Friday, February 24, 2006

Infancias verdes. Capítulo sexto

Abandonamos en el último capítulo al niño Maciste en plena lágrima anime. Pero no te creas que fue el gavilán pollero de Zuiyo el que le enseñó con sus Heidis a meterle mal rollo en su cuerpecito de futura mala persona. Qué va. El crio ya empezaba a soltar sus buenos lagrimones primero por su innata tendencia al melodrama ( una de sus primeras visitas, MIS primeras visitas, que no sé porque estoy escribiendo en tercera persona, a las salas de cine fue para ver aquel Kramer contra Kramer tremebundo del Hoffman y la malrollista Streep, que ya hace falta ser un niño límite para pedirle a tu papa que te lleve a ver un sacalágrimas de ese calibre) y por otro, también me saltarían con las hostias de mi padre y los escobazos de mi madre. Que conste que no fui un niño demasiado maltratado.. Si pegaban es porque en parte lo merecía que era yo algo zorrito. Mi padre siempre fue una buena persona, esclavo de una ideología fachosa imperante que le volvió en parte un alienado. Pero al final de sus dias creo que entre nosotros quedaron las cosas zanjadas ( diferencias políticas, de conducta, ya sabes...). Mi madre si que me zurró algo más, la proximidad era mayor y es lógico. Quizá los palos o algún que otro encierro en el cuarto oscuro vinieran a calmar unos nervios meramente menopáusicos. Ahora ella ya es otra cosa, buff. Ahora ya es que no está para trote alguno. Una maravilla de madre, si. Lo que me jodía más era el sutil maltrato psicológico al que algunas veces era sometido: que si te vamos a poner esta faldita, y rollos asi. Con poca fuerza de voluntad cualquier crio sensible hubiera sucumbido, yo en cambio tanteaba a ojo si la plisada me favorecería más que la de vuelo.
Las lágrimas de Zuiyo y las violencias gratuitas de Go Nagai. Hablemos de mangas japonesas...fíjate qué bien e hilvanado el hilo embarullado este de mis memorias. Vámonos ahora con Mazinger Z. Mi serie favorita de dibujos animados, ¡planeador abajooo!.

Mazinger Z
Antes de nada mis respetos y profunda admiración por este creador nipón. Un activista del frente de liberación gay de su pais, la Niga, que formaría con la ayuda de la lesbiana Naomi Aki, miembro fundadora de la banda armada lésbica que luchó a su vez denodadamente contra el sistema feudal japonés. A ellos se sumarían intelectuales, artistas, filósofos con la misión de romper esquemas caducos, y si era a lo bestia pues mucho mejor ( entrañables tiempos que me hacen perder la confianza en estos, con nuestros tristes, penosos defensores del Cogam, asqueroso brazo invertido del PP. Ese Zerolo que es para echarse a llorar en el ayuntamiento de Madrid protestando por el sexismo en los culebrones, si, ¡y por el mal centrifugado de algunas lavadoras, no te jode!, ese Antonio Gala de sarcófago ya...). Los japoneses con su violencia exquisita y refinada consiguieron mucho más, afianzándose en un mundo que parecía estar a punto de ser defenestrado en su mismo epicentro: la hipocresia. Abastecieron de redes pornográficas el país, llenándolo de parafilias de todo tipo, con especial dedicación en la pornografia infantil ( dándole de paso un fuerte varapalo al sistema esclavista de las antiguas geishas) y que tendría su culminación en la moderna industria del porno manga japonés, tan codiciado por los pajeros occidentales en la actualidad.
Antes de Mazinger, Nagai lanzó Lesbiak 2000 o Los Ciberkabukis, explícitos y radicales que permanecieron inéditos en nuestro pais.
Pero es con Mazinger cuando sus inquietudes sexuales tienen su plasmación apoteósica. Ese mega robot todo músculo, con pectorales de impresión, piernas de marmol, altura desorbitada. Ese piloto vestido de latex, con los ojos más pintados que Argentina Coral en pleno trance de rumba pop, llamado Koji Kabuto y que está al servicio del científico que creó al megarobot, el profesor Kabuto, que pasa por su abuelo pero que no es más que una listísima maricona vieja que vive con su chulo adolescente. El fist fucking es algo habitual entre sus prácticas nocturnas, de ahí el especial y constante regodeo fetichista del ¡puños fuera! cuando Mazinger ataca a los rivales.
En el otro bando están el doctor Infierno, al que le acaba de abandonar su maromo y ahora vive con un ciberkabuki increible ( hermafrodita total) que responde al nombre del barón Ashler, de profesión perra sumisa. La única intención de Infierno es vengarse de su ex pareja, cambiando de look si es preciso, a base de rinoplastias y silicona en pómulos. La permanente en frio del doctor Infierno en mi colegio dio mucho que hablar.
En la panda de los buenos hay que destacar al profesor Morimori y al profesor Yumi, amantes entre ellos y padres adoptivos de la jovencita Sayaka. El doctor Infierno a la muerte del viejo Kabuto pretende a Koji lo que provoca los celos del barón Ashler que se acerca a Sayaka con la clara intención de que Infierno se fije en el/ella. Ashler seduce a la hembra con vistosos modelitos de neopreno para sacarle información sobre Koji y los secretos de la alienacion Z.
Es Sayaka y su robotina masectomizada Afrodita A la única presencia femenina de la serie, el resto son homosexuales enloquecidos capaces de crear de la nada melodramas desbocados a base de venganzas, odios y ultraviolencia por la cara.
Lo más curioso es que un montón de parafilias se apelotonaron en la serie y que abarcaban todos los gustos : desde la pedofilia a los osos, pasando por la actiomofilia, el liliputismo, los enemas y los bigotes, el abuelismo, etc, etc. Un escándalo. Yo de niño debí de ser pederasta porque estaba enamoradísimo de Koji. Y, por supuesto, me iban los musculosos, porque soñaba con Mazinger. Mi vida era ese robot las veinticuatro horas del día. Flipaba con su diseño de la muerte. Yo, que fui un niño incapaz de dibujar una simple casita con perro, me pasaba horas con papel secante y todo, intentando reproducir las mil curvas y rectas de aquel supermacho. Aquella cabeza era más fascinante para mí que la esfinge de Gizeh. Hasta llegué a escribir a la publicación Don Miki para que incluyeran un poster central ( despegable y primoroso, a ser posible) del robot de marras. Me hicieron caso, fui el crio más feliz del mundo.
Después vendrían más series niponas: Comando G ( los huerfanitos que imitaban a Star Wars en sus aventuras siderales: Tommy, Jason, Mark y Princesa, Zark 7 que era R2D2) pero no fue lo mismo. En todo caso, fue ya un impacto de segunda mano.En los años noventa flipé con Biomán, pero sólo sirvió para que me pusiera nostálgico y para añorar, entonces que empezaba a conocer las verdaderas intenciones de Go Nagai, las viejas hazañas de mi ultrachulazo preferido. Mazingay Z.

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