Monday, January 23, 2006

Bell'aspetto. Por "la famosa escritora norteamericana"

(...) "Los domingos por la tarde padre e hijo iban al calccio. Eso cuando jugaba el Cremona. Una vez, al cumplir los once años viajaron los dos hasta Milán para ver al Inter. Pero los domingos de invierno que no había fútbol en la agenda, se pasaban la tarde en el burdel de Concetta.
La llegada del maduro mueblero se celebraba con un gran revuelo por parte de las chicas de la casa. No en vano era uno de sus mejores clientes: condescendiente, fácil de satisfacer y pagador. Un buen partido que diría la formidable ama. Rara vez venía acompañado de amigos. Su vicio lo despachaba en privado, de ocultis. Comunicado a menudo con la madame ésta le advertía de las horas a las que podía acudir sin riesgo de encontrarse en la sala de espera con conocidos, además de informarle si estaba o no disponible su chica favorita que, por otro lado, variaba según la temporada. Habiendo dónde elegir, pasó de la menudita a la opípara, de la rubia platino a la morena cetrina, siempre con satisfactorios resultados. Se enamoraba de ellas. Por cada una le duraba la fiebre todo lo más tres meses, siendo inmediatamente reemplazada por otra.
Fue al cumplir su hijo diez años cuando lo empezó a traer a la casa. Le explicaba que Concetta era una viuda, vieja amiga suya, que vivía con sus hijas que eran un montón y muy divertidas, que las andaba aconsejando en el tema de pisos amueblados y en realquiler y, poniendo un énfasis especial, le recalcaba que mientras estuviera reunido con alguna no debería salir para nada del mundo de la cocina y, sobre todo, jamás osaría en hablarle a la mamma de esas visitas, aunque se pusiera pesada, aunque le amenazara con dejarle sin salir.
Asi el niño Paolo se hallaba acosado por padre y madre mientras aprendía, de resultas, a callar y de momento a enterarse de las cosas por su propia cuenta.
Y la verdad es que de no ser por aquella presión psicológica luego en casa, lo pasaba bien en los fogones del prostíbulo, participando junto a las niñas en sus quehaceres domésticos, oyendo sus interminables conversaciones sobre el mercado, la moda que viene, el cine americano o los hombres ( en su retahila de nombres, clientes probablemente, cuidaban de no mentar a Aldo, no fuera a ser el niño muy esponja).
De entre todas las chicas era Giuliana su predilecta. No superaba los dieciocho años, siempre estaba risueña y, a decir de la dueña, era bastante hacendosa. Se sentía el criajo atraido por la amabilidad con la que le servía la merienda o por los cariñosos apretujones que le propinaba cuando atravesa de la mano de su padre el umbral de la puerta. Hasta le sacó un parecido con la Pier Angeli, tan en boga entonces por "Domani é troppo tardi", película no tolerada que había logrado ver gracias, claro, a la ayuda de papa. Pero s
obre todo, la Giuliana le hacía reir, involuntariamente, dicho sea de paso, debido a un marcado acento napolitano que le resultaba chocante.
Y las tardes se iban al calor de la cocina en charletas, risas y canciones populares. Alegria de la calle, voces del pueblo entre cuatro paredes, que callaban una realida
d mísera, una situación marginal que, en cambio, contaba con ejemplos peores. Ellas al menos tenían casa: las del descampado ni eso. Para ellas había una clientela formal y seria, las del descampado se exponían la vida entre la chusma".
(continuará)


* Fragmento perteneciente a la novela inédita en España "Bell'aspetto" (2.005). Traducción a cargo de Boquitas Pintadas que me ha mandado esta mañana su precioso libro de poesias. He aqui mi acuse de recibo. Gracias, darling.

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