Saturday, February 04, 2006

Infancias verdes. Capítulo quinto

maciste en la ria de arosa. 1.979


No sé cómo va a salir este capítulo del culebrón de mi niñez. Probablemente muy mal: con faltas de ortografía, ideas redundantes y palabras que se repiten. Anoche dormí pocas horas y mi cabecita loca no anda tan despejada como debiera. Pero es cuestión de echarle valor y ponerse a la faena. Y, mira, a lo mejor suelto cosas más atrevidas de lo habitual. Apuesto a que en estados carenciales, la autocensura brilla por su ausencia.
El tema es que hoy quería contarte que me encantaban los dibujos animados, y ciertas series infantiles que eran inanimadas pero podrían haberse hecho perfectamente dibujadas. Pienso ahora en Pippi Calzaslargas: esta niña pelirroja, de vestuario y apariencia imposibles, tan ácrata, posiblemente pansexual, con sus amiguitos Tommy y Annika, me dan que eran idóneos para su translación al mundo del cartoon. No asi Orzowei, soporífera ella. Salía los sábados después de comer. La protagonizaba un tarzanito sosete que aún así me enganchó. Todo a ritmo de los fratelli De Angeliis. Buff.
Los dibujos animados eran la mejor opción que disponía un tierno infante para el divertimento: estaban los personajes de Hannah Barbera ( mis predilectos eran Los Picapiedra), Los Autos locos ( con Pierre Nodoyuna y Penélope Glamour), el mariconazo del gallo Claudio, la hormiga atómica, el mundo irreal de Tex Avery y Chuck Jones, los clásicos melosos de Disney, el inclasificable Mr. Magoo y la serie Beetle Bailey de la rara UPA ( que se hicieron populares al ser distribuidos por la Columbia), empezé a intuir ciertos trazos exóticos en una nebulosa escuela de Praga que, al final, se me pasó inadvertida por completo...Había algún toque hispano, pero este me aburría, lo encontraba excesivamente divulgativo ( aquel Desván de la fantasía, el Don Quijote y el pequeño Cid)...
Sin duda, para docentes los gabachos con mi favorita entre las favoritas: Erase una vez...el hombre. Estaba loco yo con esta serie que narraba la historia universal de la humanidad ( nuestros vecinos siempre tan pretenciosos). Terminé comprando la colección de tomos que reproducían en viñetas las peripecias de cada episodio. El Maestro, Pequeña Flor, mi querido Pedro, el Gordo, los villanos Tiñoso y Canijo...Episodios inolvidables como el de la Pax Romana, el siglo de Pericles, el que censuraron en España de cuando violamos indígenas en América, el de las tetas de Josephine Baker...
Luego me encantó la abeja Maya. Naif y adorable. La acompañaban Willie y el saltamontes Flip. La araña Tecla me daba ciertamente repelús. Vickie el Vikingo tenía su gracia. Los bárbaros en aquel barco que me molaba un montón. Mis padres pidieron al Círculo de lectores la banda sonora con una dramatización de un capítulo. Aún lo conservo. Y me sorprende que en el reparto de actores la voz de Ilva ( mami de Vickie) fuera la de ¡Maria Teresa Campos!.
El bosque de Tallac molaba una barbaridad. Era de ositos, se llamaban Jacky y Nuca. Cuando murió la mama de Jackie, la hermosota Grisle lloré como si me hubieran arrebatado mi mejor abrigo de pieles. Estaba el indio Kellian, macizo, guapo y de piel cetrina que siempre me pareció un indio muy bien dibujado. Bueno, y el pequeño Senda. Pero yo todavía no andaba en esos rollos.
Había tantas series de dibujos animados interesantes...Ahora mismo, mientras te escribo se me agolpan formando un batiburrillo caótico y desordenado. Soy incapaz de poner fechas de emisión, de decirte cuál fue antes, cuál descubrí después. Tal vez esto sea lo de menos.Todas llegaron a tiempo, en el tiempo de mi educación general básica. Y yo de goloso las veía todas.
Pero sin duda si hubo una revolución en el género en los años setenta esta fue la de la invasión de los nipones: Heidi, Marco, La batalla de los planetas, y, claro, la inmortal Mazinguer Z.

Heidi

Marcó un antes y un después en el fenómeno anime. Digamos que eran dos los reyes del Manga: por un lado estaba Go Nagai, progresista dibujante, hiperviolento en sus propuestas (Mazinguer, Los Cyber kabukis...); y por otro lado, Ken Zuiyo, más conservador, especialista en adaptar cuentos populares europeos. Fue el artífice de Marco, Oliver Twist y de Heidi. Al parecer también fue un terrible censor como miembro del Sindicato de Productos Audiovisuales. Se las hizo pasar putas en este sentido a Nagai. En realidad ambos fueron eternos rivales. En el combate todos los niños y los adolescentes de hasta cuarenta años salimos ganando. Sus propuestas tenían mi beneplácito más seguro. De todas formas he de reconocer que Zuiyo no tenía talento, ni creatividad alguna. Su sensiblería hoy en dia me repatea. Indagando en su vida privada me he enterado que su excesivo amor por los niños le trajo algún quebradero de cabeza. En este aspecto, no deja de tener gracia. Ahora que lo pienso asi se entiende aquella oscura obstinación de la pequeña Heidi por volver a vivir con ese viejo en esa sucia choza en medio de ninguna parte, o cuando se ponían ambos a hacer queso de cabra a altas horas de la madrugada, para después el barbas hacerle la cama de pajas a la niña...Uhmm. Y esa señorita Rottenmeyer que era como el ama de llaves de Rebeca pero en maitresse decrépita.

Marco
Me olvidé antes de comentar que lloré a raudales con Heidi. Esto es equiparable a Marco. Niño neorrealista que en España bien pudo haber hecho Joselito. Era huerfano. Buscaba a mamá. Tu sabes su historia. Bien, pues Zuiyo cargó las tintas de la sensiblería y el melodramatismo todo lo que pudo. Baños de lágrimas en el puerto italiano. En su calvario por la Pampa. Y al final, reencontrándose con la madre tísica, que yo creo que había pasado el régimen peronista prostituyendose con los gauchos y que así quedó. Más pañuelos mojados...Y pederastia con guiños zoofílicos: pues al buen Marco el que más lo toqueteaba era el mono Amelio, fiel compañero de correrías. Inolvidable fue el capítulo en el que el crío entra a servir, cual pícaro quevedesco, a un turbio hombre adinerado. La imaginación de Zuiyo hubo de reprimirse en aquella ocasión, como buen ultraderechista que fue.

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