Sunday, January 08, 2006

Dirigido por fa...Monicelli, Fellini, Visconti, De Sica. Cuatro directores en busca de un autor ( Boccaccio 70 )

Primera parte

Sólo se trata de un juego de palabras, más o menos logrado ( yo creo que tira a tópico). Boccaccio 70 recurre al clásico escritor italiano en su título para justificar las distintas visiones que tenían estos cuatro directores del ideal femenino y de las obsesiones eróticas del italiano tradicional. Son cuatro aproximaciones diferentes: algunas sorprenden, como en el caso de Monicelli, otras apabullan, como en el caso de Fellini, las otras dos simplemente constatan una constante ya conocida en la filmografía precedente de sus autores, caso de De Sica y Visconti. A su vez se integra en la boga de películas por episodios tan socorrida en los años sesenta. De cualquier manera es un filme interesante por lo que hay en él de obsesivo y barroco, de mordaz y populista. Vale por las reales hembras y algún que otro apuesto machito que la protagonizan. Si a todo lo anteriormente citado, se utiliza como complemento del filme "Comizi d'amore" de Pasolini, podremos al final alcanzar a tener una idea bastante aproximada de lo que ha sido ( y puede que siga siendo, per secula seculorum) la mentalidad sexual mediterranea.

Renzo e Luciana (Mario Monicelli)
Sorprende la aportación de este director por lo que tiene de acercamiento a un género, el melodrama, que rara vez frecuentó. La historia de estos dos jóvenes recién casados se torna agridulce cuando la mocita descubre que estaba embarazada desde antes de la boda. Esto se une a la imposibilidad de encontrar un nido para ellos dos, teniendo que compartir casa con los familiares de ella. Ambos trabajan en una fábrica, ocupando él un escalafón inferior. La crítica social que introduce Monicelli en la narración es sutil y está muy bien resuelta. El acoso que sufre Luciana por parte de su más inmediato jefe se refleja con toda su intensidad sin cargarse nunca las tintas. No lo hace ni tan siquiera en la secuencia en la que Renzo y Luciana son despedidos al no acceder ella a las pretensiones de su superior. Hay algo del Olmi de "Il posto" en el relato. El cuadro de costumbres y el retrato de la Italia del benesere, populista y muy cromático (inolvidable la secuencia de la piscina a ritmo de Peppino di Capri. La música, además, corre a cargo del siempre solvente Umiliani) dan al episodio su tonalidad más optimista. La belleza de sus protagonistas es ejemplar. Germano Gilioli tiene un encanto efébico notable, un cruce entre el malogrado Raff Mattoli y el machito Spiros Focas. En cuanto a Marisa Solinas, teniendo en cuenta la poca filmografía que tenía detrás (La comare seca y un curioso filme de Jorge Grau realizado en Barcelona) está profesional e italianísima como pocas (Marisa ya estaba empezando a dar que hablar no sólo en las revistas de cine sino también en las del cotilleo al ser el amor platónico e irresuelto del divino suicida de la canción Luigi Tenco).

Las tentaciones del doctor Antonio (Federico Fellini)
Primer canto a las glándulas mamarias femeninas y nueva revisitación por parte del maestro al concepto de mujer mediterránea entendido tanto como madre nutricia como compañera ciclópea. Y de nuevo Anitona, la enorme, la monstruosa, la casi circense Anitona que podría haber sido la perfecta "Fifty Foot woman" sino fuera porque el tratamiento al que aqui fue sometida es único e intransferible del fantastique made in Cinecittá/ esquina Fellini.
Peppinio de Filippo es un moralista con alma de inquisidor ( o su equivalente en ese siglo, el Opus Dei). Censura a las parejas que se aman en los coches ( las busca incansable, mete el puerco hocico en las ventanillas ajenas), compra todas las revistas eróticas de los kioscos para romperlas sin contemplaciones...El doctor Antonio quiere desterrar el libertinaje e instaurar su concepto de la moralidad en una Italia bastante expuesta a la carnalidad exultante.
Frente a su casa llega la debacle y el sindiós: es colocado un poster gigante de una Anita, nunca tan ella, a medio vestir, tremendamente insinuante, anunciando leche. Un vaso de leche que parece salir de sus dos inmensas ubres y que ejerce de metáfora sensual no por tópica menos esclarecedora: era eso lo que buscaba Fellini en sus enormes mujeres. Un coro de niños lividinosos a lo largo del episodio cantan "Bevette piú latte..." (composición naif de Nino Rota) con una doble intención que tira para atrás por su ambivalente sentido ingenuo/perverso. A partir de ahí, el tremebundo Antonio empieza a desvariar. Hace lo indecible por eliminar el gran cartel, pero le es imposible. Ahi sigue, delante de sus narices. Sufre alucinaciones. Ve a Anita reflejarse en su espejo, se asoma a la ventana y Anita se burla de él. Una noche baja y le lanza un cubo de tinta. La tapa parcialmente, pero el mecanismo cerebral del doctor se ha puesto en marcha tan rápido como la imaginación desbordante de un Fellini pletórico. La supermujer cobra vida en tamaño a gran escala y se burla del puritano. Lo coge con sus manos, lo deposita en sus pechos, se muestra amorosa y algo diablesa con él. Es King Kong embellecido. Don Antonio ya ha perdido por entonces el juicio. Aparece a la mañana siguiente dormido en lo alto del cartel. Lo ingresan en un manicomio mientras sollozando susurra el nombre de Anita.
"Las tentaciones..." es un episodio divertidísimo y genial. El mejor de los cuatro.

(continuará el domingo que viene)

1 Comments:

Blogger OORANOS said...

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12:56 AM  

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