Thursday, December 01, 2005

Santo vs. Maciste Betanzos

Ni te imaginas qué fenómeno era este señor tan embozado en su momento. Fue todo un suceso sociológico en su pais de origen, los mexicos. En las décadas de los cincuenta y sesenta batió records de taquilla en los cines de barrio. Y su fama, por esa curiosa mímesis de lo hispanoparlante también saltó a España que acogió algunas de sus películas con júbilo. Las que se estrenaron ,que fueron más bien las justitas ( habrían de pasar unas décadas para que la crítica de cine más friki reivindicara estas cosas, y para eso entre el asombro y el regodeo ).
Las pelis de luchadores enmascarados no se entenderían completamente sin un acto ternurista de fe ciega , y aún asi cuesta trabajo sentirse participes de sus tramas, de lo que intentan hacernos sentir ( que las más de las veces eran simple y llanamente miedo). Entonces, ¿qué es lo que nos atrae tanto de las astracanadas de Santo y compañia?. Su ingenuidad, su miserabilismo, su curioso concepto del honor y de la moral, el machismo congénito, execrable y subdesarrollista, la belleza de unos cuerpos en acción...el culto al "kitsch".
En nuestro pais no hay una gran tradición de luchadores , pero en Mexico esto es algo parecido a una religión, algo de mucho arraigo ( igual que en Cuba lo es el beisból).Sus protagonistas son auténticos heroes nacionales, y como tales están sujetos a un proceo de mixtificación que los hace tan distantes e irreales como el efecto que produce el enmascararse a la hora de usurpar una personalidad.
El mito Santo no fue un invento del cine, ni tan siquiera del ring. Nació en un principio como un personaje de tebeo. Sólo que al decidir explotarlo en la gran pantalla, debió aparecer con la fisonomia de un auténtico rey de la lucha libre: un tal Rodolfo Guzmán Huerta que ya era cuarentón cuando comenzó a encarnarlo.
Anteriormente en el cine mexicano hubo luchadores que actuaban, filmes ahora de culto y que fueron pioneros en el género. Tanto Wolf Rubinkis como Crox Alvarado protagonizaron sendos clásicos como "La bestia magnífica" o "El luchador fenómeno" a principios de los años 5o ( cintas por las que yo hasta mataría para poder verlas). En ambas existía una gran diferencia con respecto a las temáticas a las que se acogerían las del Enmascarado de Plata. Mientras que aquellas eran desgarrados y loquísimos melodramas ambientados en el ambiente del catch ( siempre con la mirada atenta al trio pasional que el filme "Trapeze" propusiera en su momento desde Hollywood) las del Santo jugaban con el entrecruce de varios géneros muy queridos en su cinematografía como fue el terror y lo fantástico-policial. Películas aptas para todos los públicos que incomprensiblemente no eran aptas para los niños ( llegó un momento en que el gobierno mexicano prohibió la exhibición pública de espectáculos de lucha libre. Esto con el tiempo condicionó el declive del ciclo Santo y similares).
Pero al principio, Santo gozaba de un status, y un sueldo magníficos. Firmado un contrato para Alberto Lopez para Filmadora Panamericana en 1.958 comienza a hacer películas, cobrando por la primera -El Cerebro del Mal- la nada desdeñable cantidad de 15 mil pesos. A partir de 1.964 sus honorarios se duplican al ser contratado por el productor Luis Enrique Vergara. El mito por entonces estaba en su punto de máxima popularidad.
En esta época hay cintas realmente memorables: El museo de cera, Las Mujeres Vampiro, La Invasión de los marcianos...las más de ellas de una fluidez narrativa, un tempo y una atmósfera siniestra logradísimas. Cualidades que subsanaban con creces el paupérrimo presupuesto con el que se manejaban. El atractivo de las partenaires actuaba como un bonus adicional para que cualquier mente ingenua o desprejuiciada terminara de engancharse a ellas.
Y es que las chicas del Enmascarado, las buenas o las malas, eran misses aztecas tan tremendas que se hace imposible quedarse indiferente a sus encantos. Algunos de sus nombres: Lorena Velazquez, Ana Bertha Leppe, la Peluffo o la increible Maura Monti. Se desenvolvían a las mil maravillas tanto en un pabellón gimnástico como en el cabaret o la cripta...Tenian un look sixties demoledor y un vestuario tan eficaz como para despertar la lívido del espectador más desprevenido.
Los combates si que se hacían algo pesaditos ( muchos filmados de los propios espectáculos de Rodolfo Guzmán e incluidos obligatoriamente por exigencias del productor). En cuanto a la intervención en el reparto de figuras consolidadas de la interpretación de su pais le daban un puritito toque de expresividad actoral en contraste a la nula facultad interpretativa del protagonista ( aún por encima siempre embozado): un Claudio Brook, un Rubén Rojo o un Rubinkis.
Desde luego el verdadero rostro de Santo fue un misterio nacional.Sólo en 1.984 fue desvelado ante las camaras de televisión. Suponía la última aparición de Rodolfo en la actividad pública de la lucha libre. Entonces Mexico pudo ver su verdadera identidad, y lo que vieron fue sencillamente a un avejentado, caduco heroe de sesenta años, de movimientos torpes y barrigón alarmante que con prudencia sabia decidía colgar la toalla, dejandole el relevo de paso a su tambien "luchador" vástago. Al poco moría de un ataque al corazón.

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