Monday, January 09, 2006

Bell'aspetto. Por "la famosa escritora norteamericana"

"Queda claro en otra parte de esta novela que la iniciación en los misterios y obviedades de la sexualidad le venían a Paolo por linea paterna. Aldo Brignone era un mujeriego redomado y, a pesar de sus fuertes convicciones respecto a la unidad del nucleo familiar, no desdeñaba en hacer en público gestos descarados de sus gustos sexuales: asi cuando se volvía para piropear a féminas de buen ver o en las tertulias con amigotes en las que no se privaba de alardear de haber tenido escarceos amorosos con señoras casadas. Era un fanfarrón sobrado de encanto.
Solía vestir con pulcritud y, si bien su oronda figura no le ayudaba demasiado, sabía cómo paliarlo derrochando ingentes dosis de simpática verborrea. En un popolano como él ese don era algo esencial para poder abrirse camino. Y en lo poco o mucho que en sus casi sesenta años consiguió dejó demostrado que superara la prueba de la vida con creces.

(...) Nacido en Cremona, lombardo de pura cepa, pertenecía a una modesta familia de muebleros que surtían de sillas, cómodas y tresillos a la ciudad y pueblos limitrofes. En plena era Liberty los armarios salidos de la fábrica homenajeaban más bien a una moda imitación Segundo Imperio con toques pobretones . Abasteciendo a las clases humildes, pues la burguesía compraba en la gran ciudad del Norte, Milán, los Brignone se hicieron con un pequeño capital que les permitió vivir holgadamente, por lo menos hasta la gran conflagración. Por entonces ya era el jóven Aldo quien tenía las riendas del negocio, aportando una sagacidad lindante con la picaresca a la larga muy beneficiosa. Trataba por igual a fascistas y a resistentes ( se vanagloriaba de poseer una buena clientela en ambos bandos) y sorteó rencillas con pasmosa neutralidad.
Pero antes de la guerra, antes de ser uno de los fabricantes de muebles de futuro más bonancible, un veinteañero Aldo vivió tres años en la casa francesa de su abuela materna, sita en los inolvidables Halles de la bohemia parisina. Los padres deseaban dar una educación selecta a su único hijo que ya cursaba niveles superiores en Cremona y, aunque aspirar a la Sorbona era cosa utópica, en ese momento sí que por lo menos alcanzó a ingresar en uno de los mejores colegios de Montmartre. Aprovechándose de la hospitalidad de la abuela Marie, un enamorado de las mujeres se instalaba en el corazón del amor galante, que diría un cantante de canotier, para romper los que pudiera. Tiempo había: tres años de supuesta actividad universitaria exactamente.
Y los tres años se evaporaron entre burbujas de champán rosé, rodeado de cocottes dignas del Maxim's, y peregrinaciones a los cabarets más á la page ( aquellos que en su tiempo acogieron los grandes triunfos de bailarinas, auténticas beldades como la Guilbert o la Goulue y cantantes como un incipiente Aristide Bruant, después dueño del Chat Noir, creador del Mirliton).

(...) Pero Aldo, el italiano conquistador de francesitas frívolas desconocia estas historias únicas. Consumía las noches a la par que los dineros enviados mensualmente por sus padres con fulanas que fingían borracheras y que le iban inexorablemente introduciendo en una espiral de placeres a cuál más libertinos. Sólo en las tardes tranquilas, recién levantado de la cama, con el tentempie que le preparaba la abuela sobre la mesa del comedor, se olvidaba de aquel carrusel de alcohol y tetas y se entregaba a la escucha de las anécdotas de la anciana. Sabia, vivida. Sus relatos sobre el Paris nocturno eran embelesantes. Fue gracias a ella que se familiarizó con los nombres dorados del music hall de finales de siglo: cuando el ambiente cabaretístico atraía a artistas de la época, como fueron los pintores impresionistas y, muy en especial, el inclasificable Toulouse Lautrec. Conocía la señora Marie los famosos carteles publicitarios asi como los numerosos retratos de bailarinas de moda que inmortalizó ( la Guilbert saludando al público- y Marie la imitaba, Cha-u-kao en el camerino- y Marie se sentaba en el boudoir ante la atónita mirada del nieto) y que sirvieron para dignificar culturalmente unas atracciones consideradas hasta entonces amorales (se las tildaba de género ínfimo)".

(
continuará)

* Fragmento del libro inédito en nuestro pais "BELL'ASPETTO" (2.005), en traducción libre a cargo de Boquitas Pintadas.

0 Comments:

Post a Comment

<< Home