Sunday, February 12, 2006

Dirigido por fa...Dos Ozus arcaicos (1)

Puede que parezca increible pero de las cincuenta y tres películas que el inmenso Yasuhiro Ozu realizó a lo largo de cuatro décadas, por lo menos la mitad las llevó a cabo entre 1.926 y 1.931. Pongamos que fue una forma irreprimible de ponerse a prueba él mismo, de tantear el terreno, de desfogarse aprendiendo y equivocándose...para, al final, dominar asombrosamente la técnica.
El primer Ozu es adorable en su mímesis del cine de Hollywood, en su afán de aprehender todo lo posible la cultura occidental. Jóven impetuoso que mira a Lubitsch con admiración de fan irredento. Pero su amor por el cine norteamericano empieza al visionar La Cruz de la Humanidad del pionero Thomas Ince, Ozu es aún un estudiante más en la escuela de Ujiyamada.
En 1.923 por una recomendación de su tío entra a trabajar como ayudante de fotografía en los estudios Shochiku. Y los estudios Shochiku son para Ozu lo que Cinecittá fue para Fellini: toda su vida. Su primera película era un drama de época, el único de su filmografia, Zange no yaiba. Desde entonces fueron cuatro años de trabajo imparables. Filmes de corte moderno, ligeramente crítico, amorosamente liviano en argumentos...Era un Ozu sin zen, pero un Ozu a considerar seriamente.
Ayer vi una comedia muda de 1.931 llamada La mujer y las barbas, que en inglés también se conoce como The Lady and her favourite. Originalmente Shukujo to hige. Nos presenta un particular cuadrángulo de amor cuyo único elemento masculino es un estudiante excéntrico, adicto a la cultura ancestral de la lucha Kendo. Su aspecto físico no cuadra con modas y las chicas se muestran por ello distantes con él: sus barbas les provocan a ellas hilaridad. Al ver que no puede conseguir a su prometida, ni tan siquiera un trabajo estable por culpa del dichosito elemento piloso decide afeitárselas. Entonces, no sólo consigue trabajo y novia sino que además atrae las miradas de otras dos mujeres de distinta condición social: una secretaria y una mantenida de gangster.
Se suceden situaciones de peculiar nonsense en la más impura tradición Lubitsch ( sin su touch, que queda compensado por un mimo por el detalle verdaderamente maestro a través de primeros planos que provocan el gag), hay momentos también vacilantes en su tonalidad en los que no sabemos a las claras si la comedia se ha tornado drama ( tanteo de estilos que no restan un ápice de interés al filme) y hay guiños a lo occidental en los contrastes entre las diferentes mujeres que pretenden al protagonista ( desde sus comportamientos hasta sus formas de vestir). Lo norteamericano es evidente en sus referencias a Lincoln ("todos los grandes hombres llevaban barba, incluido Lincoln, Darwin y Marx", se justifica Tokihiko Okada), pero también en el poster que tiene colgado en la pared, el filme de Lionel Barrymore The Rogue Song ( que se promocionó mucho como supuesto vehículo del tándem Oliver & Hardy, cosa inexacta).
Okada está competente en su interpretación, a ratos afectada, en otros reflexiva, en los mejores momentos risueña. Tuvo corta vida, murió a los treinta y pocos años vícima de una tuberculosis. Personalmente me agradó ver entre el reparto al guapísimo Yasuo Nanjo, de breve carrera cinematográfica pero que aún repetiría con Ozu dos años después en Hijosen no onna. Hacía del amigo del barbudo, a su vez hermano de la prometida burguesita.

(continúa el domingo próximo)

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