Thursday, January 19, 2006

Crowley en España

Mi mago ocultista favorito ( con permiso de Teto, Houdini y Octavio Acebes, claro) es una de las personalidades más fascinantes del siglo XX. Es posible que tú como lector habitual de este blog lo sepas todo o casi todo de este modelo de virtudes negativas y malignas ( para la sociedad biempensante). Está cantado que eres un maravilloso iluminati que se ha estudiado sus tochos demoníacos, que por seguir su máxima tan popular del "Haz lo que quieras" ahora me estás leyendo desde la sala de informática de la prisión, que habrás visto la filmografia completa del simbolista Kenneth Anger donde atufa la influencia de Crowley en cada uno de sus fotogramas, hasta es más que probable que estés introduciendote estos dias en alguna secta de esas ideales, de mucho amor en grupo e invisibilidad de la realidad total. Como mínimo te veo fanático del death metal y el rock satánico.
Al dar por descontado todas estas cosas, pasaré de largo por los aspectos biográficos del menda del Libro de la ley y la mujer escarlata, al que aún con todo volveré a recurrir en futuros posteos, y me pararé esta mañana de jueves en una anécdota que afecta a su incansable periplo de viajero. Uno en concreto. El que le llevó a España. Curioso, ¿verdad?. Pues ea, vamos allá.

Su primer contacto con España sucede en su época de Cambridge, cuando era un estudiante díscolo, atípico, algo Brideshead, la época en que publica aquel escándalo llamado "Manchas Blancas" que el cabronazo dedicó a su casto tío. Pues los partidarios carlistas andaban por la universidad recogiendo fondos y reclutando muchachos. Fue una primera intentona del aventurero Aleister que no conseguiría embarcar puesto que la policia británica impidió que el barco fletara: iba cargado de armas y municiones.
Es en 1.908 cuando junto a Victor Neuburg pisan tierra española. Y la pisan de verdad, pues recorren a pie distintas localidades como Pamplona, Soria, Logroño, Aranda de Duero, Burgo de Osma y Madrid. Durante el recorrido son detenidos pues les confunden con anarquistas, bandidos y gentes de mal vivir. Todo poque habían decidido viajar "a patas". Tendría que llegar Labordeta años dspués para demostrar que un viajero con mochila también podia hasta representar a una autonomía en el congreso de los diputados.
De todo su itinerario Aleister concluyó en sus memorias que le había dado la sensación de ser un país de gente sucia y salvaje y que vivían en condiciones miserables. Vamos, que las Hurdes somos todos.
En Madrid visitó el Museo del Prado. Le encantaron "Las Meninas" de Velázquez. A todo esto el estado de salud de su acompañante no era nada bueno y deciden continuar con su periplo en tren. Llegan a Granada y Ronda, acabando el viaje en Gibraltar.
Años más tarde, de vuelta de una estancia en Africa retornará a Granada donde visita la Alhambra. Alli tiene la sensación de haber vivido en una reencarnación anterior.
Un dia acude a ver cantar y bailar a las gitanas y tiene una experiencia amorosa que plasma en uno de sus poemas: "Tu pelo estaba lleno de rosas a la caida del rocio mientras bailábamos. La bruja encantando y el paladin en trance.A la luz de las estrellas mientras tejíamos una red seda y acero. Inmemorial como el mármol en las salas de Boabdil..."
Y a estas alturas de la película yo me pregunto, ¿ se ligó el maléfico brujo a nuestro Lorca de verde luna?. Uhmm, seguiremos informando.

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