Thursday, January 12, 2006

todo ha pasado hace veinte años ( y esto también)

a Manolo Ferreras

Cercano a mi yace el cuerpo de Manolo Ferreras. Lloro por él, de rodillas. Suspiro. Quiero ser él. De rodillas. Suspiro.
Le observo. Paso mi mano sobre su cuerpo sin tocarle apenas. Con ansiedad pero respetuoso. Deseo reencarnarme en todo lo que tengo frente a mi.
Solos. Solos los dos, ¿para siempre?. Mi mirada penetra en sus ojos aún embriagados por el etílico de anoche. Su pelo revuelto, despeinado, revoltoso.
En la esquina de la habitación gime el cuerpo del portador del arma. Del delincuente, del homicida hitchcockiano. Con su boca reventada de sangre. Con sus manos oprimiendo el mosquetón. Cerrado en si mismo, putrefacto hasta la médula.
Pero, no obstante, estamos solos. Manolo Ferreras es sólo para mi. Ya no más horas perdidas.
No le haré mucho más daño. Sus auriculares cuelgan por su cuello. El micrófono pervive aún en su mano. No le arrancaré el corazón ni su inteligencia chispeante. Podría empezar por cortarle la lengua. No sé. Me limitaré si tal a empezar por sacarle los auriculares del cuello desnudo. Será fácil...es fácil...fue fácil.
Y ahora el micrófono. Tarea ardua pero mecánica. Sus dedos presionan el aparato. Me será dificil el despojo. Me es dificil el despojo. Me fue dificil el despojo, pero ya está. Nada más. Podría probar en introducírselo por salva sea la parte. En el fondo en su estado dilataría perfectamente sin que fuera necesario lubricar apenas.
Lo pienso mejor y decido que nada más. Le acaricio la sombra por última vez. Le cierro los párpados para que duerma tranquilo.
Y huyo. No debo llevarme el cuerpo. Debe ser pieza del museo de la radio. Aparte que no lo quiero, al asesino tampoco, que se lo lleven a él.Lo dicho. Huyo mirando atrás sin ira. Soy feliz. Dichoso. Próximo a la gloria. En el fondo deseo de forma imperiosa acabar con mis mitos, con la gente que más admiro, con los quereres, todo por un puto mecanismo de usurpación digno de envidioso patológico. Como homicida cainita no tengo precio.
Me presentaré en la emisora y les diré a todos que el jefe ha tenido un accidente. Se enterarán por la prensa, por EL CASO por un casual. Me sentaré en su silla. Me colocaré los auriculares como él lo hacía. Echaré una ojeada a la papelera a la busca de sus condones. Tal vez me conforme repasando un LIBERACION atrasado. Al fin me acercaré al micro y hablaré cual cotorra de los early talkies. Como él hablaba. Tan dogmático, siempre un poco doctrinal.
Por si acaso guardaré antes de llegar la verdadera arma. Los mosquetones ya no se meten con nadie.

*
Maciste B. adolescente.(1.986)

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