Wednesday, January 04, 2006

Odios viscerales. " Personas " a las que les deseo la muerte ( de enfisema pulmonar)


Hoy La Liga Antitabaco.

No es mi voluntad ponerme a la contra de una opinión generalizada de la mayoria, que un poco sí, pero es que yo como no fumador veo de un exceso vergonzoso lo que está pasando de un tiempo a esta parte con las gentes cuyos hábitos fumatorios son censurados sin más ni más. La cosa ha crecido de tal manera que hace cuestión de pocos meses estaba ya muy mal visto que un ser ( o infraser) encendiera un cigarro delante de un grupo de personas en un lugar cerrado. La culminación de este proceso dictatorial ha tenido lugar desde este 1 de enero, con la puesta en práctica de la ley que prohibe el consumo de tabaco en absolutamente todos los lugares públicos. Esto ya me parece un sindios, y repito que lo afirmo desde mi posición de no fumador ( fumé y mucho en mi adolescencia, pero yo no sé qué diablos pasó que la nicotina no me convirtió en un adicto. Más adelante probé la marihuana y la grifa, tampoco me enganchó. Con ella me lo pasé muy bien pero me atontaba demasiado y ahora casi ni la pruebo). Pero si es verdad que reconozco que un ambiente cargado puede llegar a irritarme los ojos o la garganta aún es más cierto que más me irritan las posiciones ultraradicales de los que por tiranía de quienes no son como ellos intentan imponer sus hábitos al resto de una población que, atónita, se ve ahora en un verdadero brete. Porque la adicción al tabaco es muy jodida y el asunto de ahora más serio todavía. Se está hablando de que van a empezar a aumentar las bajas por estrés o por constipados pues los fumetas al tener que salir del trabajo o de los bares para echarse un pitillo estarán expuestos a coger un frio polar que les traerá esas consecuencias. Lo del estrés o ataque nervioso es más razonable, sin duda el "mono" te puede hacer perder los estribos. En última instancia no quiero ni pensar la mala hostia que va a proliferar a partir de este mes en oficinas, ambulatorios y centros de salud, ministerios y fruterias al no poder los curritos tocar una simple cajetilla.
Detrás de toda esta campaña antitabaco ( demencial a todas luces, el Estado está tirando piedras contra su propio, hipócrita tejado) se esconde , seguro, algún grupo faccioso y ultraconservador, terribles energúmenos sacro angelicales defensores de una pureza que, por descontado, no es de este mundo ( si hasta están los de tele 5 por "una vida sin tabaco", dentro de su absurda política de "12 meses, 12 nauseas"). Alegan bastantes que no quieren inhalar la porqueria de nadie, que si los fumetas se quieren matar que se maten, pero que no los arrastren a ellos a la perdición.Vamos, que los fumadores pasivos (asi se definen) están hasta los cojones de tanta dictadura del rubio o del negro ( yo al principio pensaba que un fumador pasivo era un tio que mientras le estaban dando por culo se echaba un pitillo. Yo tuve una pareja que hacía eso, no esperaba al cigarrillo post coitum). Pues, muy bien. Parece que ya lo han conseguido. La ley ha seguido adelante y ya se han salido las cosas de madre.Ahora tendrán que conformarse con los humos de los tubos de escape de los automóviles, los de las fábricas e industrias, de los mil y un centros contaminantes que hay en nuestras ciudades y hasta pueblos. Suena algo demagógico pero ¿ a qué en nuestro íntimo pensamiento siempre conservaremos ese sentimiento de derrota, de imposibilidad de acabar con la impureza universal ?. Y, mientras, los fumadores ahí perdidos: esperando sus enfermedades con entereza y abnegación ( no hay nada más ridículo y asqueroso que un drogadicto vergonzante).
Me da mucha pena que esté ocurriendo todo esto. Quienes pensaban que con Zapatero se pudiera plantear, tan siquiera plantear, un debate razonable por la legalización de la marihuana ( ya no digo las otras ) se deben estar dando de golpes contra la pared. Vamos en regresión, sin freno posible. Como los cangrejos, en pos de una sociedad supuestamente más "civilizada".
Y yo que me enamoraba de las actrices de Hollywood por su arte y destreza en el fumar un cigarrillo..., eran auténticas carreteras. Aquella estética de las fotografias glamourosas, en blanco y negro, donde la nube de humo envolvía en un onírico flou a unas Bettes, Ritas, Lindas y Tierneys exhaustas de hacer malignidades. Y, desde un lado más prosaico, nada me resulta tan hermoso y embriagador como un aliento a tabaco cuando beso a un chorbito de dientes negros, mientras su ropa va desprendiendo un fuerte olor a nicotina que irremisiblemente contagiará a la mia. Siempre, cuando pasen unas horas podré recordar esos momentos ricos con chicos tabú cuyos vicios huelen a Marlboro, como en las del Oeste.

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