Saturday, December 17, 2005

todo ha pasado hace veinte años ( y esto también)

a los buscones de báter y callejuela

"Vuelvo a patear la calle buscando a mis mancebos exquisitos. Me había fijado atentamente en la Jane Birkin e intenté emularla recorriendo la calle de las Nieves.
Mamma Roma, Mamma Romma- me gritan los niños cuando me ven deambular. Me paro con disimulo en el escaparate de ropa de Mercedes para ver reflejado en los cristales a los hombrezucos que pasan. Viejos encorvados, mujeronas de trastienda y patronas borrachudas de fonducha barataria.
Y, por fin, un jovencito rubio como el trigo, cuerpo de modelo fino, sexo sesgado en saxo envuelto. Ojos azules...¡eureka, mi reino por un carajo!.
Me doy la vuelta justo cuando pasa detrás de mí y le enseño lo que tengo. No se da por enterado y se aleja con su bien acompasado caminar por el asfalto. Qué belleza se evapora, qué trasero enfundado, pequeño y sencillo.Opto por seguirle hasta que tenga a bien el aceptarme.
Y ante mi pasan los años, y mis recuerdos de infancia. Mis pensamientos erróneos, mis palabras ambiguas con el vecinito de arriba, mis jugueteos malignos con el hermano que me murió de tuberculosis.
Qué canosas tengo las patas. Buscona insaciable me llamaban los soldaditos. Y tarareo una vieja canción ( pudiera ser el "Mon Legionnaire" pero me decanto por el "Love me, please, love me")...Siguiendo al Tadzio como un profesor Aschembach buscador de bellezas polacas. O es que soy el homosexual celoso del Querelle de Fassbinder. No creo que me tenga que vestir de marinero de Gaultier para conseguir a briosos donceles.
También, siguiendo por la linea germánica, puedo ser el Fox de "La ley del más fuerte", víctima de un chulo sin escrúpulos, abandonado por éste por la tan horrible excusa de la incompatibilidad de caracteres.
Y ya dudo de todo. Ya no sé si mi ídolo es el querido maricón Lindsay Kemp o si es Marlon Brando, máximo consolador de braguitas y braguetas de los años cincuenta.
Hasta aqui hemos llegado. No puedo seguir adelante. Se me ha torcido el tobillo y la cajetilla de tabaco se me cayó en un charco. Estoy embarrado. Cansado de seguir, perseguir, proseguir.
Apoyado en una valla mi fatigado corazón contempla cómo desaparece el rubiales. Se me va otro más, qué más da. Me acaricio el miembro, inseparable amigo de soledades y reanudo la caminata, buscando un banco en el que sentarme, descansar mi usado trasero.
Y me desgasto los zapatos, se me seca la lengua en el empeño. Maldita piedra. Un tropiezo y la caida dura en el asfalto. Un lamento, uno más. Qué mas da el dolor. Mi vida fue dolor por aceptar el otro camino en tiempos tan jodidos.
Y me arrastro. ¿ Por qué?. Por que en definitiva necesito imitar a Aschenbach, a Querelle de Genet, al Fox de Fassbinder o la vieja puta de Lindsay Kemp. Por eso me arrastro. Sino, si fuera una vulgar buscona me quedaría en el suelo como los perros. Yo tengo elegancia, inteligencia. Soy todo un señor.
Me arrastro y la noche me parece más hermosa. Y un jóven desnudo, cubierto de sedas se me acerca y me coge en brazos. Mis ojos llorosos, mi boca embarrada, todo es suyo. Y él me sonríe y con candor me pregunta: Por favor, señor, ¿sabe por donde se va al Lido?.
Visconti sólo hay uno y a ti te encontré en la calle".
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M. BETANZOS. 1.985

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