Monday, February 13, 2006

Maciste y el amor. 1ª Parte: Amor platónico ( a los quince)

Lo que sigue es para echarle valor. El airearlo por este medio no creo que sea un acto muy alejado de otros que han conformado este blog. Desnudar sentimientos y placeres más o menos ocultos en Fantasia están a la orden del dia. Quiza lo diga porque algunas de las historias de amor que he vivido, por irresueltas, por imperceptibles para el otro, por no correspondidas delaten aspectos de mi personalidad, de mi intimidad que me pueden definir de forma muy concreta. Mi pudor entonces afloraría, siguiendo este tinglado con no poco sonrojo.
Mis amores me etiquetan. Es posible que nunca haya tenido una relación amorosa plena, satisfactoria. Como yo habrá miles de almas, también. Admiro a los que nunca se han enamorado, que teniendo a otras personas a sus pies han dispuesto del suficiente arrojo como para no caer en las redes, en las trampas de lo sentimental. Pero yo no soy de esos. Siempre he sentido una necesidad enfermiza por amar y ser amado.Yo mismo ante mi primer fracaso juré que no lo volvería a intentar. Pero caer, caí alguna vez más, fueron pocas y llegaron bien. Tropezar en la misma piedra...transformarme en idiota, en alguien que no era yo...Los hechizos del amor loco hicieron de mi un pelele y cosas peores...Si, conocí los abismos de la pasión ( como un melodrama mexicano de Buñuel, que cantó Aute) y los infiernos de la desesperación. Llegué a plantearme muy seriamente que no merecía la pena prendarme de nadie de mi mismo sexo, sencillamente porque el hombre era biológica y químicamente incapaz de amar a otro hombre. Camaradas, si. Amantes, también. Pero cada cosa por separado, sin confundir términos, que en resumidas cuentas, al final ellas son las que ganan...Mi pesimismo soberano más de una vez me llevó a replantear mis propias ideas del asunto para terminar sacando conclusiones desproporcionadas: identificando términos como amor- interés- rutina- sexo-convencionalismo. Ya sé que es cuestión de no darle demasiadas vueltas a lo que es meramente sensitivo y de vivir los momentos felices y de espaciar en el tiempo las citas con el otro...Esa es la solución, si. A no ser que encuentres al ser perfecto, a tu otro yo, a tu igual en todo y entonces podais empezar a ir matándoos juntos, muriendo de amor eterno...
Maciste empezó a encoñarse en la adolescencia. Principalmente con algún compañero de escuela. Deseos sexuales por los más allegados, y platónicos por los del aula de enfrente. Dentro de mis cuelgues quinceños, destacó un chico tan atractivo a mis ojos que en seguida, y con la ayuda de mis amigos confidentes, le saqué un parecido cinemático ( y de primer orden) : el Tom Cruise de "All right moves". Era su alter ego físico. Era hetero, era algo pijo, era de la clase de al lado. Era mi perdición. Le llamaré el niño arquitecto porque en el futuro y por herencia paterna fue en lo que se convirtió ( no hubiera sido un mal partido si el joven entendiera, y "me entendiera" a mi, claro). Por él robé. Le robé. Entraba en los recreos a su aula y husmeaba en su pupitre buscando sus cosas, oliendo su asiento ( desde luego es posible que mis hurtos le ocasionaran más de un problema pues le quitaba apuntes, chuletas y boligrafos )...Nunca conseguí apoderarme de prendas íntimas. Era algo complicado, por no decir imposible introducirme en su clase de educación física pues yo estaría en mi clase y él en el gimnasio que se cerraba con llave ( mis travesuras de gimnasio sólo las llevaba a cabo con mis compañeros). Pero, bueno, ya te digo que durante un curso o dos este niño fue una obsesión, también me inspiraría algunos escritos, pensaba bastante en él cuando me autoestimulaba en soledad. Lo quise a lo platónico con toda la intensidad que un ser propenso a estos deslices puede disponer a tan temprana edad. A los pocos años de abandonar el colegio y él irse a estudiar la carrera mayor a otra provincia dio la casualidad que pude estar en el piso donde vivía ya que lo compartía con un conocido amigo mío. Lo que estaba en letargo por entonces despertó de nuevo vivamente ( los comentarios con respecto a su compañero por parte de este amigo no hicieron más que azuzar viejos sentimientos y de forma turbadora. Hasta se le ocurrió decirme que le había masturbado en una noche "alegre". Buff).
Recordar este encoñamiento es retrotaerme a un Maciste distinto pero que sigue estando aquí, por algun lado. El de la pasión no correspondida, el de los dulce quince años que tan bien reflejó en cine Techiné en "Los Juncos Salvajes". Lo que sigue son unas cartas que en principio iban destinadas a él para dejárselas secretamente en su pupitre. Mi amigo confidente me aconsejó muy sabiamente que no lo hiciera, no le fuera a causar un trauma. En el fondo, el niño arquitecto no tenía pinta de ser una devastadora Julieta o una sublime Pia de Tolomei para andarle yo cantando serenatas en alejandrino. Sólo era un muchacho moreno que no conocí, guapo de morir, de discopub los sábados y pachanguita los domingos y que cuando me miraba era como quien viera al hombre invisible, o sea, algo sin importancia. Perdona si hay cierto tono naif en el texto, pero ponte en mi lugar, en esa edad, en ese trance...Son sólo tonterias que el paso del tiempo a vuelto dolorcillos por completo curables.

