Monday, January 02, 2006

Bell'aspetto. Por "la famosa escritora norteamericana"


"Y entre tanto machito rozagante, surgen ellas: las señoritas del pop edulcorado. Compartiendo con ellos casa de discos, sistemas de promoción, repertorio musical y, dentro de sus anhelos más íntimos, sed de triunfo y gloria.
Las cantantes de la industria teenie boppie son niñas ñoñas o simplemente anormales: entre estas últimas están las que jamás grabarán un rock, ni un medium rock, ni tan siquiera un calypso rock. Nada que las obligue a tener que hacer un violento movimiento de caderas o dar un saltito imprudente (con el riesgo que esto conlleva para sus falditas volanderas. La nación entera moriría de un soponcio si por culpa de una bobada de estas a las pobres
criaturas se les viera el parrús).
Para las mojigatas está la balada light, el "Johnny Angel", el "Peter vuelve", o el "Mi novio me respeta hasta extremos enfermísticos", que de todo hay. Las que ni siquiera rebasan los dieciocho años le suelen cantar loas al osito de
peluche o a la muñeca de vestido organdí, inseparable y fiel amiga, confidente de sueños y primeras ilusiones.
Las más retozonas todo lo bailan, ni el charlestón se les resiste, aunque en este caso tampoco tienen perdón de dios: emular a las flappers de Scott Fitzgerald con esos ribetes de novicia rebelde es un atentado contra el buen gusto, se mire por donde se mi
re. En cambio en los rocks descafeinados, con orquestaciones compuestas por violines ágiles y bases rítmicas enjundiosas, aderezándolo todo con coros femeninos "singing for the picnic", están fantásticas, en su salsa. Es pop a reacción, equivalente femenino del que hacen los chicos, y por lo tanto intercambiable.
Las florecillas del ve
rgel del sello SIBATA forman un abanico muy amplio. Las hay de buena familia, colegialas, alguna universitaria y, casi la mayoria, son oriundas italianas. Se llaman Cathy Ann, Mary, Paula, Sally y hay una espantosa, que se cree la reencarnación de Shirley Temple-época Heidi-que responde al exótico nombre de Bonita Guipur ( hubo en el cine norteamericano de los años cuarenta una actriz llamada Bonita Granville, puntal entre las reinas del camp, pero era gloria bendita comparada con la idiota ésta ). Juntas, bien en dúo bien en comandita, aparecen a menudo en las revistas de fans vistiendo modelos sport en verano o equipos de nieve en invierno, rodeadas siempre de chicos ad hoc, risueños, metidos en situación.
Instantáneas de los ídolos en una barbacoa, con Cathy Ann cogiendo
un chorizo criollo con esmero mientras Rickie y Teddy se despreocupan en la hierba ojeando un Li'l Abner. Instantáneas de los ídolos en la playa de Venice, con Paula despampanante en bañador negro, a la orilla del mar y Saliero cargado con su tabla de surf , animándola a que se tire al agua. Instantáneas de los ídolos en una falsa high school y las chicas carpeta en pecho, con cara malhadada por culpa de un inmediato exámen de química, al punto que llega Glenn Corbett en su moto y las saluda efusivo.Instantáneas de la ingenuidad, fuera de tiempo y contexto, emotivos retazos de un período de nuestras vidas que irremediablemente se confundió con la ridiculez. Como aquella partida de fotos de Bonita Guipur llevando a su lindo caniche a la peluquería canina y después yendo a la suya para salir... ¡con idéntico peinado!. Un horror capilar que prolongaron no sólo Bonita y las demás del sello sino, por mímesis, todas las chicas de su generación. Estaba aceptable la media melena con las puntas hacia afuera y la cinta o el lacito en el cogote, sin embargo al devenir la moda en cardados (volúmenes pilosos en progresión hasta lograr una especie de cápsula ovalada, inamovible y pétrea por el abuso de la laca) resultó un poco esperpéntico, y aún por encima carente de la gracia de los Arriba España que habían lucido sus mamis a sus años.
Pero es en los aspectos más conservadores cuando se tornaron realmente insopo
rtables. Como preservadoras new generation de los valores tradicionales ( entendiéndose por estos a aquellos que atañen a temas religiosos, morales, etc.) no hubo por dónde cogerlas. Podían tener novio- y algunas novio inventado- pero los lances del chico no rebasarían la barrera del simple ósculo en la mejilla. Podían salir los domingos de acampada, pero antes deberían cumplir con sus compromisos eclesiásticos. Podían hojear, so pretexto de un hipotético interés docente, los libros seudoarriesgados del Dr. Spock, pero en cambio mantendrían siempre en la mesilla de noche el sagrado misal heredado de la abuela. Eran vírgenes recatadas jugueteando a la modernidad de las neveras gigantes; o sea, eran vírgenes consumistas.
Su erotismo era opuesto al de los chicos. Se admitía a partir del nivel de prejuicio de cada cual ante las conductas catequistas. Algo injusto, pues las nymphettes eran en su mayoria esbeltas, guapitas, apetecibles. Mas esos momentos frente a un crucifijo en posición de rezo, con los ojos entornados al cielo y la boca entreabierta en clara situación de murmurar una plegaria del tipo "señor mio, ténme santa hasta la noche de bodas" hoy sólo se justifican desde la absoluta pudibundez, y como tal no inspiran más que distanciamiento!".

(continuará)

Fragmento del libro inédito en nuestro pais "BELL'ASPETTO" (2.005). Traducción a cargo de Boquitas Pintadas, de vuelta ya de sus vacaciones de invierno.

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