Sunday, February 19, 2006

Dirigido por...fa: Dos Ozus arcaicos ( y 2)

Hijosen no onna (1.933)

Lo que más me interesó de este que es uno de los últimos filmes mudos del maestro fue la atmósfera. Una atmósfera bastante lograda de cine negro, cuando ni en Estados Unidos ese género había sido bautizado todavía. Y un negro envuelto en melodrama turbio y mórbido. Es por eso que algún crítico suspicaz le haya sacado oportunas concomitancias con el cine de Von Sternberg. No es muy descabellada la comparación. En el fondo, el vienés, trasplantado o no a Hollywood, había demostrado ya ser un especialista en narrar pasiones enfermizas, amores desbocados con Marlene o parecidas ( bocetos magistrales como la Evelyn Brent de "La ley del hampa") en lugares peligrosos ( gangsteriles, incluso antes de que la Warner descubriera los roaring twenties). Por lo tanto, a Ozu ya no sólo se le sacaban parecidos con Lubitsch cuando se acercaba a la comedia o a Borzage cuando jugaba con el amor. Pero ¿en qué medida estas influencias en mirada ajena no tienden a minusvalorar a un director que ya empezaba a despuntar con universos propios?. Pienso ahora en esa secuencia final, la que atañe a los amantes descubiertos por la policia que deben huir del apartamento tras el robo en la oficina. Hay un pulso de cineasta sobrio, capaz de crear tensión a la vez que de moldear la psicologia de dos antiheroes expuestos a su inminente final que debería replantear a los críticos la posibilidad de la existencia de un puro estilo Ozu, sin deudas externas de ninguna índole ( el sentido de la fatalidad, el estoicismo frente a hechos mayores que reaparecerán en sus posteriores trabajos).
La acción se desarrolla en el mundo del boxeo. El propio director en su juventud practicó el judo y le apasionaba el tema. Sin embargo, pese a conocer el terreno, o quizá justamente por ello, no se aleja en lo más mínimo del tópico de la identificación de ese deporte con la mafia y la prostitución. No falta nada: ni el capo, ni la mantenida del capo, ni los admiradores del capo...Queda a las claras que ese mundillo no es recomendable para almas cándidas que, dolorosamente lo digo, aparecen en el filme como elementos demasiado positivos creando cierta moralina fuera de lugar. Hay otro detalle que no me gusta del filme que es una forzada ingenuidad a la hora de apurar los resortes del melodrama que acaba originando situaciones absurdas. Habría en este caso que achacar el problema a un guión no demasiado consistente ( por ejemplo, la relación triangular, que no existe bajo mi punto de vista, por más insinuaciones afectadas). En cambio opino que el protagonista, el boxeador corrompido y maleado no es un negativo per se, reviste su personaje una ambiguedad que sin duda lo enriquece, y que se adelanta o anticipa al futuro Bogart ( heroe existencialista de puras dobleces).
Por descontado es su novia la que se lleva la palma, ella es el centro de la atención de la historia. He de reconocer que pese a su predilección por el lloriqueo (por fortuna, mudo) la actriz Kinuyo Tanaka ( una de las primeras mujeres directoras de cine de su pais) está prodigiosa. Sufriendo de amor por un hombre que parece que la engaña con la buena pero no, simplemente está predispuesto a perderla por su tedio vital.
El patético final de estos desarrois no es para nada liberador ( son detenidos por la policia, pero no caben demasiadas esperanzas para pensar que al salir de la cárcel puedan retomar su amor ya de por si demasiado resquebrajado). Fijo que esta película tiene que encantarle a Godard. Se ha hablado mucho, incluso él en su momento afirmó, que Al Final de la Escapada era un homenaje ( asi llaman los gabachos a los plagios) al cine negro norteamericano. Sin embargo el desmoronamiento de Belmondo tiene mucho ( demasiado) con el Jyoji de Ozu.
Tecnicamente el japonés ya había aprendido todo y más del cine mudo. Los barridos de cámara en la secuencia del trabajo en la empresa de gramófonos donde trabaja la chica del gangster ( entrañables guiños al perrito de la RCA VICTOR) aclaran el sentido de alienación de los trabajadores que se ven abocados en algunos casos a salidas no ortodoxas ante su mediocridad. Tambien resulta curiosa la forma de filmar los besos. Es posible que todo se debiera a una forma de pudor oriental con imbricaciones más importantes en lo que atañiria a la férrea censura de entonces. Me refiero a la no visión del beso en sí, siendo sustituida por el plano de los pies de los ejecutantes que se unen ( para acto seguido pasar a un plano donde la chica a lo mejor se acaricia la mejilla recién besada). En este filme hay dos besos: el de las dos chicas, y el de la pareja protagonista. Y en ambas se repite un recurso que no por pintoresco deja de ser estéticamente hermoso. Se alcanza una sutileza poco menos que poética.
Y acabo como empezé. Con la secuencia final, tan atmosferica ella. Pudo haberse desarrollado en el Harlem, pero no. Estamos en un barrio peligroso de Tokio. Pero hay luces de neón que parpadean anuncios en japonés, gatos en los tejados, sombras expresionistas, policias y ladrones...Es como si nuestros enamorados no huyeran del todo en balde, porque al cabo de la esquina estaría esperándoles James Cagney disfrazado de geisha en su cochazo de Little Caesar.

1 Comments:

Blogger megacasino said...

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4:34 AM  

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