Sunday, January 29, 2006

Dirigido por...fa: Anton Giulio castiga a Thais en nombre del futurismo


Después del desayuno me pongo con cosas pendientes.Hay que aprovechar la mañana, que me ha invitado a comer la vecina y luego vendrá Jose para pasar el resto de la jornada de descanso conmigo.
Asi que con las pilas cargadas retomo un dvd con una copia andrajosa del "Thais" de 1.916 que creó uno de los futuristas italianos de mayor nombradía: Anton Giulio Bragaglia. Ya sabes que el padre del movimiento fue Marinetti que ejercería una gran influencia en los múltiples artistas que surgieron por entonces en una Europa en conflicto ( se entiende que bélico). Si del cine hablamos hay un ejemplo previo de intento de aplicación de las teorias del maestro en el filme de Aldo Molinari "Mundo de Jarana"(1.914), pero de ella no puedo decirte nada puesto que no la he visto. Sí sé que los padres teoréticos la rechazaron de pleno puesto que no cumplía al parecer con los preceptos básicos; esto es, el rechazo de todo tipo de reconstrucción histórica.
La consigna "Dejad a los muertos en paz" define en forma de mandamiento al futurismo como expresión radical que aboga por la deconstrucción y a partir de ella, de creación fantástica del mundo personal del "genio" italiano.
Vista "Thais" me da que esta máxima queda irresuelta en buena parte. Hay en ella un acercamiento tímido a la vanguardia en las formas espaciales, en el decorativismo ( en dónde Bragaglia poseía una experiencia incuestionable), de igual modo existe un amor por la arquitectura más a la páge pero, por desgracia, no se obvia un sentimiento teatral en un campo, el cinematográfico, que pienso yo que en este caso sobraba. De todas formas lo malo de "Thais" no es la teatralidad de unos gestos o de unas acciones artificiosas sino el estatismo de una cámara que no ahorra en planos fijos que dan una sensación de herencia de un "Film d'art" aún no superado.
Por fortuna las secuencias en exteriores son numerosas, visualmente tienen algo de naturalismo a lo "Assunta Spina" , sin el verismo verganiano, claro está. Y es que la trama, decadente y ya tópica en 1.916 se reduce a presentarnos a una femme fatale que destruye vidas por el sólo influjo de su pluma de marabú. Entiéndase: Thais es un especímen de mujer fascinante para los hombres que la han colocado a la altura de una diosa. Letraherida, cocotte y bailarina rara va despachando a los hombres peleles con una frivolidad demasiado nociva. Por ella muere su amiga, una ecuyére que cae del caballo porque su vida ya no tiene sentido después de que Thais haya jugado con su prometido.
Si la premisa del futurismo es la de romper con las normas y construir a partir de ahí un nuevo arte entonces se puede afirmar que el propósito de "Thais" no se habría conseguido. Su ambiguedad o hibridez no parecen jugar con lo rupturista y si mucho con el despiste. Tal vez los momentos más avantgarde se concentren en el hogar de la malvada : es una especie de medio laboratorio medio boudoir de estupenda decoración. Las paredes contienen grandes ojos pintados, espirales, gatos negros y cuadrados que buscan en su multiplicidad el efecto óptico de una tridimensionalidad no del todo efectiva: es trompe l'oeil eminentemente teatrero. Pero aún asi me fascina. Porque también están ahi los objetos, sillas, butacas, mesas...todo lo que un futurista pueda soñar para vivir su nuevo confort.
Al final, cuando Thais es castigada con la muerte, a guisa de expiación no exenta de moralista mensaje, la propia dama se convierte en parte del decorado. Ese vestido de connotaciones andaluzas, el maquillaje casi expresionista pero aún apegado al artificio de las dive muette...todo parece integrar a la protagonista en la imagineria del hogar ficción.
No pueden faltar las referencias culturales. Es curiosa la inclusión de versos de Baudelaire que aluden al aspecto demoníaco de las belles dames sans merci. Pero no carguemos las tintas en suposiciones exageradas. Baudelaire daría prestancia en el subtexto pero ello no quita para que "Thais" se insiera en un mensaje misógino del cual el francés era un auténtico especialista ( el odio por las mujeres del maudit era de sobra conocido. Bragaglia no esconde tampoco el suyo, castigando la perversidad de esta mujer sin sentimientos con su muerte).
La secuencia del castigo mortal es larga. Esto da pie a su protagonista para convertir su agonia en una suerte de danza macabra, estilizada, pausada y hermosa. La atmósfera onírica del instante la logra Bragaglia de nuevo con recursos propios de las tablas: del decorado surge un humo tóxico que envenena a la hembra.
Bragaglia es un hombre de teatro, de nuevo te recuerdo. Junto a sus hermanos Arturo y Carlo Ludovico definieron la escena más artística de los años veinte y treinta ( tal vez en el extremo que los separaría de la familia de Filippo, cuyo teatro dialectal siempre estuvo más apegado al sentimiento popular). Pese a todo Anton Giulio intentó siempre conciliar ambas expresiones, sin por ello renunciar a una libertad creativa que rigió sus movimientos hasta su muerte.
Como padre de la fotodinámica futurista, daría ejemplos extraordinarios, y puede que sea más interesante esta labor de fotógrafo que la de cineasta. Por lo menos en esta última no he visto objetivos especiales ni prismas ópticos ni espejos deformantes...Al respecto, es mucho más arriesgada la contribución de Leger en su "Ballet Mecanique" o la Delluc en su "Concha y el clérigo" poco después ( y estos ejemplos ya van englobados en otro ismo). Pero resultan menos envejecidos.
Con todo es una obra curiosa de ver. Fascinante a ratos, y casi en su totalidad si se entiende como un melodrama belle epoque decorado por un diseñador salido de madre.

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