Tuesday, January 31, 2006

Mi noche con la Chambers (1)

Recordar a la primera Marilyn Chambers es reencontrarse con un tipo de mujer que parece ya no existir en la pornografía norteamericana. Cuando se habla de superestrellas del hard core uno se imagina a las típicas putarracas neumáticas, repletas de silicona de primera calidad, moldeadas en el mejor de los casos por los artesanos de la industria del Playboy (por ponernos casposos). En otras latitudes, la sensualidad vendría motivada por causas más naturales ( así aparentemente las brasileñas gozan de ese estigma de curvilíneas que no deja de tener su aquel, en general todo el cono sur y las bifurcaciones africanas de la raza negra). Pero si nos remontamos a los años dorados del porno (los años setenta), costaba que te aparecieran mujeres, en general tan artificiales, tan pasadas de quirófano.
El coño peludo, las tetillas lozanas y en justa medida, los labios de puñetera...parece que estoy describiendo a Marilyn Chambers, pues si. Pero tambien es bonito evocar ahora al resto, porque después de treinta años parecen estar sus proezas, sus físicos, sus orgasmos totalmente vigentes: Erica Gavin, Jean Jennings, Anette Haven, Serena, la Spelvin, la Lovelace...Pioneras en el arte de mamar, pero también fueron mucho más que eso.
La Chambers traspasaría la frontera de este tipo de cine al integrarse en un mainstream Hollywood que le daría esa segunda oportunidad para realizarse como actriz en otros embolados. Cronemberg la quiso para su "Rabia" que fue uno de sus primeros delirios quirurgico-misóginos y a ninguno de sus admiradores les extrañó que la hembrita cumpliera tan bien con su dramático papel. Porque ver a la Chambers en el porno ya era una experiencia única de magnetismo femenino: sus miradas apasionadas, sus orgasmos tan creibles, su expresividad corporal...fue una de las primeras superestrellas de este cotarro a la que se miraba más a los ojos que a su sexo. Algún crítico desproporcionado la definió como una mezcla entre el carisma de la Monroe y la personalidad de una Kate Hepburn. No sé. Pongamos simplemente que ofrecía algo más que una almeja o una lengua. Era lady reacciones.
Desde temprana edad anduvo metida en el mundo del espectáculo. Fue una niña anuncio. Su primer papel, ni siquiera con frase, me parece, lo hizo junto a Barbra Streisand en "The owl and the pussycat" (1.970), era la moza de Robert Klein. Su siguiente intervención tendría ya mayor enjundia aunque esta ya la iba a introducir en los terrenos minoritarios por los que hoy es leyenda. Era un filme raro, oscuro (casi ni se exhibió) de Wes Craven: Together (1.971). Con aire de docudrama se aludia a las comunas hippies del momento y en ella aparecía Marilyn y otras vestales del nudismo hablando sobre su cuerpo y de su percepción de la sexualidad. Ni siquiera puede enmarcarse la película en una categoria de soft core. Era un ejemplo de cine experimental muy en boga en paises como Suecia o Alemania. En cualquier caso, la veinteañera ya había dictado su canon de comportamiento: mejor desnuda que vestida cuando una se enfrenta a la cámara.
El conocer a los hermanos Mitchell fue el hecho más relevante de la carrera de Marilyn Chambers. En realidad estos inquietos californianos lo fueron todo en la creación de su mito. Las películas que hicieron juntos están entre lo mejorcito del porno de todos los tiempos.
Los Mitchell Brothers eran Artie y Jim. Se movían en la onda de San Francisco, con toda su permisividad sexual y con la contracultura hirviendo alrededor suya. La intención de Jim era, al parecer, la de convertirse en el Jean Luc Godard de Hollywood. Nada, viendo sus películas, nos hace pensar que lo hubiera conseguido, pero es evidente que la atipicidad de estas nos obliga a tener que darle de comer aparte dentro del cine pornográfico de su época ( y de cualquier época).
Pongamos el ejemplo de "Behind the green door" (1.972), todo un clásico. Cualquier instante de su metraje se torna sorpresa continua para el espectador poco avisado. Cambios de plano inesperados, secuencias que discurren a saltos, introducción de elementos hasta entonces ajenos en el género como happenings y performance insertados de una manera consciente en una trama...que existe y, finalmente, ese tour de force técnico de efectos especiales y que fue una de las grandes sorpresas del filme: me refiero al cum shot prolongado durante diez minutos en donde el empleo del trucaje y el color dieron una visión psicodélica o, para ser más exactos, de "trip" al acto físico ( en otras manos aquello hubiera sido una corrida sin más) causando entre los aficionados verdadera sensación.
Basándose en una novela anónima cuya acción acaecía en la segunda guerra mundial, también daría pie a un rock'n'roll muy popular en los fifties ( en Cuba lo adaptaron Los Llopis: se llamaba claro "La Puerta Verde"). La irrupción de la Chambers en la peli es deslumbrante. Hace de virgen pura que es secuestrada e introducida en un huis clos como parte de la performance que satisfará a un grupo de selectos invitados. Reunión que no excluye ni a travestis ni a gordas repugnantes y en donde todos juntos acabarán reproduciendo la orgia representada. Es curioso pero la secuencia previa con la entrada de invitados, algunos con smoking, tapados con antifaces y que llegan al salón de la puerta verde me recordó a la fiesta de disfraces de "Eyes wide shut". Y aunque no lo creas la de los Mitchell es mucho mejor en su transgresión. Y qué coño, en su aroma de autenticidad.
La ceremonia empieza con la actuación de una mujer mimo, primer detalle chocante. ¿Qué hace una mujer mimo en una peli guarra?. Si ni siquiera se la follan, ni nada. Pues si, los Mitchell eran asi. Acto seguido empieza el tomate. Entra la estrella ( a star is born, o a star is porn habría que decir mejor). El contraste entre el vestido blanco de Marilyn y las túnicas negras de las damas oferentes deja a las claras que estamos ante un porno de altos vuelos.
(continuará el próximo martes)

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