Thursday, February 02, 2006

Album de cromos "Sueños de Juventud". Cromo nº 31 : Bobby Driscoll

Bobby Driscoll ( 1.937-1.968)
Iowa. Actor

Cuando hoy en dia la gente lee sorprendida en la prensa noticias que aluden a la detención de estrellas de cine como Christian Slater o Robert Downey Jr. parece que no conocen que esta fue una realidad relativamente frecuente desde los principios del cinematógrafo. Si tuvieramos que evocar la figura de Driscoll deberíamos saber antes que en él se da uno de los ejemplos máximos de figura rota, envilecida y de final más triste. Sus problemas con la heroina (era yonki), sus múltiples arrestos , lo convierten en uno de los casos más patéticos de has been que recuerda la historia del cine.

Baby Bibelot
Yo descubri a Bobby en fotos. A los dieciseis años me compré el Hollywood Babilonia y primero me embelesé con la imágen de niño precioso. Sus ojos rasgados, su narizilla anchota, sus labios carnosos ( el inferior fue mi perdición, por lo menos en dos ocasiones), esas orejas algo separadas (medio de soplillo, medio conchas marinas). Después lei lo que Anger había escrito sobre él y me arrebató la historia. Fue desde entonces que empezé a alimentar un deseo pederástico por toda criatura celestial y si es posible, con una rémora de malditismo a sus espaldas.

La ventana
Su mejor película fue The window de 1.949. Era un grato ejemplo de thriller con pinceladas de neorrealismo a la neoyorkina, un poco en la linea Zinneman, sin las connotaciones oportunistas de éste. Estuvo conmovedor como el hijito de mísera familia para quien el mundo adulto no deja de ser una amenaza constante. Su vida en el East Side era lo suficientemente sombria como para no lanzar demasiadas campanas al vuelo. Cortas esperanzas. Y gana el oscar.
Driscoll deslumbró, como ya lo venía haciendo desde los seis años. Trabajando en diferentes estudios, con las máximas estrellas. Las mismas que sentían un poco de envidia ante la espontaneidad del querubín. En niña pudo tener un equivalente en la estupenda Margaret O'brien. Criaturas nada sabihondas y de gran facultad para transmitir las angustias del mundo infantil.

La seducción de Disney
Disney supone un antes y un después en la carrera de Bobby Driscoll. Trabajará con el de Burbank durante un período de cinco años. Comienza su relación con La Canción del sur (1.946). Encarna al pequeño Johnny, que vive con su abuela en una plantación del sur. Buen cine infantil for all the family. Las constantes reposiciones atestiguan que sigue siendo agradable su visionado. La peli es él.
Fue el primer niño Disney no dibujado. A partir de entonces los niños dibujados se le parecían. Yo creo que al tio Walt, que era un señor un poco cabrón y bastante sádico, le ponía la criatura.
La colaboración sigue con Melody time (1.948), ambiente west. Sale Roy Rogers. Es más importante en su carrera La isla del tesoro (1.949). Su Jim Hawkins es el mejor. Después pone la voz a Peter Pan (1.953). A partir de aqui ambos teenagers (el Eterno y el de Iowa) chocan en una realidad que traería males fatales para nuestro protagonista.

Driscoll en los infiernos
A los diecinueve años se casa con Marilyn Brush, poco duró. Tuvieron tres hijos pero el resto fue penoso. Empiezan las detenciones: por posesión de narcóticos. Consigue un papel protagónico junto a otra estrella venida a menos, con tantos problemas o más que él, la señorita Frances Farmer, bellísima lobotomizada. The Party crashers (1.958). El asunto iba de delincuencia juvenil. Y un Driscoll torpón y con acné desanimó a los productores que no volvieron a confiar en su niño prodigio, por lo menos el que había sido allá por los años cuarenta.
La vida del muchacho empieza a caer en un infierno de detenciones, huidas, picos de heroina, robos a mano armada y violentos ajustes de cuentas. Peter Pan desde Nunca Jamás debió de poner una mueca de asombro al verle en tales trances.
Fue un verdadero rebelde sin causa, que no tuvo el bombo y platillo de James Dean, pero que en actitud existencial le superaba con creces. Su erratismo terminó llevándole a la muerte en el East side, precisamente. En el barrio neoyorkino donde había protagonizado su mejor película, por la que lo oscarizaron. Apareció muerto en una vivienda abandonada, rodeado de basura y objetos religiosos. Unos niños lo encontraron, pero el cuerpo no fue identificado en un principio. Lo enterraron en una fosa común. Un año después la familia se pone en contacto con los ejecutivos de la Disney. Andaban buscando a Bobby. Los del cine les echan una mano y tras arduas investigaciones consiguen que se identifique el cadaver de la fosa como el del actor Bobby Driscoll.
Son las leyendas negras que conforman ese otro Hollywood y que dolorosamente muy a menudo protagonizaron niños preciosos, de talento por encima de lo normal y que alguna vez nos consiguieron enamorar desde su candor disneyano.
Para Disney fue el primero de los niños que le salió rana. A mediados de los sesenta se vería en la obligación de expulsar del alegre pelotón de los musketeers a otro favorito de su mundo mágico: el lovely Tommy Kirk (al crio le gustaba hacer guarrerías sexuales con otros muchachos de su edad). Pero este ya sería otro cromo.

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