Monday, January 30, 2006

Bell' aspetto. Por "la famosa escritora norteamericana"

"Con la confianza que otorga lo cotidiano Paolo se sumaba a sus cancioncillas mientras ayudaba a pelar patatas o a abrir las judias. Y aunque quedaba cómico por lo escasamente disciplinado, gorjeaba las tonadas aprendidas con gran orgullo.
Las muchachas aplaudían sus infantiles trémolos convencidas de que el niño había nacido dotado para el canto. Incluso en una ocasión la señora Concetta llegó a recomendar a Aldo que inscribiera a su hijo en el
conservatorio de música, tanto le había maravillado.
Sin embargo hubo una tarde, víspera de la Navidad de 1.949, en la que Paolo quedó solo en el burdel. Sentado en el fregadero columbraba despreocupado las manchas de humedad en el techo y las telas de araña que comenzaban a crear informes cortinillas en las esquinas de la cocina. Absorto en sus pensamientos de cine, imaginándose a Giuliana y a Antonella, la hija del boticario, de artistas en una película de esas de amor y lujo y aventuras. Cerró los ojos, al poco los abrió poniéndolos
como platos, de un salto puso los pies en el suelo.
Se dirigió a la puerta y salió cautelosamente. Ya en el pasillo observó que todas las habitaciones estaban cerradas y se preguntó en cual de ellas se encontraría su padre. Concetta y las chicas habían salido a la modista y Renata, la asistenta había bajado un instante a comprar azúcar. Asi que decidió despejar la duda, obrando siempre dentro de su ambigua ingenuidad. Al pasar por una de las puertas intuyó un ruido de muelles que provenía del interior. Agarró el pestillo con las dos manos y lo bajó. Entonces pudo entrever dos siluetas en penumbra que se
agitaban de forma endemoniada sobre una cama, como él nunca viera antes. Empujó más hacia afuera y fue cuando percibió a su padre, totalmente desnudo, esmagando el cuerpo de una mujer igualmente a la intemperie. El patriarca, gemebundo, rebozaba sin ningún pudor aquella ingente masa de grasa trémula que los médicos denominaban estómago sobre un fibroso, hermoso cuerpo femenino.
Entonces a Paolo le entró una congoja que le obligó a cerrar la puerta. Se alejó de allí. Se sentó en el vestíbulo aguard
ando a que saliera el padre. Durante la espera sintió sin poder explicárselo unas irrefrenables ganas de llorar. Y no tardó mucho en hacerlo. Reventó al verlo salir de la habitación con Giuliana, ambos a medio vestir. No se habían percatado de su presencia asi que se metieron amartelados en el cuarto de baño.
Cuando se iban a despedir Paolo caminaba ya en dirección a su casa, desconcertado, con una sóla idea fija en la mente: la de encerrarse en su cuarto para no salir jamás de él.
Su sufrimiento era una mixtura de celos e imposibilidad de identificarse con la situación presenciada. Le fastidiaba que fuera precisamente Giuliana quien compartiera el lecho con su padre. Empezó a odiarle, de hecho le mataría en ese momento. Ya no le bastaban los sobeteos a las vedettes emplumadas
o a las jamoncitas solícitas del cine Royal. Ahora atacaba a las hijas de la honorable viuda Concetta, tan simpáticas ellas. Sospechó que se las había tirado a todas y que Giuliana, guinda entre las guindas, había sido la última en resistísele. Y concluyó que aquello acababa de redondear sus lecciones de sexualidad, unas lecciones aprendidas a golpe de frustración y desencanto. Calló, a pesar del griterío de mamma Maddalena, que al no conseguir sonsacarle nada creía que lo habían violentado. Mientras Brunetta trataba de consolarle y el padre quitaba hierro al asunto arguyendo que se trataba todo de una pequeña discusión.
Pero el único valium para el chiquillo fue la constatación resignada de una realidad, desde luego, muy subjetiva: el mundo gravitaba en la órbita del sexo y hacia ella i
ría inevitablemente. Sexo en los cines, en las esquinas de las calles, en los baños públicos, en las casas de las viudas honradas...Y sexo en su cuarto de noche, atrapando la felicidad de una mano acariciadora que encuentra el pene y baja a las nalgas hasta alcanzar un placer nuevo.
Aldo agradeció su silencio sincerándose con él. Tras unos meses ausente del prostíbulo regresaría Paolo amarrado al padre, más que nada para seguir cantando entre fogones cancioncillas de la Italia eterna ante público tan selecto".


(continuará)


* Fragmento del libro inédito en España "BELL' ASPETTO" (2.005). Traducción a cargo de Boquitas Pintadas, la traductora oficial por estos lares de la misteriosa novelista/ solapista yanki.

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