían que lo viera con fulanita agarrado del brazo, en un coche con dos chavalas más, en las fiestas patronales con su primito.., ahora le llamo a casa y su madre escéptica me dice que está en casa de la Paqui, que pasará alli todo el fin de semana..."una amiga"... Y ya yo me organizaba un inverosimil calendario vital del chico.
Yo también soy "un amigo". Es lógico que tú, harto inteligente y cansado de bregar en estos fregaos, saques oportunas conclusiones. Un cabrón pensará: este tío te utilizó para desfogarse contigo, buscaba un orificio anal y tu se lo dabas. Otro más benévolo concluirá: este chico y tú os habeis entregado al hedonismo sin más, ambos lo pasasteis de puta madre, ¿qué problema hay en ello, que sea hetero?. Si, tal vez la segunda opinión sea la más atinada en este caso. Sino fuera por mis ganas de complicar las cosas y tal vez por su inexistente conocimiento de lo que es el amor la relación no hubiese implicado, sobre todo en su primera etapa, dolor.
Hay personas que no saben de que se trata eso del amor. Yo creo que por ejemplo el amor de pareja pasa en principio por convivir juntos. Yo eso con él, ni con nadie lo he probado. En cuanto a su hermetismo y los celos ( ya salió la palabrita de marras) que sentía servidor por con quién pudiera estar cuando no estaba conmigo, ahora creo tener la certeza casi segura de que podría ser con chavalas pero que nunca probó a otro hombre más que yo. Este detalle para un homosexual ad nauseam como Maciste debería parecerle bonito.
Si, bueno. Pero cuando el polvo acababa, la conversación no daba más de si ( es un ser algo primario y aburrido) entonces se iba ( yo mismo lo deseaba) y venía la soledad. Su carácter huidizo lo único que hacía era empeorar mi estado de abandono absoluto. Lo telefoneaba y nunca lo pillaba en casa. Cuando lo hacía decía que iba a pasar y no pasaba, y yo esperando angustiado horas asomado al balcón...En el verano me marchaba a la playa y lo dejaba aqui, y el que sufría era yo. Los primeros dos años fueron de enamoramiento total. Un sentimiento difuso, de dependencia hacia otra persona mezclado con un deseo irrefrenable de que me poseyera sexualmente. Se puede explicar el temita, pues yo perdí la virginidad con él y eso quieras o no, marca.
Los polvos con Pedro fueron maravillosos. Era paciente, no tenía prisa en correrse, me hacía disfrutar hasta la extenuación, le gustaba probar nuevas posturas. Traía un bagaje, quiza limitado pero con todo superior al mío. La etapa previa a la primera vez la recuerdo como una de las etapas más excitantes de mi vida. Era un contínuo juego de insinuaciones que por imaginativo, por morbosamente ambiguo conseguía enloquecerme. Tambien es verdad que en estos primeros años mi testosterona estaba en un momento altísimo. Las sensaciones siempre renovadas eran continuamente embriagadoras. Recuerdo paseos con él en los recreos o al salir de clase de erección contínua. Me podía durar el empalme media hora tranquilamente sólo por sentir un roce de su brazo caminando por la calle o un disimulado toque a mi culo al entrar a un comercio. Sus juegos inocentes pero para mí turbadores tenían algo de iniciático en el placer homosexual: una bragueta abierta por cuidado descuido que debería intentar yo cerrar de su pantalón, una peleíta grecorromana sobre la cama por un quitame allá esas..uhmm, cuánto disfrutaba con Pedro. Dos años siendo casi inseparables y de hacerlo casi a diario en casa ( mis padres trabajaban, yo sin hermanos). Y la primera vez no es que entráramos demasiado a mayores. Me puso el culo, yo no me di por aludido. Me puso la polla, se la acaricié, creo que me la llevé a la boca...Ni me empalmé, él creo que tampoco se corrió. Lo que si recuerdo perfectamente es que me soltó sin exigencias pero con convicción: Estoy interesado en la penetración. A partir de ahi, mi futuro con el muchacho había quedado sentenciado.
Al dia siguiente no nos hablamos. Nos vimos en el recreativo pero ni nos saludamos hasta dos dias más tarde. Yo no había podido pegar ojo la noche de marras. Al fin me había decidido y guardaba un doble sentimiento, por un lado de verguenza y por otro lado de rabia por haber estado tan nervioso. Le había visto desnudo por primera vez, le había tocado el pene por primera vez, todo había sido por primera vez y no había salido tan bien como yo me imaginaba cuando me hacía las pajas a su cuenta.

(Pedro vuelve mañana a este blog)

1 Comments:

Blogger Esteban said...

Gracias a tu generosidad por compartir estos recuerdos; quieras o no, uno siempre lleva lo que lee, lo que ve, a lo que vive y ha vivido.
Precioso recuerdo el tuyo; yo fui un poco más adelantado aunque igual de torpe. Me quedó un regusto cojonudo, pese a ese querer hacer todo lo que me había imaginado y hacerlo mal. ¡Pero qué bonito fue vivirlo! Me gustaría volver, sólo de vez en cuando, a ese tiempo, incluyendo sus torturas. Eran placeres despejados. Tardamos en repetir; no sé, quiza seis o siete meses después de ese primer encuentro. Lo único bueno del segundo es que ya no hubo que buscar disculpas para el tercero, para el cuarto, para el quinto, para el sexo...
¡¡Continúa, eres la droga que oxigena mi mente!!

9:07 AM  

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