Tuesday, January 24, 2006

Mi noche con Olga

No tengas miedo. No se trata de un fantasma de medianoche. Aunque mirando las fotos parezca reflejarse un ambiente de macabra concupiscencia. Olga actua también a mediamañana y a media tarde, pero sus torturas son tan camp que no deben preocuparte. Tienen mucho de regocijo para connaiseurs. De levanta lívidos cuando las goza un psicotrónico enfermo de escabrosidades pasadas de moda. Las historias de Olga, que encarnó la única entre las únicas Audrey Campbell son iniciación al sadomasoquismo lésbico visto por hombres y...por algunas mujeres deseosas de sumisión sáfica. En los años sesenta estos subproductos de mercado interno, local eran material obsceno de visionado limitado. Hoy en día son droga pura para el que quiera adentrarse en lo bizarro e inverosimil.
El creador fue Joseph Mawra, de profesión erotómano desquiciado, casi inventor de la sexploitation junto a Sarno y la Wishman. A su alrededor jugó un equipo de jovencitas dispuestas a desempeñar dos únicos roles: uno, el de las virgenes que pronto van a ser corrompidas y otro, las corrompidas que buscan placer inflingiendo dolor a otras. Subyugante como punto de partida. Y como centro catalizador de toda esta maraña sadiana ( de tebeo) ella, la Olga de la trilogía, Miss Audrey Campbell.
Audrey es natural de Cincinnati. Su aspecto era enigmático: una no-belleza morena, de curvas discretas y melena larga y bien sujeta a guisa de fusta. Pudo hacer de vampira si quisiera porque su aspecto era el de una macabra criatura de la noche. Pero se contentó con un vampirismo mucho más extraño y rico en matices: el de corruptora de novicias despistadas,el de manipuladora de personalidades difusas, el de dominatrix de niñas de reformatorio. Sus miradas eran de una intensidad sobrecogedora. En un internado de señoritas ella hubiera arrasado. En un campo de concentración del amor sus solas pisadas de bota de cuero hubieran puesto con el corazón en un puño a todo un barracón de prisioneras ( de hecho su personaje parece premonizar a cierta loba de las SS de nombre Ilsa ).
Audrey empieza la década con un papel protagónico a las órdenes de Joseph Sarno, Lash of lust, y en seguida se introduce en el mundo del erotismo retorcido ( pero siempre naivete) de las gobernantas de Mawra. Como visualización de las fantasias de John Willie y del dibujante Eneg ( la inolvidable condesa torturadora de la dulce Gwendoline) admitió una variante que enriquecería al personaje original: la incorporación de las drogas y el lesbianismo moderado. Como continuadora del legado s/m de Betty Page y amiguitas estaría a la altura. Fue formidable. De hecho, Mawra le tenía preparado un arsenal de armas de tortura tan imaginativas como escandalosamente rudimentarias: se llegó al colmo de la ridiculez con la silla eléctrica de House of shame (1.964), en donde una cacerola colocada sobre la testa de la víctima sentada en una silla lanzaba unos chispazos como para partirse de risa ( es como imaginarse un garrote vil a lo Cuéntame).
Las bofetadas del ama Olga son cachetitos inocentes, pero la mirada fulmina. Los dientes de Olga son de vampira acojonante. Sus pantalones negros implican dominio algo masculinizante, en el fondo es viril en su fuerza predadora.
Olga tortura tanto en interiores ( mazmorras lóbregas como de vestíbulo de night club,cabañas abandonadas en el campo) como en exteriores ( el bosque de House...está lleno de árboles ideales para atar a las blancanieves y darles luego de latigazos, o bien atarlas por cuello y manos mientras la amazona a golpe de fusta las obliga a girar a su alrededor a guisa de doma loca) y lo hace por su propio y exclusivo placer. A lo mejor su sadismo es el utensilio de sublimación de una sexualidad irresuelta.
En esta materia hay que decir que los avances eróticos de Olga parecen tímidos: profesionales del strip tease bailan para ella vestidas de odaliscas para excitarla pero nada más, luego la bruja en la soledad de su guarida se toca con los recuerdos del meneo. De todas formas esta perra también moja en estruendosos trios lésbicos como el de Olgas'girls (1.965) ( quiza la más floja película de la trilogía a pesar de los estupendos números de baile que se ven en ella).
Los bastidores de Chinatown parecen inverosímiles pero nos los creemos porque el delirio es supino. Prostitución, drogas y hombres sin escrúpulos pueblan el metraje de White slaves of Chinatown (1.964). Tanto tremendismo es acentuado por una altisonante voz en off que denuncia los peligros de un barrio que a pesar de todo tiene cosas buenas.
Acércate si puedes al mundo trash de la serie Olga. Vas a disfrutar por entero de su envolvente tono. Buñuel a no dudarlo que lo debió hacer pues me recuerda mucho la secuencia de la flagelación en el árbol de House... a la que le propinaban a la fria Deneuve en su Belle de jour ( desgraciado catálogo de excentricidades amatorias pequeñoburguesas vistas desde la óptica de un aragonés en horas bajas).

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