Thursday, January 19, 2006

La semana de TIMMY: Parte 4

Llegó vestido tal cual lo imagine. Y aún se había esmerado en unos cuidados detalles más de los que me fui dando cuenta según entraba en el salón. Traía un aspecto demacrado, como si en el fondo, le hubiesen dado una paliza. Pensé "qué niño más perfeccionista en sus caracterizaciones". Pero no. En seguida me aclaró que por el camino unos skins le habían atracado y dado dos buenos golpes: en cabeza y costado. Qué horror. ¿Cómo era posible que unos ultras
cabrones se me hubieran adelantado, saliéndoles gratis el ritual y encima a lo mejor sacándole al chico unas cuantas monedas de su cartera?.
Le ofrecí un vaso de agua y un calmante ligero. Mientras lo tomaba analizaba su aspecto general: la leve hinchazón de su precioso ojo derecho, lo sucio que venía, el pantalón del chandal roto por la rodilla..."Y por el culo" me espetó, enseñándome aquella abertura tal que un exhibicionista de desgracias riquisimas. Se colocó de espaldas a mi abriéndose de piernas y agachándose como sólo sabe hacer él ( lo aprendió en un cursillo de la FALCON) para que viera el roto a la perfección.Me puse las gafas y metí la cara en el meollo. Le prestaba tanta atención que cualquiera pensaria que de un momento a otro me pondría a cosérselo.
De nuevo se sentó. se terminó el vaso de agua y quedó por un instante callado, mirando las fotos de las paredes. Captó a Joey Stefano y me contó que había muerto ya.Ya lo sabía, de sobredosis. Era un bottom excepcional. Para alucinarlo me inventé que en una ocasión, él todavia no había nacido, me había metido unas rayas con Joey en el váter de una fiesta de la Chi Chi LaRue. Se sorprendió. Me dijo inocente si tenía algún estimulante a mano: poppers et al. Le ofrecí un petardo. Quería verlo somnoliento, tontorrón. Qué coño, vidrioso. Estaría guapísimo así. De momento parecía un apolo en adidas, un galo medio moribundo, un cupido asaeteado. Drogado ganaría el doble.
Mientras lo fumaba me levanté para ir al equipo de música. Dudaba entre poner a Rimsky Korsakoff o lo último de Devendra. Al final animé el cotarro con los maravillosos Arquitecture in Helsinki. Es posible que el se hubiera contentado con Gorillaz o Coldplay pero yo no tenía nada de eso.
Al cabo de un rato Timmy ya estaba tonto. La marihuana le hacía risa. Qué dientes blancos. Le pregunté si sentía dolor, me contestó que estaba de puta madre. Fue cuando le recordé si había cumplido con los temas de nuestra conversación telefónica. Asintió: "Con todos".
Me alegró tanto que lo besé en la boca. Le succioné los labios, introduciéndolos , catándolos por si hubiera silicona, esos morros eran sospechosos de injerto.. Tenían un sabor agradable, casi podía absorver algo de su sangre. No hubiera sido dificil que brotara algo dada la pequeña herida en el labio inferior.
Le eché un vistazo más largo ahora que todo empezaba a cobrar forma. Le olí los sobacos, efectivamente: ni rastro de desodorante. Olían a niño juguetón. Le saqué la parte de arriba del chandal, la camiseta también y le levanté los brazos. Musculosos en su justa medida. Mierda, los traía depilados (puta Falcon). Aún asi olí, olí, volví a oler...Y cuando el almizcle de su sudor ya me era familiar de más con la lengua lamia. Lo hice con una intensidad que escalofrió al muchacho. Al terminar observé su pecho precioso. Le prohibí que tomará esteroides. Lo quería eternamente así: efébico a lo Antinoo, es decir con un punto de carnosidad que algún pureta confundiría con la incipiente gordura y yo definiría como sensualidad de luxe.
Entonces me dijo que tenía necesidades fisiológicas que cumplir. No tan finamente claro, dijo que tenía ganas de cagar. Llevaba sin hacerlo en todo el dia. Y ya se le había escapado un trozo de mierda después de la paliza callejera por el calzoncillo. Me hizo tan feliz escuchar aquello...Ya había notado un olor pestilente de ventosidad reprimida cuando estaba en el tocadiscos colocando a los australianos del pop y pensaba: "Estás cerdito, mi pequeño. Sigue asi". Le avisé que tenía que esperar. Ahora también se estaba meando. "Vale, pero después", recalqué.
Le palpé el paquete, la textura del chandal era tan agradable que su contacto me empezó a volver loco. Fue entonces cuando me arrodillé ante él y me predispuse para honrar a sus sagradas zapatillas deportivas.
(continuará)

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