(mañana las cuatro epístolas que en su dia titulé HISTORIAS QUE PRODUCEN RISA)

1 Comments:

Blogger Esteban said...

Maciste, hoy me hiciste sonreír escoltado por la melancolía. Cada vida es singular, pero está claro que hay vivencias que nos hacen pensar que nadamos en la misma charca, caemos en el mismo bache y no dejamos de tropezar una y otra vez con la misma piedra. Sin conocerte, me siento reflejado en tus palabras. Mis amores de los quince eran lo único imposible de aquel tiempo en el que todo podía tener lugar. Podía acabar siendo director de cine, tal vez marino mercante, quien sabe si explorador; pero era del todo imposible que Carlos (así se llamaba “mi arquitecto”) se fijara en mí. Yo, en cambio, no hacía otra cosa que fijarme en él, que ver en cada uno de sus gestos un anuncio de la inmensa felicidad que sería compartirlos más íntimamente. Pero no tenía cojones, o si los tenía, no tenía huevos para decirle esta boca es mía. Así que fantaseaba hasta el infinito, en esa soledad tan llena de él que siempre acababa vaciándome en placenteras pajas. Llegué a pensar como tú, que el amor entre hombres era imposible. Pensamiento que tardé en desterrar, pues todas mis experiencias eran de hola y adiós, o ese aquí te pillo aquí te mato en el que se desarrollaba la caza mayor. Los años siguientes se perdieron (¡y también ganaron!) en amar siempre lo imposible. ¿Sabes ese hetero cien por cien, con garantía de origen y sin fecha de caducidad? Pues ése, justamente ese, era el que secuestraba mi corazón; los demás, los que conseguía llevar al catre o al picadero de la esquina, pues esos sólo se llevaban mi polla.
Al trasladarme de ciudad, hace unos años lo volví a ver. Me asombré. Aquel cisne que veía con mis quince años, era un patito feo. Me dio hasta pena; y por ésta, intenté incluso buscar en lo poco que quedaba algo de lo que yo había visto. ¡Ni con esas! Lo curioso fue lo que sentí: Por un lado, sentía que bien había hecho siguiendo camino y no varándome en ese amor sin sentido (aunque para mí en aquel tiempo, de lo que más estaba sobrado era de sentido); y por otra, me vi como un redentor. Supongo que como un homenaje a aquellos años, pero me consoló la idea de que si al final lo hubiera tenido entre mis brazos, hubiera seguido conmigo todos los años que se nos echaban encima, seguiría siendo el gallito del corral y no ese engendro con el que me tomé una cerveza jurándole que cuando volviera saldríamos por ahí...

5:48 AM  

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