Saturday, January 21, 2006

Infancias verdes. Capítulo cuarto

Retomo mis memorias infantiles después de los dos intermedios especiales que hubo estas navidades. Pero antes un breve paréntesis sobre mi estado anímico actual. Quiza te habrás dado cuenta de que esta semana me he volcado en el blog, que la extensión de los posts son más grandes que de costumbre. Esto se debe a que necesito ocupar mi tiempo en la escritura a falta de un Jose que nunca ha estado tan lejos. Desde que nos conocimos, y de esto se cumplieron tres meses este quince, no solíamos separarnos más de tres o a lo sumo cinco días. Bien, en dieciseis dias sólo lo he visto una vez. Vale que tuvo catarro y que recayó. Pero me llama el domingo pasado y friamente me dice que no le espere, que no viene. Le tiro de la lengua y me habla de un mareo muy gordo el dia anterior. Este miercoles le llamo y está más cordial, recuperado, se atreve a decirme que no fue al médico, que cualquier dia pasa para hacerme una visita sorpresa. No sé, eso no me basta. Estamos a sabado y nada, ni trabaja ni viene a verme. Si entre hoy y mañana no le veo le llamo para aclarar y/o cortar, porque esto se parece un poco a la típica situación de darme largas. Y yo con la incertidumbre de una disculpa no puedo estar. Ayer noche no contestó al movil. Las pasé putas de madrugada, no pegué ojo. Si hoy no viene o mañana me pondré dolorosamente drástico. Eso si lo localizo, claro. Que yo sepa no hubo ningun problema la última vez que estuvimos juntos. Un conocido me ha dicho que no le presione. Muy bien, me joderé un par de dias más y actuaré en consecuencia mañana a la noche.

Los hombres de Harrelson
Y ahora, viajemos en el tiempo a los televisivos años setenta.
Cuando en el capítulo anterior hablaba de que dos habían sido las series que me habían marcado sexualmente como un niño de la acera de en frente, empezé hablando pormenorizadamente de una de ellas: Starsky y Hutch. Bien, pues la otra fue "Los Hombres de Harrelson". Una serie muy mal vista, yo creo que junto a la coetánea saga de "Harry el sucio" tuvo que padecer, y quiza con razón, los más terribles anatemas de la crítica progre de este país. Se la tachó de fascista, de pro yanki hasta la exasperación, de burda y ramplona en los guiones, de infantil y esteriotipada, de ultraviolencia gratuita, y de no se que más historias...Bueno si, sé más.
El gran Joan de Sagarra en un número de época del "Nuevo Fotogramas" decía en una crítica de la serie bajo el título de Los huevos de Harrelson:"Dejo al cuidado del lector el calificativo que se merece tan instructivo y moralizante tebeo, pero, por favor, las manos quietas, pues no lo duden, con teniente o sin teniente, los españoles los tenemos igual que siempre..."
¿Me enteraba yo de crio de las moralejas ultraconservadoras de la serie policíaca?. Me da que no, pero tal vez de lo que sí me empezaba a dar cuenta, y a deleitarme, era de las bondades de los huevos de los uniformados de S.W.A.T. El tonto canto al machismo y la virilidad casi castrense ( favorecida por sus atuendos) supuso un duro golpe a la iniciación al mundo de los sentidos. Pero de igual modo y en vuelta de tuerca, supuso la revelación del componente fetichista que poco a poco me fue acompañando en mi existencia. Estos géneros, sólo hombres uniformados relacionándose entre ellos en amistades tan profundas, daban pie a poco veladas significaciones homoeróticas, y uno que era ya propenso a tamañas debilidades se enganchó como una perra. La serie tenía dos rombos, se emitía a las tantas, pero aún así,yo no me la perdí.
Sería 1.975, pertenecía a la cadena ABC. Su tema musical yo creo que ya es un evergreen, lo compuso Barry DeVorzon y ahora es carne de remezclas en medio mundo. Ellos eran cuatro expertos policias al mando del sargento Steve Forrest ( el más maduro). En cambio los jovenes estaban como un queso ( luego me enteré que Forrest en los años cincuenta era un guapazo potente, tanto que ya quisieran los Harrelson boys): eran el sargento Deacon, el oficial Dominic Luca, el oficial T.J. McCabe ( entrañable James Coleman) y, mi favorito, el oficial Jim Street (Robert Urich en todo su esplendor guerrero. Este sub actor ya murió, de cáncer pero tambien sufría la enfermedad de la excesiva limpieza).
T.J. era una monada, rubisimo y pecoso, encargado siempre de las proezas más arriesgadas, el más jóven. El caso es que todos andaban siempre muy liados, date cuenta de que el crimen organizado estaba asolando Los Angeles. No hubo problemas que estos sanos wasp no solucionaran, eso si, a base de violencia y moralina final. Super armados y perfectamente entrenados, parecían prolongar a la desesperada la vergonzosa gesta vietnamita en años en los que arrasaban en taquilla mensajes pacifistas y de redención en filmes como "El regreso" o "Apocalipsis Now". Yo que sabía de todo aquello... A mi lo que me importaba era verlos en movimiento, en situaciones de gran físico, haciendo posturitas que luego imitaban mis Madelman bélicos. Con Robert Urich haciendome sudar por su apostura, sus músculos, sus preciosos ojos verdes... De aquellas pajas vinieron estos lodos. Y los uniformes, que hallarían su apoteosis filogay en la saga de MadMax al finalizar la década.

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