Monday, January 16, 2006

Bell'aspetto. Por "la famosa escritora norteamericana"

" Picado por el gusanillo de estos relatos extraordinarios, el jóven cremonés desaparecía de la casa al atardecer para refugiarse en cualquier terraza de Saint Germain-Des-Prés, en la seguridad de encontrar algun resquicio del pasado.
Era viernes y llovía
, y el café donde veía desfilar a las gentes presurosas no era el Guerbois; el cual, según la abuela, como más tarde también explicarían los libros de la infrahistoria, reunió cincuenta años atrás a impresionistas y musettes. Pero eran los felices veinte, y ahora mandaban los divertidos surrealistas. Y Satie hablaba de la "musique d'aumeublement" ( o sea, música tan útil y a la vez tan impersonal como una silla) y los escritores americanos desplazados ( perdidos, en definición de la Stein), que eran más europeos que americanos, estaban a punto de hacer su aparición en aquellas mismas terrazas para arrojar su spleen al viejo continente. Gentes y conceptos que él no entendía, no se reflejaba en sus espejos pues sus sueños se reducían a poder colarse en el camerino de todas las suripantas de Pigalle y amar, amar y ser amado. Apurando a tragos un privilegio que tenía visos de acabarse muy pronto.
Entre tanto aguardaría a que descampara antes de poner rumbo al Faubourg Saint-Martin. Aguardaría quizá frente a una niña feísima, vestida de harapos, casi ciega y consumida por una enfermedad, pero que le cantaría de forma milagrosa algo semejante a una plegaria de amor. Y alli apareció ella: niña chaplinesca, empapada gamin que acostumbraba a pasar la gorra por esa zona. Se comentaban cosas de ella, pero sobre todo se elogiaba su portentosa voz. Dios mio, ¿acaso no era aquella infeliz el gérmen de la inconmensurable Edith?. Aldo soltó una propina que la niña recibió con sumo agrado, acto seguido desapareció por las calles de la luz a ritmo de acordeón.
Momentos ilusorios rescatados en la memoria de Paolo que pasaba horas escuchando a su padre como antes lo hiciera Aldo con la octogenaria Marie. Era, lógico, memoria transfigurada, tergiversada por las argucias del tiempo. Cuando en los últimos dias de la vida de Paolo recobró el interés por su padre volvería a comentar la historia parisina, añadiendo acontecimientos, probablemente inventando valses musette que jamás existieron. Porque le respetaba aunque nunca se lo diera a entender, porque en su padre se había convertido y si en reiteradas ocasiones se refería a Aldo usando el apelativo de Casanova de Pigalle es lícito hacer lo propio con él y nombrarle, según su propia gracieta, el Casanova de Christopher Street.
(...)Tenían los dos catados los mejores espectáculos revisteriles de la época, ante la desaprobación rotunda de la sufriente mamma Maddalena. Ella veía en aquello de llevar a un niño de pantalón corto a contemplar hembras ligeras de cascos poco menos que un atentado moral de primer orden.
Paolo incluso recuerda nombres de vedettes a las que visitó con su padre al camerino en los años fascistas y que eran rubísimas como el champán, altas de tacón topolino y aguileñas de napia. Evidentemente eran señoras que personificaban el ideal de belleza germano, ideal impuesto también por el cine de "teléfonos blancos" con su importante muestrario de rubias en soirée.

La más impactante sin duda fue Wanda Osiris, elegante y fria star del fascio, satirizada años más tarde por Fellini en "Luci del varietá". La entrada a los camerinos era el ritual de rigor al acabar las revistas. Aldo besuqueaba mucho, regalaba poco, generalmente vino de la comarca del Adda. Paolo guardaba las fotos dedicadas que luego pegaba en álbumes de cartón y que conservaría durante años como oro en paño".
(
continuará)

* Fragmento del libro inédito en nuestro país BELL' ASPETTO ( 2.005 ). Traducción a cargo de Boquitas Pintadas, con algo de estrés porque se acercan los exámenes de febrero.

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